León
Bebé prematuro, Entrevistas

Entrevista a… María Laura, mamá de León

Hace unos días os traía el testimonio de Laura, mamá de David y como os conté me gustaría crear una serie de testimonios, vivencias e historias de mamás (y papás) de bebés prematuros. En esta ocasión, ha sido María Laura, desde Argentina, que nos cuenta su experiencia.

A continuación, os dejo su entrevista:

1.- Hoy entrevisto a…

Soy María Laura y mi bebe se llama León, vivimos en 25 de mayo, Buenos Aires Argentina. León nació de 36 semanas de gestación y actualmente tiene 2 años de edad.

2.- ¿Cómo fue el embarazo?

Bueno, el embarazo iba bien hasta la semana 20 que en doppler apareció un problema en la arteria uterina que llevó a que tomara aspirineta prevent y luego me dieron medicación específica cada 12 horas. Luego fue cada ocho y León nació después de un doppler alterado por retardo de crecimiento y riesgo de muerte fetal… nació por cesárea de urgencia.

3.- ¿Cómo fue el parto?

Fue cesárea y nació a las 7:37 de la mañana, nada más lejos a lo que soñé. El papá no pudo estar por ser cesárea, me dijeron que me lo mostraban pero nada más que él tenía que irse a la neo, también conocida como ucin… me hicieron un bloqueo por los dolores, porque las paredes del útero no estaban listas para el nacimiento…

4.- ¿Cómo fue la estancia en la UCIN?

Bueno, la experiencia en la UCIN fue transformadora, me cambió a mí y a mi marido para siempre, soy una mamá diferente de la que hubiera sido sin esta experiencia…

Podía verlo 7 horas por día, hice piel con piel o método canguro fue hermoso, creo que pude empezar a sentirme más cerca de mi hijo gracias a eso, no pude amamantar, León no tiene fuerza para succionar…

Todos los días teníamos un parte, los primeros 3 días era poca la información porque no tenían mucho para decir… es duro, hay padres que reciben panoramas duros y que los acompañan por llamarlo de algún modo para lo irreversible…

Nos contenían mucho y nosotros nos aprendimos a contener junto a otros padres, compartimos salidas a pasear, precios de pañales, datos de dieta y alojamientos porque muchos no eramos de la ciudad donde estaban internados nuestros hijos… Yo sigo en contacto con las enfermeras, que son las tías de mi hijo, junto al personal médico que son también los tíos, los ángeles de la guarda de León en este plano…

León preciso fototerapia, cirugías no…

5.- Patologías y secuelas del bebé

León tuvo más tardío el caminar y le costó el sostén cefálico, pero no ha tenido secuelas motoras ni patologías, gracias a Dios.

6.- Al alta

El alta fue el momento más feliz. Creo que sentí la felicidad que sienten los papas de bebes de término… Estaba llena de miedos que logré superar en terapia, me costó dejar que otros tocaran a mi bebe porque tenía miedo… no quería sacarlo al patio, fue duro…

María Laura y León

Mi cuenta de Instagram es @mlauraspagnolo, y me encantaría ayudar a otros papás, no tengo otras redes sociales.

Si eres mamá o papá de un bebé prematuro y quieres contarnos tu experiencia, como ha hecho María Laura, ponte en contacto conmigo a través del correo electrónico mamadeunprematuro@outlook.es o mándame un mensaje directo por cualquiera de mis redes sociales.

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mi sentimiento de culpa
Bebé prematuro

Mi sentimiento de culpa

La culpa es un sentimiento que nos persigue a las madres (y a los padres) desde el mismo momento que decidimos tener un hijo. Se convierte en nuestra segunda sombra. Ahí, siempre pendiente de nuestros movimientos.

La culpa en el embarazo

La culpa está contigo desde que te haces el test de embarazo, esos segundos hasta que aparece la segunda rayita. Entonces, cuando ves aparecer la segunda rayita, la mente se dispara y te empiezas a preguntar si ese bocata de jamón que te comiste hace un par de días y que te supo a gloria puede afectar al bebé, porque has leído y oído mucho sobre la toxoplasmosis. O si el paracetamol que te tomaste esa misma mañana para disipar el dolor de cabeza puede provocarle algún daño a tu bebé. Y con todas estas dudas y culpas te vas a ver a tu matrona, que te tranquiliza.

La culpa no te abandona durante el embarazo, asoma de vez en cuando. Cuando vas a las ecografías, ahí está como un espectador más, pero se disipa cuando te dicen que todo va bien. Pero vuelve veloz cuando te piden que te subas a la báscula para pesarte, entonces te acuerdas de ese bollo que te has comido con un café (descafeinado, por supuesto) a media mañana y piensas en que ojalá no te lo hubieses comido.

