Viajar con niños
Viajar con niños

Viajar con niños: entretenerles durante el viaje.

No siempre es fácil viajar con niños. Para algunos niños, el coche es como un somnífero, para otros la sillita tiene pinchos y no paran de llorar. Cuando tienes niños de diferentes edades, como nos pasa a nosotros ahora, que tienen 5, 3 y 1 año, hacer viajes largos y que no estén pesados es un desafío.

Nosotros, de vez en cuando vamos a Madrid, que desde donde vivimos es una hora aproximada de viaje. Durante ese rato, no tiro de trucos. La simple conversación o las canciones de la radio (no, el cantajuegos no es nuestra banda sonora de los viajes) rellenan el rato de viaje sin que se pongan pesados. Además, a mis hijos les encantan los trenes y tenemos la suerte que durante una parte del camino, la carretera va en paralelo a la vía y si encima nos cruzamos con un tren ya la alegría es completa.

¿Qué hacemos cuando el viaje es más largo?

Este verano (como los anteriores) hemos ido a la playa de vacaciones unos días. El viaje viene a durar, con parada técnica incluida, unas cuatro horas y media. Ahí es donde se me agotan las ideas. No quiero recurrir a las pantallas (móvil o tablet), porque les conozco y en todos los viajes lo tomarían por costumbre. Además, mis hijos ven muy poca televisión y de momento quiero que siga así. Así que estuve unos días meditando qué podría entretener a tres niños tan pequeños y con edades tan dispares, que no supusiese recurrir a pantallas. Con el pequeño lo tenía fácil, sabía que se iba a dormir al menos una parte del trayecto y otra parte le podía entretener con sus muñequitos.

Pero, ¿y los dos mayores? Este último viaje salimos después de comer, y yo tenía la esperanza de que se durmiesen, pero creo que la expectativa del viaje y de la playa les tenía un poco excitados y no se durmieron.

Así que, unos días antes de irnos, pregunté en Twitter por ideas para viajar con niños.

Las respuestas no se hicieron esperar. Os dejo el listado, más o menos exhaustivo de lo que se comentó y os cuento cuáles fueron finalmente las ideas de juegos que triunfaron y también las que he aparcado para más adelante, cuando sean un poco más mayores.

Lista de ideas para viajes largos en coche.

He escrito» en coche», pero creo que pueden ser también aplicables a viajes en tren o a en avión.

  • Contarles lo que van viendo.
  • Cuaderno para colorear y pinturas de colores.
  • Una fuente o un plato cuadrado que nos pueda servir de bandeja para jugar.
  • Botes con plastilina de colores.
  • Bingo travel.
  • Bola laberinto.
  • Tableros de juegos Montessori.
  • El veo-veo.
  • Juegos imantados.
  • Canciones tradicionales.
  • Libros de pegatinas.

Nuestra experiencia:

Contarles lo que van viendo y las canciones tradicionales: Es un clásico en nuestros viajes. El mayor tiene una imaginación desbordante y se va inventando historias sobre la marcha, además es muy curioso y lo pregunta todo. Ya os comentaba que cuando vamos a Madrid, vemos una vía de tren. En este caso, la novedad eran los molinos de viento (los de siempre y los eólicos), algún que otro castillo, vías de tren o algún túnel. Pero, evidentemente, esto no da para 4 horas de viaje.

Un cuaderno para colorear y pinturas: A nuestro hijo mayor le encanta pintar, pero pintar por libre. No le van mucho esos libros con dibujos para colorear. A él dale un folio en blanco que te pinta una ciudad, con sus coches, sus trenes, sus árboles, personas, edificios,… El pequeño guerrero es muy fan de lo que hace su hermano mayor, así que si el mayor pinta, él también quiere. Con lo cual, en mi mochila «viajera» ya había echado un cuaderno en blanco y un estuche con pinturas, aunque en el último momento añadí un par de libros para colorear, por si acaso querían variar.

Plastilina de colores: Esto lo descarté porque lo vi un poco engorroso. Además, el coche es nuevo y visualizaba que iba a encontrarme trocitos de plastilina por toda la tapicería nueva. Ya habrá tiempo para esto.

El bingo travel: confieso que no tenía ni idea de lo que era, así que hice una búsqueda en Google que me dió varias opciones. Una de ellas era imprimir unos cartones con imágenes (un árbol, una señal de stop, un pájaro,….) o marcas de coches y que según lo fuesen viendo lo fuesen tapando o tachando en su cartón. La otra era crear un bingo a la manera tradicional, yo ir cantando las imágenes y que ellos lo fuesen tapando en su cartón, hasta que hiciesen bingo. Yo opté por esta segunda opción. Me parecía más ecuánime, aunque al final cada uno jugó a su manera. Pero fue todo un acierto. Les tuvo entretenidos gran parte del viaje de ida, del viaje de vuelta y algunos ratos durante nuestra estancia en la playa.

Bingo travel - educaplanet.com
Bingo travel – educaplanet.com

Bola laberinto: Esto también tuve que investigar qué era. Os dejo el link por si tampoco sabéis lo que es. Esto decidí que tenían que ser un poco más mayores. Igual al mayor le podía hacer gracia, pero para el pequeño guerrero lo veía un poco complicado.

Tablero de juegos Montessori: me recomendaron la web juegosmontessori.es . Estuve cotilleando por la web y lo único que podía llevar en la mochila eran los imprimibles, pero eran más para el mayor que para el pequeño guerrero, así que lo descarté, pero me quedé con la referencia porque para más adelante me podía venir bien.

El veo-veo: Este juego también lo he dejado para más adelante. Sólo el mayor conoce alguna de las letras yel pequeño guerrero sólo reconoce las que están en su nombre.

