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Volvemos a la consulta de neonatos

Revisión de los tres años

Revisión de los tres años

En junio os contaba cómo había sido la revisión de los tres años del pequeño guerrero, hoy os cuento la continuación de aquella revisión. En aquella consulta, la pediatra nos derivó a oftalmología y neurología. Sin embargo, la pediatra del centro de salud detectó algún tono fuerte en una revisión rutinaria y nos derivó al cardiólogo, por precaución.

La visita al oftalmólogo

De las tres citas con los especialistas que teníamos antes de volver a consulta de neonatos con todos los resultados, ésta fue la primera. De camino al hospital, yo iba mentalizando al niño, que tendría que responder si le preguntaban (es bastante tímido y suele esconderse detrás de nosotros) y que además lo tenía que hacer alto y claro, que le oyesen.

A modo de anécdota, por regla general, en nuestro hospital cuando tienes una cita, metes la tarjeta sanitaria en un ordenador y te sale el número de turno. Cuando yo lo hice, me dice que no tengo cita. Se me paró el corazón, buscando a toda prisa el volante para comprobar el día. Yo que soy superprevisora ¿podía haberme equivocado de día?. Pues no, resulta que detrás del ordenador había un cartel que decía que no se cogía turno para oftalmología, que irían llamando. El corazón volvió a latir a su ritmo habitual.

Estuvimos esperando un ratito, unos 15 minutos hasta que llegó nuestro turno. La primera prueba que le hicieron al niño, fue medirle el ojo. No me pidáis que precise más, porque yo estaba centrada en que el niño colaborase lo más posible y que se estuviese quieto.

La segunda prueba fue «leer» un cartel. Como es un niño que aún no sabe leer, le enseñaron unas tarjetas con los dibujos que después vería en la pantalla y le pidieron que fuese diciendo lo que veía: una casita, una flor, un niño, un coche,… Después le pusieron las imágenes en la pantalla, y le iban pidiendo que fuese identificándolos según se los iban enseñando. Primero, con un ojo y después con el otro. Durante esta prueba, yo tenía al niño en las rodillas y sujetaba un cartoncito tapándole un ojo. Esta prueba se asemeja a la que nos hacen a los adultos que nos van pidiendo que vayamos leyendo líneas de letras hasta que dejamos de ver con claridad una línea.

Cuando terminamos esta prueba, la doctora le pidió a la enfermera que le echase unas gotas en el ojo para hacerle el fondo de ojo. Así que estuvimos fuera de consulta unos quince minutos.

Mientras que las dos pruebas anteriores las hizo la enfermera, la tercera prueba se la hizo la propia oftalmóloga. Al principio, resultó un poco seca, pero luego se fue dulcificando. La verdad es que el niño estuvo bastante colaborador y en general la consulta pasó sin más incidencias. Al final, la doctora nos dijo que ella no le veía nada destacable y que salvo que más adelante el niño (como cualquier otro niño nacido a término) necesitase gafas, habría que volver a verlo. Así que nos daba el alta. ¡Bien!

El neurólogo se hace esperar

Ese mismo día, pero dos horas más tarde, tuvimos cita con el neurólogo. Estuvimos esperando casi dos horas y eso que pregunté varias veces, porque en esa consulta también salían a llamar, a pesar de tener número de turno. Ya empezaba a pensar que no había oído cuando nos llamaban, pero no, lo cierto es que llevaban mucho retraso.

Primero pasamos la consulta con una doctora. Preguntó mucho sobre el desarrollo psicomotriz del niño, el lenguaje, le hizo pruebas de fuerza y resistencia. Aunque yo le había dicho al niño que tenía que volver a contestar preguntas y hacer lo que le pidieran los médicos, esta vez estuvo menos colaborador y tuve que tirar de mucha mano izquierda y alguna pequeña treta para que los médicos pudiesen verle en acción. Supongo que el largo rato de espera que tuvimos y la consulta previa de oftalmología, hizo que el niño estuviese cansado.

En general, le vieron bien. Sin embargo, les llamó la atención que el niño, para subir y bajar escaleras necesite ayuda (apoyarse en la pared, agarrarse al pasamanos o coger la mano) y además sube o baja los peldaños de uno en uno. Eso al médico, le hizo dudar, no sabía si esa «debilidad» del niño podía venir derivada de algún miedo (a caerse) o por algún otra circunstancia. Así que nos dijo de volver en un año… vaya…

La visita al cardiólogo

Esta vez fue Papá el que acompañó al pequeño guerrero a la consulta. También tuvieron que esperar bastante su turno. Me contó que al meter la tarjeta en la máquina para coger el número de turno, le salieron tres papelitos y se pensó que la máquina se había vuelto loca. Pero tenía una explicación. Os lo cuento al final.

En esta ocasión, el pequeño guerrero pasó dos pruebas: un electrocardiograma y una ecografía. Entre una y otra prueba, tuvieron que salir y esperar fuera de la consulta. En ambas pruebas, los resultados fueron normales, así que el cardiólogo también nos da el alta. ¡Bien!

El motivo de los tres papelitos era que se necesita uno para entrar en la consulta donde le hicieron la ecografía, salieron, les volvieron a llamar para la segunda prueba (segundo papelito) y volvieron a salir. Después de la segunda prueba, les volvieron a llamar para darles el informe con los resultados de las pruebas (el tercer papelito)

Finalmente, la consulta de neonatos

Con los resultados de las tres consultas, vamos a neonatos. Otra vez, batería de preguntas. Aunque esta vez iba preparada. Como cuando estuvimos en el neurólogo, el niño colaboró lo justo, aproveché las 3 semanas que pasaron entre la consulta del neurólogo y la de neonatos y le fui haciendo vídeos para luego enseñarlos: con la bici sin pedales, trepando al tobogán, por un puente de madera,…

Esto de los vídeos no es una genialidad mía, pero hay que reconocerle el mérito a quien se le haya ocurrido. La idea la leí en Twitter hace un tiempo, aunque creo recordar que fue algún pediatra el que lo recomendaba. Los vídeos son de lo más prácticos: primero, el médico ve al niño en su ambiente, nada forzado. Le ve subir y bajar escaleras o en el tobogán, sin reparos, como es él en el día a día.

Además, si el día de la consulta, el niño está torcido y no colabora mucho o no hace caso a lo que le piden, tenemos el móvil para demostrar cómo lo hace. A mí la pediatra me lo agradeció mucho y los vio todos (eran cuatro, de entre medio minuto y un minuto) pacientemente. Yo pensando que estaba siendo una madre pesada y resulta que no, que eso le dio a la doctora una imagen bastante buena de la psicomotricidad del niño.

También le hizo un examen físico además de la batería de preguntas que son de rigor cada vez que vamos a consulta.

El resultado de tanta consulta

Aunque la de neonatos vio al niño bastante bien, el hecho de que el neurólogo lo quisiese volver a ver en un año, que el niño necesite ayuda para subir y bajar escaleras y que corre (solo corre, no anda) de puntillas, le dieron suficientes motivos para enviar al niño a rehabilitación y lo volverá a revisar en octubre.

Lo de conseguir cita en rehabilitación os lo cuento otro día, porque fue de película (de las malas).

Vuestros peques ¿qué tal llevan las revisiones?

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