Pero ¿qué pasa cuando el embarazo se tuerce? En nuestro caso, con el pequeño guerrero todo fue bien hasta la semana 25, a partir de entonces, la culpa fue una más de la familia. ¿Qué había hecho yo para que la placenta no le alimentase en condiciones? ¿Sería aquel viaje de trabajo a Oporto que hice días antes de que me diesen la baja por culpa del CIR? ¿Serían los madrugones para ir a trabajar? o ¿tal vez el ajetreo de tener otro niño de corta edad al que atender? Son preguntas para las que nunca tendré respuesta y que los médicos tampoco han sabido contestarme. En esas preguntas sin contestar la culpa anidó y se hizo su hueco para quedarse para siempre.

En el post parto

Si cuando llegas a casa con tu bebé nacido a término y sanote te asaltan mil dudas, imagínate cuando es un bebé prematuro y con bajo peso. Claro, como no estás segura de si va todo bien, pues vuelve la culpa a lo grande.

En nuestro caso, además del bajo peso, el pequeño tuvo una bajada de hierro y algunas glucemias que no sabían de dónde venían. Cuando le dieron de alta, entendíamos que estaba todo bien. Nos dijeron que en casa no teníamos que controlar sus niveles de azúcar como a los diabéticos, simplemente darle de comer a sus horas y ahí vuelve ese sentimiento ¿Le estaré dando lo suficiente?

Vuelta al trabajo

Aquí ya la culpa se hace un ático con tu vida. Sobre todo, cuando ves a tu bebé tan chiquitín y tan dependiente de ti, pero tienes que volver a trabajar. Vuelta a los madrugones, a los horarios y a las prisas. Cuando crees que has conseguido instaurar una rutina, un catarro, una fiebre o alguna «itis» hace acto de presencia y descabala tu vida. Ves que no llegas a todo, aunque delegues. Y te culpas por tener que trabajar y no poder estar con tu bebé prematuro, que te necesita, tanto como el otro niño pequeño que te reclama.

La lactancia y la culpa

Si a todo lo anterior sumamos que yo tenía claro que dejaría de dar el pecho cuando volviese a trabajar (por circunstancias que ahora no vienen al caso), la culpa puede contigo. Creo que en mi maternidad, la lactancia es la que más ha alimentado mi sentimiento de culpa.

Primero, porque pensaba que no tenía suficiente leche para mi niño. Queda demostrado que no es así, porque el niño va cogiendo peso y creciendo, aunque sea a pasitos muy pequeños. Segundo, porque a veces le daba biberones. De hecho, más de alguna toma tenía que completarla con algún biberón. El niño se agotaba al pecho y le resultaba más fácil tomar un biberón, el esfuerzo era menor. Tercero, porque no prolongué la lactancia más allá de sus primeros seis meses.

El instinto

Lo tenemos todas las madres. Te sale solo y crece en la misma medida que la culpa. Lo único que es tímido y a veces se esconde, pero sabes que está ahí y ¿sabes cuándo está ahí? Cuando ves a tu bebé sonreírte al verte, cuando le ves dormir plácidamente o cuando le llevas de paseo en su silla y va señalando todo lo que le llama la atención. Entonces, es cuando el instinto le gana la batalla a la culpa y te puedes decir alto y claro: «Lo estoy haciendo bien«.

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Bebé prematuro

Con la lactancia hemos topado

Con la llegada de nuestro tercer hijo, yo tenía claro que volvería a darle el pecho, ya tenía experiencia y sabía lo que implica la lactancia, así que estaba segura que no iba a tener ningún problema. ¡Qué ilusa!

La lactancia de mi hijo mayor 

La lactancia con mi hijo mayor fue normalita, si tuviese que darle una puntuación, diría que un 6. Tuve muchas dudas al principio y durante todo el tiempo que duró. Además, tuve grietas durante casi 3 semanas. Pero, en cambio, fui capaz de hacerme con un mini-banquito de leche. Tampoco la alargué más allá de los 5-6 meses, por varias razones, pero la principal es que yo me reincorporaba a trabajar, lo cual hacía prácticamente imposible continuar con la lactancia. Mi despacho es de los que paredes son de cristal y no puedo desaparecer una hora de mi sitio para sacarme leche, así que esta opción quedaba descartada. De todos modos, desde que introdujimos los cereales sin gluten en su dieta, empezó a preferir los biberones a mi pecho.