Juegos imantados: En casa tengo un parchís de viaje, con sus minifichas y su minidado. Pero también lo he dejado para más adelante. Sólo yo podría jugar con el mayor, ya que el mediano aún no sabe contar y tampoco tiene paciencia. Mi idea es que se entretengan entre ellos, ya que yo tendría que retorcerme desde el asiento del copiloto.

Libro de pegatinas: preparando la mochila con sus cosas, encontré un libro de pegatinas que ni recordaba que teníamos. Igual pensaba que era un libro de colorear… Así que lo cogí también para un por si acaso. Y me vino muy bien para el viaje de vuelta. El pequeño guerrero estuvo la mar de entretenido despegando las pegatinas que ya había pegadas y redecorando el coche por dentro.

Además de todos estos juegos, yo siempre les llevo alguno de sus juguetes favoritos que también les da mucho juego durante el viaje, y mejor si son intercambiables, como por ejemplo, los coches. No son muy grandes y son fácilmente manejables. Hacen circuitos con sus piernas y las sillas y echan el rato.

Con este pequeño arsenal de juegos y entretenimientos llegamos a nuestro destino sin problemas de aburrimiento. Sólo tuvimos que hacer una parada, tanto a la ida como a la vuelta. Los niños se portaron bastante bien y no se nos quitaron las ganas de volver a viajar con ellos.

¿Vosotros, qué hacéis en los viajes largos con vuestros hijos?

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Viajar con niños: Los Arribes del Duero

Dicen que los mejores planes son los que se improvisan. Y eso es precisamente lo que nos pasó hace unos meses. Llevábamos tiempo diciendo de irnos el puente de diciembre a algún sitio, pero no terminábamos de decidirnos, que si al norte no porque puede llover, que tampoco queremos ir muy lejos, que si la playa no se disfruta igual,… total que lo fuimos dejando, dejando y al final decidimos que nos quedábamos en casa.

Hasta que el lunes de esa semana (el puente empezaba un miércoles), recibo un mensaje de Whatsapp de mi marido: «Estaba pensando que podíamos ir a los arribes del Duero» y la idea me encantó. Así que nos pusimos manos a la obra, sobre todo, con el tema del alojamiento, que al ser puente iba a ser complicado. Yo no conocía la zona, así que con una ventana abierta con Google Maps y en otra un buscador de alojamientos, fuimos afinando la búsqueda.

Con el alojamiento resuelto, teníamos que pensar en la logística. En el alojamiento nos ponían cuna para el pequeño, así que una cosa menos. Íbamos para un par de días, pero siendo casi invierno, tenía que pensar en la ropa de los niños. Os recuerdo este post sobre mis listas. 

Cogimos el alojamiento en Fermoselle (Zamora). Visto en el mapa, está en el centro del Parque Natural de los Arribes del Duero, a tan solo unos kilómetros de la frontera con Portugal, donde se juntan el Tormes y el Duero.

¿Cómo llegar a los Arribes?

Nosotros, que vamos desde el centro de la Península, fuimos hasta Salamanca, pasamos por Villarmayor, donde hay una doble opción: ir hasta Vitigudino y luego subir hasta Fermoselle o ir hacia Ledesma y desde ahí ir hacia Fermoselle, esta fue nuestra opción y la verdad creo que acertamos. La carretera pasa por la presa de Almendra, que impresiona, es la más alta de España y uno de los embalses más extensos, pero con la sequía que había entonces daba pena verlo.

¿Qué ver en los Arribes?

El viaje lo hicimos por la mañana, así que por la tarde aprovechamos para ver el pueblo, puesto que nuestro alojamiento estaba en Fermoselle: el castillo, el arco, sus calles estrechas, el centro de interpretación del Parque Natural, las bodegas,…

Nuestro alojamiento estaba justo en la plaza del pueblo y como fuimos en el puente de la Constitución ya lo estaban preparando para la Navidad, estaban montando un belén en los soportales y había un abeto en medio de la plaza, que hacía la funciones de rotonda.

Del castillo, no queda mucho. Se intuye el patio de armas y la torre del homenaje. Lo cuida un señor del pueblo que solo pide la voluntad por entrar a verlo. Lo mejor del castillo son las vistas, que para nosotros fueron una primera aproximación a los arribes del Duero. El castillo hace muchos años fue discoteca y también quedan restos de lo que fue.

Arribes del Duero
Vistas desde el castillo de Fermoselle

Subiendo desde la plaza hacia la iglesia de Santa Colomba, como curiosidad, hay un arco con corredor cubierto. Otro elemento típico del pueblo son sus calles estrechas y empinadas. De hecho, es considerado como uno de los pueblos más bonitos de Castilla y León.

Arribes del Duero

En Fermoselle, está el Centro de Interpretación del Parque de los Arribes del Duero. La visita dura en torno a una hora, aunque nosotros no lo hicimos, porque al ir con dos niños pequeños era más que probable que no aguantasen toda la visita. Además, hay que tener en cuenta que en diciembre los días son más cortos y queríamos aprovechar la luz del sol para visitar los alrededores del pueblo.

Rutas por Fermoselle

Otro atractivo del pueblo son las rutas senderistas de los alrededores. Nosotros, hasta donde pudimos fuimos en coche y el resto a pie. En concreto, nos centramos en dos rutas: la de las escaleras y la de las dos aguas.

La ruta de las escaleras es la más próxima al pueblo. Sale desde el mismo pueblo, en dirección a Portugal, y no es muy larga. La ruta de las dos aguas la hicimos en coche. Realmente es llegar hasta la frontera con Portugal, donde se juntan el río Tormes y el río Duero. El punto donde se cruza a Portugal es el propio embalse de Bemposta, en Portugal.