Dejar la lactancia materna no me supuso ningún trauma, en ningún momento pensé que era mala madre por no prolongarla ni nada por el estilo.  Las cosas vienen como vienen y yo soy de esas personas que se adaptan bien a las circunstancias.

En este post, tenéis cómo fue la lactancia con el pequeño (Ahora, mediano)

La lactancia del tercero

Inmediatamente, después de dar a luz y durante las dos horas que estuve en la sala de puerperio iniciamos la lactancia. Vino el matrón que me había atendido durante el parto y de forma muy respetuosa me preguntó si le iba a dar el pecho, le contesté que sí y me dijo: «Pues, empecemos«. Me dio unas pautas y ahí nos quedamos enganchados el bebé y yo. Y así estuvimos prácticamente las siguientes 24 horas. Lo cual trajo sus consecuencias, unas grietas estupendas.

Algunas me dirán que un mal agarre o una mala postura, pero os aseguro que si tenéis un bebé succionando durante casi 24 horas, terminan saliendo grietas. Un ejemplo claro, no es lo mismo llevar un zapato que te roza durante una hora que durante cinco, al final, te sale una ampolla.

Durante estos dos meses que llevamos de lactancia, he pensado en muchas ocasiones en dejar la lactancia, pero antes de abandonar he buscado ayuda. Durante nuestra estancia en el hospital, hablé con las enfermeras y con una matrona experta en lactancia, que tiene contratada el hospital. Como el niño nació de madrugada, tuve la ocasión de hablar dos días con ella. En el primero, vino a presentarse, a ver cómo le daba el pecho, si la postura era correcta, etc… de hecho, corrigió un par de cosas.

El segundo día pasó a visitarnos a verme si la lactancia fluía. Le comenté que tenía grietas y que al niño tuvimos que darle un biberón de madrugada, porque a pesar de tenerle al pecho prácticamente todo el día, mi calostro no debía de ser suficiente. De hecho, tras darle el bibe (de 30 ml), se quedó dormido las siguientes 4 horas y todos pudimos descansar. Volvió a observarnos cómo le daba el pecho y me dio dos pistas de por qué podía tener grietas: el niño podía tener algo de frenillo (que teníamos que comentar con la pediatra) y parece ser que tengo un pezón XL, incompatible con la boca talla S del bebé, lo cual le dificultaba mamar.

Un inciso: Consultamos con la pediatra lo del frenillo y nos dijo que el niño no tenía frenillo. Con lo cual esta posibilidad quedó descartada. En cualquier caso, tanto la pediatra del hospital como la matrona nos dijeron que el frenillo no era problema para la lactancia, siempre y cuando el niño fuese cogiendo peso y mojando pañales.

Pienso que al comentarle lo de las grietas y el biberón nocturno, se le dispararon las alarmas de que abandonase en ese momento la lactancia. Yo soy algo más constante y siempre me pongo un tope más o menos realista.

También hablé con mi matrona sobre el tema de la lactancia y las grietas, me revisó el agarre, que era correcto, así que sólo quedaba esperar a que pasase el tiempo que curase las grietas. Para ello me recomendó una crema, que ya había usado en mi primera lactancia, purelán, y la verdad es que me ha aliviado bastante.

Por último, también consulté algunas dudas con una asesora de lactancia. Parece ser que todo lo hacíamos bien, así que solo quedaba tener un poco más de paciencia.

Pasados dos meses, puedo decir que estoy empezando a disfrutar la lactancia, aunque de vez en cuando tengamos que darle algún biberón de refuerzo, porque el niño se queda con hambre. ¿Cómo lo se? porque después de tenerle prácticamente una hora al pecho, sigue llorando, le preparo un bibe, se lo toma y cae extasiado.

¿Cuales son mis posturas para dar el pecho?

Sentada, con la espalada bien apoyada y si puede ser con reposabrazos. También suelo poner un cojín debajo para apoyar al bebé, que ya pesa 6 kg y a veces se me duerme el brazo que le sujeta.

Mientras estuvimos en el hospital, también le di el pecho tumbada. Me lo recomendaron las enfermeras para que yo también pudiese descansar, incluso un par de noches en casa también lo hicimos así. Pero, es una postura en la que yo no me apaño, además no descanso. Porque yo me muevo mucho en la cama y pienso que le voy a aplastar, así que estoy en un duermevela constante que no me permite descansar.