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Embalse de Bemposta (Portugal)

Aldeadávila

Al día siguiente, dudamos si ir hacia el norte, hacia Miranda do Douro o hacia el sur, hacia Aldeadávila, otro de los puntos neurálgicos de los Arribes del Duero. Al final, optamos ir hacia Aldeadávila, puesto que al final del día volveríamos a casa.

El gran atractivo de Aldeadávila es su presa, sin ninguna duda. Las vistas son impresionantes, el salto da vértigo, a un lado estás en España y la orilla de enfrente es Portugal. Es la obra de ingeniería hidroeléctrica más importante de España a nivel de potencia instalada y producción de electricidad. Como curiosidad, en este punto, la cobertura del móvil saltaba de una operadora española a otra portuguesa.

Salto de Aldeadávila

Para ver bien esta zona desde arriba, hay que ir hasta el Picón de Felipe o el mirador del cura. Cuenta la leyenda que Felipe estaba enamorado de una muchacha portuguesa, como el cañón que separa ambas orillas no le permitía ver a su amada, terminó suicidándose.

Para explorar la zona desde abajo, lo mejor es un crucerito por el río Duero. Desde Aldeadávila salen varios barquitos que hacen el recorrido desde el pueblo hasta el salto.

No puedo dejar de mencionar la gastronomía del lugar. Para mí, lo mejor fue el embutido, pero la verdad es que comimos muy bien en todos los sitios.

Ventajas de viajar en diciembre

Hay menos gente en todas partes, no tienes que esperar a que te den mesa en un restaurante, no das vueltas para poder encontrar sitio para dejar el coche, ni esperas a tener el mejor hueco en el mirador para conseguir la foto más espectacular.

A pesar de ser diciembre, nos hizo muy buen tiempo, ya lo veis en las fotos.

Desventajas de viajar en diciembre

Yo diría que, sobre todo, la falta de luz solar. A las 6 de la tarde es de noche y a ver qué haces con dos niños (de 1 y 3 años) hasta la hora de la cena. Otro «problemilla» fue que se usa mucho el coche y claro al ser diciembre, había que estarles poniendo y quitando el abrigo cada vez que subíamos y bajábamos del coche. Ellos y nosotros, claro.

Como fue una escapada breve, se nos quedaron muchas cosas en el tintero. Así tenemos excusa para volver.

¿Conocéis la zona de los Arribes del Duero?

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Bebé prematuro, Otros temas

Hacer el DNI a los niños

Hace un par de meses, pensamos en hacer una escapada a Roma, con los niños. No sé si es un punto de locura o de aventura. De repente, un día se me encendió la bombilla de que los niños necesitarían algún tipo de documentación para viajar (DNI o pasaporte). Así que me puse a investigar qué era necesario llevar.

Lo primero y principal es coger cita previa por internet a través de la web de la policía. (www.dnielectronico.es) Digo que es lo primero porque la cita se puede demorar en el tiempo un par de meses. Lo siguiente es recopilar la documentación necesaria:

–> Certificación literal de nacimiento: hay que ir al registro civil de donde está el niño inscrito a solicitarlo. Al hacer la petición, hay que indicar expresamente para qué lo pedimos. Hay una opción de pedirlo por internet, a través de la sede electrónica del Ministerio de Justicia. En mi caso, que vivimos en una ciudad diferente de donde nació el mayor, opté por esta opción y la verdad es que es cómodo y rápido. En el registro civil de nuestra ciudad nos dijeron que ellos podían pedirlo al otro registro, pero que tardaría 2 meses en llegar. Al pedirlo por internet, en un semana o 10 días, lo teníamos en casa.

–> Volante de empadronamiento: En este caso, hay que ir al Ayuntamiento a solicitarlo. En nuestro caso, fue mi marido a solicitarlo, pero necesitaba una autorización mía, a pesar de que fue con el libro de familia. Como curiosidad, os diré que nuestro Ayuntamiento permite solicitar los volantes de empadronamiento por internet, pero marcan como dato obligatorio en el formulario poner el número de DNI, con lo cual como es para la primera expedición, los niños aún no tenían DNI y hay que ir presencialmente.

–> 1 foto: Tamaño carnet, con fondo blanco, sin gorros ni gafas oscuras… Esto no ha cambiado. Como novedad, si te vas a renovar el pasaporte y hace menos de dos años que renovaste el DNI, no hace falta llevar foto.

–> Las tasas: por expedición de DNI, son 11 euros. Salvo que seáis familia numerosa, que es gratis.

Con todos los papeles, te presentas en comisaría el día de la cita.

Y ahora os cuento nuestra experiencia. Teníamos cita para hacer el DNI a los dos niños y renovar mi pasaporte. El pequeño y yo íbamos sin foto, pero justo enfrente hay una tienda de fotografía, así que antes de entrar a nuestra cita, fui con el pequeño para hacernos las fotos. Este «momento foto» a mí me daba más miedo que un dolor de muelas. Cuando tuvimos que hacerle las fotos para la guarde en septiembre, la lió bastante gorda en la tienda, así que al final, decidimos que como no eran para DNI, con una foto del móvil lo solucionamos, pero claro, ahora para el DNI la solución no iba a ser tan sencilla.

El fotógrafo decidió empezar por el niño. Fue sentarle en la silla y empezar a llorar desconsoladamente, ni dibujos en el móvil ni muñequitos ni carantoñas. Así que el fotógrafo decidió que iría tirando fotos hasta que alguna saliese más o menos buena para el DNI: con la boca lo más cerrada posible y los ojos abiertos. Yo solo veía al niño congestionado, lleno de mocos y lágrimas y solo pensaba en que nos iba a tocar volver otro día. Al final, conseguimos una bastante decente. Con nuestras fotos hechas, fuimos para comisaria. Apenas tuvimos que esperar. La huella dactilar sólo se la tomaron al mayor. No les hicieron firmar ni hacer ningún rayajo, en su lugar pusieron unas rayas. Su DNI tiene una validez de dos años, por ser menores de 5 años.

Vuestros peques ¿tienen DNI o pasaporte?

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Viajar con niños: Aciertos y mejoras

Viajar con niños puede llegar a ser todo un desafío. Tal vez este post llegue un poco tarde este verano, puesto que ya muchos estaréis de vacaciones o ya habréis vuelto. Sin embargo, no quería hablar del tema sin haber vivido en primera persona nuestra experiencia de hacer un viaje largo en coche con los niños. En este post, cuento lo que yo hago y con qué cosas he acertado y cuáles tengo que mejorar para el futuro.

Antes de viajar

Yo soy muy de listas. Reconozco que soy muy organizada y me gusta tener las cosas bajo control. Así que antes de salir de viaje, me hago una lista (bueno, varias) de las cosas que voy a necesitar. Tengo una lista con la ropa de los niños, llena de «por si acasos» (por si hace frío/calor, por si se manchan, por si hay que ir más arreglados,…). La ropa que tengo que llevar la calculo en función de los días. Por ejemplo, si nos vamos 5 días, pues 5 camisetas y multiplico por 2 (10 camisetas, en total). Tengo una lista con juguetes y cachivaches variados para llevar en el viaje y que luego se puedan entretener. Otra lista con las cosas del baño (cremas, jabones, colonias,…) y otra con el botiquín.

También hago una lista de la compra con cosas que pueda necesitar: pañales, toallitas, potitos, yogures… sí, ya se que muchas de estas cosas las puedo comprar en mi destino. Pero puede ocurrir que cuando necesitas algo, la farmacia, el súper,… lo que sea está cerrado o está lejos o no tienes ni idea de dónde encontrarlo. Además, me da mucha rabia comprar por ejemplo un biberón cuando en casa tengo 3 o 4. Incluso, llego a hacer una lista con las cosas que tengo que coger en el último momento, esas cosillas, que con las prisas, se terminan olvidando.

También llamo al establecimiento hotelero donde nos vamos a alojar para saber si nos ponen cuna en la habitación o si la tenemos que llevar nosotros. Por ejemplo, en el último sitio en el que hemos estado nos dijeron que sí tenían cunas con un coste adicional de 8€/noche. Ellos mismos nos aconsejaron llevar nuestra propia cuna, si la teníamos.

También miro la predicción del tiempo, casi desde una semana antes. Tengo la costumbre de ver el tiempo por las noches para ver qué ropa me voy a poner al día siguiente para ir a trabajar, o si necesito paraguas. Así que cuando voy de viaje, con más motivo.

Por supuesto, me gusta informarme de lo que podemos ver, sobre todo, si es un destino nuevo, lo que podemos hacer con niños, excursiones cercanas, comidas típicas,…

Viajar con niños: aciertos y mejoras

Durante el viaje

Cuando se viaja con niños, en los viajes de más de dos horas, las paradas son más que una necesidad. Cuando se hace un viaje largo, hay que parar de vez en cuando para estirar las piernas, airearse e ir al baño.

En este último viaje, además, nosotros llevábamos el plus de la «operación pañal» de nuestro hijo mayor. No quería que se hiciese pis en su silla del coche (sin acceso a lavadora), porque hasta entonces no siempre lo pedía o se le escapaba un poquito. O que el niño lo pidiese y no tuviésemos donde parar inmediatamente, porque aún no tenía claro su capacidad de aguante.

Tras darle varias vueltas al asunto y considerar varias opciones, y aún a riesgo de poder suponer un retroceso en la «operación pañal», decidí ponerle un pañal para el viaje. Lo curioso es que el pañal llegó prácticamente seco a destino. Sólo tuvimos que hacer una parada de emergencia, las demás veces fue capaz de aguantar hasta la parada prevista.

Para el viaje, preparé una mochilita con sus juguetes favoritos y alguno con el que menos suelen jugar, por la novedad de jugar con algo diferente. Además, yo llevaba una mochila con agua y galletas, para momentos de emergencia. En la mochila también metí algo de ropa por si había algún «accidente».

Con el mayor, además, le íbamos entreteniendo con canciones o con lo que veíamos por la ventanilla (un autobús, vacas, molinos eólicos, un túnel,…), diciendo los colores de coches o contando lo que tardábamos en salir del túnel. Como habréis deducido no llevamos DVD portátil en el coche. No lo descarto para más adelante, pero de momento, nos va bien sin ello.

Una de las paradas que hicimos fue para comer con lo cual fue algo más larga. Al estar recién comidos, los niños se quedaron dormidos un par de horas, lo cual nos hizo el viaje más relajado para nosotros y más corto para ellos. La siesta del mayor fue otra de las razones por las que le puse pañal para el viaje. Es un gran dormilón, muy marmota y ya puede pasar la banda municipal por debajo de su ventana que no se entera, así que mucho menos pedir pis dormido.

Aciertos

Sin duda, para mí son todo un éxito mis listas. Consiguen que no se me olvide nada y tenga todo bajo control (más o menos), hago las maletas con más tranquilidad, porque sé que no me voy a dejar nada.

Otro acierto ha sido la mochila con las galletas. Este aspecto es mejorable, por ejemplo, además de galletas, podría llevar frutos secos o fruta pelada… cuando los niños sean un poco más mayores.