Del anterior párrafo, deduciréis que no practicamos el colecho, pero esto es otra historia digna de ser contada en otro momento

Conclusión

De momento, mantenemos la lactancia y es mi intención seguir dando de mamar al bebé hasta el momento en que me toque reincorporarme. Seguiremos dándole algún biberón cuando veamos que lo necesita.

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Puericultura
Bebé prematuro

Puericultura: productos que nos han venido muy bien

Ya os conté en otro post, aquellos productos de puericultura que no han resultado como esperábamos. Hoy os cuento qué productos de puericultura nos han terminado resultando imprescindibles. Y no, no os voy a contar ni cómo es nuestro capazo, ni nuestra silla de paseo, ni la silla del coche.

La hamaca

Yo, al principio, no tenía una opinión hecha al respecto. Nos la regalaron cuando nació el mayor y la utilizamos, pero más bien poco, porque la teníamos en otra casa que no era nuestra residencia habitual. Además, el mayor en cuanto fue capaz de sentarse, la hamaca como que no le atraía mucho. Como mucho, se dormía alguna siestecilla ahí.

Productos de puericultura que nos han venido muy bien. Hamaca

Nuestra hamaca es muy chula, tiene tres posiciones y pasa de ser un capazo a estar casi sentado. Con lo que da para un uso bastante extenso en el tiempo. Además, la hamaca puede ser mecedora o quedarse quieta, según como le coloques las patas.

Pero llegó el pequeño, y la hamaca ha sido un elemento más en nuestra decoración del salón, hasta hace unas semanas. Nos vino de lujo cuando el pequeño llegó a casa del hospital. Al dormir, hacía unos ruiditos como de puerta sin engrasar muy molestos que no dejaba dormir a nadie, así que nos turnábamos para dormir con él en el salón.

Según ha ido creciendo, la hamaca ha ido evolucionando con él, hasta terminar siendo su principal puesto de observación. Le sentábamos en la hamaca y desde ahí observaba a su hermano jugar, le tenía muy entretenido.

Aunque ocupaba un buen sitio en el espacio, era fácil de trasladar. Hasta el mayor un día, empujándola, consiguió llevarla del salón a la cocina para que el pequeño no se sintiese solo.

La hamaca nos ha hecho un gran servicio durante prácticamente un año. De no haber tenido la hamaca le habríamos tenido que tener primero en el capazo y luego en la silla de paseo o en la trona.

El parque

No me estoy refiriendo al de los columpios y la arena. También fue un regalo de un grupo de amigos cuando nació el mayor. Además, nos regalaron uno grandecito, gemelar. Evidentemente, al principio los bebés no hacen gran cosa en el parque, así que nosotros le metimos en el parque el típico gimnasio con arcos. Cuando ya fue capaz de estarse sentadito, le metíamos otros juguetes. Podía estar entretenido en torno a una hora, así que daba tiempo a hacer cosas por la casa.

Cuando el parque se le empezó a quedar pequeño, lo usábamos de almacén de juguetes, así conseguimos mantener cierto orden en el salón.

Productos de puericultura que nos han venido muy bien: el parque

Con la llegada del pequeño y desde que es capaz de estar sentado, estamos repitiendo la experiencia y con éxito. Se entretiene muchísimo. Además, da igual en qué momento del día esté en el parque, que se entretiene. No como su hermano, que sólo aguantaba el parque el ratito matutino. El pequeño siempre gruñe un poco cuando le dejas en el parque, pero se le pasa rápido, en cuanto algún juguete atrae su atención.

Ahora, además, el mayor a veces también quiere entrar en el parque con su hermano. Se ha buscado la manera de meterse en el parque sin tener que pedir nuestra ayuda. Cada uno suele jugar con algo diferente pero no quita que alguna vez se quiten los juguetes, sobre todo, el mayor al pequeño (hasta que éste sea capaz de defenderse).

Productos de puericultura que nos han venido muy bien: sacaleches-medela-swing

El sacaleches

Con este aparato tengo una relación amor-odio. De amor, porque con el pequeño ha sido fundamental sobre todo durante su estancia en neonatos. De odio, porque es ruidoso, a veces doloroso y a veces hasta frustrante. Pero, en mi caso, me ha reportado más ventajas que inconvenientes por eso lo incluyo en este post.

Con el mayor, lo usé esporádicamente, para vaciarme tras alguna toma o cuando se saltaba alguna toma. Aún así, conseguí hacer una pequeña, pequeñísima reserva. Con el pequeño, lo estuve usando cada 3 horas durante dos meses y medio y sí que conseguí hacer una reserva decente. Nunca me ha dado para hacer donaciones a un banco de leche. Desde que el pequeño llegó a casa, apenas lo usé, puesto que lo poco que producía se lo tomaba él.