Mejoras

Un aspecto mejorable es tener en cuenta las circunstancias ambientales de donde vamos. Me explico. Nosotros vivimos en el centro de la Península, donde el clima tira a seco. Si vamos a zona de costa, el clima va a ser más húmedo, con lo cual la ropa (como las toallas de la playa o los bañadores) tardan más en secarse.

Tal vez debería haber llevado alguna camiseta más para los niños, puesto que siempre se manchan más veces de lo previsto y me tocó lavar un par de camisetas que, evidentemente, tardaron más en secarse. Aún estoy valorando lo de la plancha de viaje.

Otro tema que tenemos que valorar para la próxima es si queremos alojarnos en hotel o apartamento. Es cierto que al pedir una habitación triple, es más amplia y los 4 hemos estado bien. Pero creo que en un apartamento habríamos estado mejor. Por ejemplo, cuando acostábamos a los niños, no podíamos ver la tele ni mirar el móvil por si la luz o el ruido les despertaba. Un apartamento también haría más cómodo el tema de las comidas.

Este ha sido el primer viaje largo con los dos niños y ha salido muy bien. Se han portado bastante bien y han comido y dormido casi mejor que en casa.

Vosotros, ¿cómo os organizáis al viajar con niños? ¿Hay algo que consideréis fundamental?

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Nuestras vacaciones en Pontevedra

Estas han sido las primeras vacaciones del pequeño. Elegimos Galicia, Pontevedra en concreto, huyendo de los calores del centro de la Península. Este viaje ya lo teníamos previsto hacer en Semana Santa pero el pequeño se puso malo, le pusieron aerosoles como tratamiento y anulamos el viaje.

Así que cuando llegó el momento de elegir destino vacacional, lo tuvimos claro. Y ha sido todo un acierto. Reconozco que Galicia me daba un poco de respeto y no por el tiempo, que ya se sabe que por el norte necesitas llevar ropa de otra temporada, por si acaso. Me preocupaba más el trayecto en coche, pero la verdad, los dos peques hicieron buen viaje. Creo que al estar yo mentalizada de que era un viaje largo y que habría que hacer más paradas de lo habitual, también ayudó a hacer el viaje más llevadero.

Nuestro destino fue Poio, al otro lado de la ría de Pontevedra. Nos alojamos en la Hospedería Monasterio de Poio, un lugar muy tranquilo. No está céntrico ni a pie de playa, pero como sabíamos que íbamos a coger el coche para recorrer la zona no nos importaba.

Yo nunca había estado en esa zona de Galicia, así que me hacía ilusión poder visitarla por fin. Estuvimos una semana. Os cuento lo que hicimos. Al ir con niños, tienes que compaginar sus juegos con lo que tú quieres hacer, así que por las mañanas íbamos de playa y por las tardes paseábamos haciendo de turistas. Debo decir que hemos tenido bastante suerte con el tiempo, que nos ha permitido tanto jornadas de playa como paseos tranquilos sin tener que andar mirando al cielo, por si llovía. Además, las temperaturas eran muy agradables, que era lo que íbamos buscando.

Desde donde teníamos el alojamiento a cualquier punto todo me parecía que estaba cerca (Debe ser que estoy acostumbrada a las largas distancias de Madrid). Lo único que visitamos que estaba más lejos fue Santiago de Compostela, que tardamos como una hora por autovía.

Día 1

El primer día que amanecimos allí fuimos a la playa a Sanxenxo por la mañana. Estuvimos en la playa de Silgar. Es una playa urbana, con todos sus servicios, así que fenomenal para cuando el mayor tuviese una «urgencia». Cuando nosotros estuvimos, a finales de julio, la verdad es que no estaba para nada masificada. La playa es larga y permite pasear, así que mi marido se fue con el mayor a dar un paseo y buscar mejillones (aunque solo trajeron conchas).

Por la tarde, estuvimos paseando por Pontevedra. Nos acercamos a una oficina de turismo (Palacete de los Mendoza) para que nos diesen algunas indicaciones sobre lo que no nos teníamos que perder:

  • La Basílica de Santa María: También se la llama Santa María de los Pescadores, porque su construcción fue financiada por el gremio de pescadores. Su estilo es una mezcla del estilo gótico y renacentista. Tiene dos curiosidades: Una es que en la Santísima Trinidad, el Hijo está sentado a la izquierda del Padre. La otra es que en la puerta sur, hay una inscripción, que junto con otros argumentos, sostendría que Cristobal Colón nació en Pontevedra.
  • El Santuario de la Virgen de la Peregrina: es la patrona de Pontevedra y del Camino de Santiago portugués. Como característica principal, es que su planta tiene forma de vieira.
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Santuario de la Virgen de la Peregrina

  • La Iglesia de San Francisco: En una esquina de la plaza de la Herrería, está esta iglesia, que fue fundada por San Francisco de Asís a su paso por Pontevedra como peregrino a Santiago.
  • La Iglesia de San Bartolomé: Es una iglesia de estilo barroco jesuítico con influencias italianas.

Pontevedra tiene un montón de placitas con mucho encanto y llenas de vida. Ahora en verano, además ponen terrazas y la animación está asegurada. la de la Leña, la de la Verdura, la de la Herrería (que es la más céntrica y donde empezaban y terminaban nuestros paseos), la de las Cinco Calles (en una de sus esquinas, hay una placa que recuerda que allí vivió Valle Inclán) y la del Teucro (muy característica con sus soportales).

Pasear por Pontevedra es un imprescindible, además está casi todo peatonalizado o con acceso restringido a vehículos, así que íbamos muy tranquilos paseando con los niños. A Pontevedra fuimos varias tardes, así que descubrimos algún que otro parque que hizo las delicias del mayor.

Día 2

El segundo día estuvimos en Baiona. La mañana la echamos en la Playa América. Es semiurbana y tiene un punto salvaje, puesto que tiene dunas y la desembocadura de un pequeño río. Al mayor le encantó ver tan de cerca a las gaviotas y ver peces en el pequeño arroyuelo. Además, cuando estuvimos había un campeonato de volleyplaya, con lo cual teníamos musiquilla de fondo, muy animado. Para comer, nos acercamos a Baiona y comimos en un sitio sinigual, el Parador, que está en una antigua fortaleza y con unas vistas impresionantes. Comimos de lujo y con comensales muy especiales, las gaviotas se acercaban a menos de dos metros de nosotros a ver si pillaban algo que se nos pudiese caer de la mesa.

Vistas desde el Parador de Baiona

Por la tarde, tras regresar de Baiona, aprovechamos la invitación que nos dieron para visitar el Monasterio de Poio, Nos contaron que aunque no está en la ruta del Camino de Santiago, desde hace algunos años están recibiendo muchas visitas de peregrinos. Tiene unos jardines muy bonitos y muy cuidados y un espectacular hórreo de piedra de los más grandes de Galicia.

Día 3

El siguiente día fuimos hasta O Grove, la isla de La Toja y la playa de la Lanzada. Realmente, queríamos ir a la playa de la Lanzada, pero en algún momento nos pasamos el desvío (Cuando dimos la vuelta, vimos que no está anunciada la playa en sí, sino el aparcamiento), así que sin quererlo llegamos hasta la isla de La Toja, cruzando O Grove. Aquí la verdad yo me llevé un chasco. Me imaginaba la isla y el balneario, nada más. El balneario pensaba que era un bonito edificio de principios del siglo XX… en fin, todo muy bucólico. Nada más cruzar el puente que une la isla con O Grove nos encontramos un centro comercial, una feria, un trenecito turístico y miles de chalecitos adosados… Lo único que encontré que como yo imaginaba era la ermita de las conchas.

Parece ser, según he hablado con personas que conocían La Toja, el balneario que yo suponía está al final de una avenida que nosotros no llegamos a recorrer, pero me dieron la razón en que La Toja ya no es lo que fue. Así que deshicimos el camino y buscamos la playa. Puesto que la playa de la Lanzada está en un paraje natural, han dispuesto un aparcamiento que está muy bien organizado, para dejar los coches bien aparcaditos y un camino por el que pueden ir los peatones sin riesgo.

La playa de la Lanzada tiene fama de ser de las más frías de la costa, pero eso no impidió que mis chicos probaran el agua. El mayor, con la escusa de limpiar su cubo y sus palas, entraba y salía cada dos por tres y el pequeño no hacía más que dirigir sus pasos hacia el agua. El padre también se bañó, yo me limité a mojarme los pies.

Día 4

Al día siguiente, teníamos reserva en una de las navieras que iban de Vigo a las Islas Cíes. Lo de ir en barco tenía al mayor loco de contento y nos decía que éramos piratas. Ir a las Islas Cíes es un buen plan, tanto con niños como sin ellos. Cuando llegas a las islas, tienes la posibilidad de ir directamente a la playa o de hacer algún recorrido. Nosotros, que llegamos en el primer barco y para que no se nos hiciese muy larga la mañana, optamos por hacer un recorrido, el más corto, por dos motivos: el mayor se podía cansar y el pequeño iba en la silla (no, no se nos ocurrió llevar una mochila portabebés y no tenemos fular de porteo).

Ese día no habíamos desayunado en la hospedería, porque teníamos que ir hasta Vigo a coger el barco, que salía a las 9:30, nos habían dicho que teníamos que llegar como una media hora antes para validar los billetes (es recomendable llevar reserva, sobre todo, en verano). Tampoco teníamos muy claro desde dónde salían los barcos, había que aparcar,… en fin, que salimos bastante pronto y con tiempo más que suficiente. Menos mal, porque en el puerto de Vigo nos perdimos, tuvimos que deshacer una parte del camino (nuestro error fue meternos por un túnel) y teníamos que aparcar el coche.

No nos quedó otra que meterlo en el parking de un centro comercial que hay cerca de donde salen los barcos hacia las islas. Son «generosos» porque te dicen que la primera hora es gratis, pero como al final echas el día en la isla, son bastantes horas y te cobran el máximo por día, porque estuvimos más de ocho horas. Bien es cierto que por esa zona no hay otro sitio donde dejar el coche (tal vez los que seáis de la zona, conozcáis otros sitios más económicos), nosotros con ese parking «pagamos la turistada«.

Volviendo al desembarco en las Islas Cíes, como os decía no habíamos desayunado, así que tras un buen desayuno en el restaurante que hay junto al embarcadero pusimos rumbo al «Alto del Príncipe». Es una ruta de unos 3 km (ida y vuelta), con alguna subida bastante suave y aunque el camino está bastante baqueteado, para ir con silla de paseo algunos tramos se hicieron complicados. Pero el pequeño no se quejó nada, iba de lo más entretenido.

Si hubiésemos ido sin niños, habríamos hecho los demás recorridos. Pero con lo que hicimos nos recreamos de la naturaleza de la isla y además la subida nos recompensó al final con unas bonitas vistas.

Tras el recorrido, llegamos a la playa. El mayor se dedicó a su actividad favorita en la playa: construir castillos de arena con papá, mientras el pequeño les observaba y si podía se llevaba un puñado de arena a la boca. Ha catado todas las playas en las que estuvimos. Esta playa, que está justo al lado del embarcadero, es la playa de Rodas, famosa cuando en 2007 The Guardian la calificó como «la mejor playa del mudo», por el color turquesa del agua y blanco de la arena. Además, es una arena «cómoda» porque es algo más gruesa que la arena finita típica, con lo cual se suelta mucho mejor.

Comimos allí (A la hora de comer, entre la 1 y las 5 de la tarde, no hay barcos) y mientras comíamos empezó a llover, el famoso «orvallo» gallego, así que no pudimos hacer mucho más hasta que cogimos el barco de vuelta. De vuelta a Vigo, también llovió y el mal tiempo nos acompañó de vuelta al hotel. Tampoco nos importó mucho. Para ese día no teníamos más planes.

Durante el rato que estuvimos en la playa, vimos llegar grupos enormes de gente que desembarcaban, pero en ningún momento notamos la isla masificada. Cierto es que está regulado el acceso a la isla y limitado el número de personas, puesto que es un Parque Natural. (al año siguiente se ha limitado aún más la llegada de visitantes a las Islas Cíes)

Día 5

El último día hacía sol, y aunque el día anterior llovió, decidimos aprovechar e ir a la playa. No queríamos ir muy lejos así que preguntamos en la recepción del hotel. Nos dijeron que la más próxima era la de Combarro (un pueblecito muy cuco con un conjunto importante de hórreos), pero que ella nos recomendaba la playa de Areas, justo antes de llegar a Sanxenxo, porque es una playa muy recogidita y se controla muy bien a los niños. Y allí que nos fuimos. Los niños parecía que intuían que era el último día de playa porque la disfrutaron como ninguna otra.

Por la tarde, decidimos ir hasta Santiago de Compostela. El viaje desde Pontevedra, por la autovía, es una hora aproximadamente. Salimos pronto y nos quedamos a tomar algo allí para alargar un poco nuestro paseo. Aparcamos en un parking muy céntrico, a apenas unos metros de la Catedral. Hicimos lo típico, dar un paseo por el centro, entramos en la Catedral, pero había misa y apenas pudimos movernos. Una pena que la Puerta del Obradoiro esté en obras, tenemos la típica foto, pero con los andamios.

Como era finales de julio, coincidió que en Santiago aún estaban de fiestas y por una de las calles más céntricas pudimos ver una concentración de coches antiguos, con sus conductores vestidos de época y todo. El mayor se pensaba que podía subirse en todos, al final, se conformó con hacerse fotos delante de algunos.

También paseamos por el parque de la Alameda, donde estaba instalada la feria, con sus casetas y sus atracciones. El mayor se quedó embelesado con una atracción que tenía forma de gusano, pero que era un tren ¡con lo que le gusta a él los trenes!. Para nuestra sorpresa, en ningún momento nos pidió subir, se conformaba con mirar. También vio globos de Bob Esponja, pero tampoco nos pidió ninguno.

A la vuelta desde Santiago, nos llovió bastante, ya no era orvallo. Pero no nos importó, el tiempo nos respetó todas las vacaciones, no podemos pedir más que el último día nos llueva. Así nos daba menos pena volver a casa.

Sin duda, nos han quedado cosas sin ver en Pontevedra, así que seguro que en un futuro volveremos por tierras gallegas.

¿Conocéis Pontevedra?

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Bebé prematuro

Viajando a contramarcha

Ahora que llegan las vacaciones de Semana Santa y el buen tiempo, seguro que viajamos más con los niños y todos tenemos sus sillitas listas y dispuestas en los asientos traseros de nuestros vehículos.

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Silla grupo 0 chicco

El pequeño aún utiliza la silla grupo 0, así que viaja a contramarcha. Pero, dentro de unos meses tendremos que cambiarle la silla, así que yo ya he empezado a leer mucho sobre el tema, porque como sabéis, cambia la normativa a partir de este verano.

Sé que tengo tiempo, pero en breve volveré a trabajar y ya no tendré tanto tiempo así que tengo que ir mirando desde ya. Con el mayor también hice el correspondiente «estudio de mercado», pero entonces (hace 2 años) lo de a contramarcha no era más que una mera recomendación y apenas se hablaba del tema. Por entonces, me fijé más en si la silla llevaba isofix o no, en si sería cómoda, si era reclinable, si era fácil de instalar o desinstalar para cambiarla de coche, si las fundas se lavaban…

Estas son las sillas que ahora está usando el mayor (Cybex, a la derecha; Be cool thunder, a la izquierda)

La normativa vigente

Ahora lo de viajar a contramarcha es más que una recomendación y va más allá de una moda temporal. La normativa obliga a que los niños viajen a contramarcha hasta los 15 meses. Sin embargo, recomienda que viajen a contramarcha el mayor tiempo posible.

La nueva normativa, que entra en vigor en verano de 2017, introduce novedades en las pruebas que se realizan a las sillitas; las sillitas ahora tendrán en cuenta la estatura del bebé más que el peso (porque los padres sabemos mejor lo que miden nuestros niños que lo pesan), y la obligación de llevar respaldo para aquellos niños que miden más de 105 cm (hasta los 150 cm, que ya no hace falta que lleven ningún SRI)

Sin embargo, no hay que salir corriendo a la tienda a comprar una silla nueva, ya que la normativa actual y la que entra en vigor este verano convivirán hasta 2018.

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Silla a contramarcha

A mi me gusta ir a la tienda, con las ideas más o menos claras. Además, muchas veces te puedes encontrar con el típico vendedor que lo único que quiere es hacer una venta, te dice lo que quieres oír y te vas con una silla cualquiera (la más cara, la más vendida,…). Y no, oiga, que estamos hablando de la seguridad de nuestros niños. Otra cosa que detesto es ir de tienda en tienda, y tener que volver otro día. Por eso, antes de ir a comprar miro mucho, leo mucho, tanto opiniones personales como profesionales.

Aunque una cosa tengo clara, espero no tener que comprobar nunca si la silla que hemos elegido era la mejor del mercado.

Ose dejo un documento publicado por la DGT con más información al respecto Sistemas-de-Retencion-Infantil-DGT

¿Cómo viajan vuestros pequeños? ¿A favor de la marcha? ¿A contramarcha?

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Planes con niños

Un día en la nieve

Hace 10 días, mi marido tenía un par de días libres. Al principio, pensamos en aprovechar y hacer una escapada por la Península, pero como no iba a hacer buen tiempo decidimos dejar la escapada para más adelante y aprovechar esos dos días libres en alguna otra cosa que tuviésemos pendiente y que por falta de tiempo no podemos hacer, así que pensamos que sería buena idea… ¡ir a la nieve!

En Madrid no era festivo ni laboral ni escolar, con lo cual la sierra de Madrid era el mejor de los destinos, ya que pensamos que no estaría tan llena de gente como un fin de semana normal. Además, el viaje en coche no es pesado, apenas hora y media desde casa. Ideal para que los niños no se cansen de coche. Bueno, el pequeño en cuanto arranca el coche se duerme, así que le da un poco igual que el viaje sea largo o corto. Con el mayor, íbamos cantando canciones infantiles, o jugando a ver qué cosas veíamos por la ventanilla, los colores,…

nieve

Otro tema a tener en cuenta cuando vas a la nieve con niños es la indumentaria. Nosotros no íbamos con la idea de esquiar, eso para más adelante. Simplemente, queríamos que los niños pisasen nieve, experimentasen, disfrutasen tirándose por la nieve… así que preparé una muda completa para el mayor (calcetines, camiseta, pantalón… hasta otro par de zapatos). El pequeño, al ir en brazos, no necesitaba nada extra. Iba bien pertrechado con su buzo.

Cuando pasábamos por el Puerto de Navacerrada el termómetro marcaba -1.5º C, pero cuando bajamos en Cotos, el viento hacía que la sensación térmica fuese inferior. Lo primero que hicimos fue abrigarnos bien: guantes, gorro,… el mayor lo veía como un juego, el pequeño detesta ir muy abrigado así que se quejó un poco cuando le pusimos el mono.

El mayor no hacía más que gritar: ¡Nieve!, ¡nieve!…  con su padre (experto montañero) de la mano iba recorriendo pasito a pasito algunos metros por el puerto de Cotos: Quería coger la nieve, pero con los guantes se le escapaba, quería tirarse al suelo y resbalar por la pendiente como veía hacer a otros niños (Nota mental: para la próxima vez, llevar un trineo o similar para tirarse por la nieve), quería coger piñas, hacer un muñeco….

nieve

Desde Cotos nos acercamos a la cercana estación de esquí de Valdesquí. Allí, al haber más nieve, el mayor lo disfrutó casi más. El pequeño se nos durmió en el trayecto de Cotos a Valdesquí (sí, en 3,5 km, se quedó dormido), así que esta vez no le sacamos del coche. Allí, el mayor, con la ayuda de papá, sí que pudo hacer un mini muñeco de nieve y le dejamos tirarse por la nieve. Lo disfrutó muchísimo  y nosotros con él. Además, como véis, nos hizo un día espectacular. Una experiencia para repetir.

Y vosotros, ¿habéis estado en la nieve? ¿Qué tal la experiencia? ¡Contadnos!

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Zaragoza
Viajar con niños

Viajar con niños: Escapada a Zaragoza

Hace unos meses, cuando el pequeño guerrero llevaba un par de meses en casa, decidimos que era el momento de hacer una pequeña escapada. Sabíamos que con el mayor no íbamos a tener problemas, pero el pequeño no sabíamos cómo llevaría lo de ir en coche varias horas, sacarle de sus rutinas, etc…

Vivimos en el centro de la Península, así que cogimos un mapa y vimos dónde podíamos ir que estuviese como mucho a unas 3 horas de viaje y los dos coincidimos en que Zaragoza era un buen destino y que hacía mucho que no pasábamos por allí. Así que hicimos reserva en un hotel céntrico y días después pusimos rumbo a la capital aragonesa.

Al ir con dos niños tampoco nos podíamos pasar el día turisteando y entrar en museos, pero sí que podíamos pasear, entretenernos en algún parque,… y, por supuesto, visitar el Pilar.

Por entonces, todavía le daba el pecho al pequeño y a mí no me gusta dar el pecho en público, y no es por recato (si te da corte, te echas un pañuelo por encima y listo) ni por lo que me puedan decir, es que yo estoy más cómoda (necesito un buen respaldo y tener el brazo bien apoyado, y esto en la calle no siempre lo encuentras), así que buscamos un hotel céntrico al que poder volver cuando hubiese que darle la toma al pequeño.

¿Qué ver en Zaragoza?

Uno de los planes que llevábamos en mente era visitar el Pilar y pasar a los niños por el manto de la Virgen. No se puede ir a Zaragoza y no pasar por el Pilar.Habíamos visto en Internet que había horarios para pasar a los niños, así que fue lo primero que hicimos. Debo decir que hay que ir con tiempo, se forma una cola bastante larga y son estrictos con el horario. Al mayor no le hizo mucha gracia, pero el pequeño ni se enteró.

Disfrutamos unos días de desconexión, de romper algunas rutinas con el mayor (en cuanto a horarios, sobre todo) y de comprobar que el pequeño es un bendito 😉 Así que ya estamos pensando en la próxima escapada ¿ideas? ¿sugerencias?

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