En este post, te cuento nuestra experiencia con la lactancia del pequeño. 

¿Para vosotros, qué productos de puericultura han sido fundamentales? ¿Añadiríais alguno a la lista?

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Bebé prematuro

Reincorporación: llegó el día

Después de casi un año en casa, llega el día en que hay que volver a reincorporarse al puesto de trabajo. Ha sido prácticamente un año (menos 15 días) lo que he estado en casa, sin ir a trabajar, porque en una casa nunca se para y menos cuando hay niños.

Antes de la reincorporación

Desde que me dieron de baja, hasta la reincorporación, yo diría que hemos pasado por tres fases. La primera, estando aún embarazada, me dieron de baja en la semana 25 por riesgo en el embarazo, ya que el bebé no crecía como debía. Fueron 6 semanas de reposo relativo, lo que en mi caso significó «hacer la marmota» por la mañana y por la tarde paseo hasta un banco del parque y vuelta a casa. Ya en la semana 29 el bebé empezó a dar muestras de no encontrarse muy a gusto dentro, pero había que aguantar. Cuando más tiempo estuviese dentro, mejor para él.

La segunda fase yo diría que empezó con el nacimiento del pequeño y hasta que le dieron el alta en el hospital. Esta segunda fase ya os la conté en este post, así que no me voy a repetir.

La última fase, la que aún estoy disfrutando, con el pequeño en casa. Sí, hemos estado de médicos, hemos tenido mocos y toses, estamos yendo a atención temprana, pero también tenemos sonrisas y carcajadas, pequeños avances en el desarrollo del pequeño, que va creciendo, a su ritmo y con su propia curva de percentiles, pero bien.

Llegó el momento

Ahora toca reincorporarse al puesto de trabajo, con muchas novedades por lo que me han ido contando mis compañeras y con incertidumbres (no a nivel laboral). Todas sabemos que como con una madre no se está con nadie más, y eso que el pequeño se va a quedar con una persona que es de nuestra entera confianza, que sabemos que le va a cuidar y mimar. Si bien es cierto que las incertidumbres y dudas son menos, porque ya he pasado por esto otra vez.

reincorporación

Muchos preguntaréis cómo ha sido tan largo mi baja por maternidad. Os cuento un detalle que no todo el mundo sabe (o por lo menos yo no lo sabía). Cuando fui a la oficina de la Seguridad Social a tramitar la prestación por maternidad, me lo comentó la persona que me atendía. El permiso de 16 semanas que otorga la Seguridad Social a una recién mamá empieza a contar a partir de que el niño sea dado de alta hospitalaria, si se ha quedado ingresado. Para ello, ya con el informe de alta, vuelves a la Seguridad Social y te dan una nueva resolución con una nueva fecha.

A lo que hay que sumar la acumulación del periodo de lactancia y las vacaciones de 2016 que no disfruté por estar de baja.

¿Cómo nos organizamos en casa?

Con mi reincorporación a trabajar, la logística doméstica va a cambiar un poco. Será mi marido el que se encargue de llevar al mayor a la escuela infantil, mientras que el pequeño se queda en casa con una persona, que ya fue la que cuidó del mayor cuando yo me tuve que reincorporar tras mi primera maternidad.

Mi marido y yo tenemos jornada intensiva, así que a las tres de la tarde (no siempre en mi caso) salimos de trabajar. El hecho de tener las tardes libres nos permite organizar las tareas domésticas y dejar comidas preparadas para el día siguiente. Pero, sobre todo, podemos disfrutar de los niños. Sí, tenemos suerte, nuestros trabajos nos permiten conciliar en cierta manera.

Ahora, empieza una etapa con nuevas rutinas para todos, para niños y adultos. Lo de la conciliación mejor lo dejamos para otro día.

Y vosotros ¿cómo habéis llevado la reincorporación al trabajo?

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Bebé prematuro

¡Bienvenidos, cereales sin gluten!

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que los bebés y, en especial los bebés prematuros, tomen lactancia materna hasta los 6 meses de vida y a partir de ahí empezar la alimentación complementaria. En mi caso, mis hijos han alternado la lactancia materna con la lactancia artificial prácticamente desde que nacieron.

¿Cuáles son los cereales sin gluten?

El gluten es una proteína que se encuentra en algunos cereales, como el trigo, la cebada o el centeno y que los celíacos deben eliminar de su dieta. Los cereales sin gluten son el primer paso en la introducción de la alimentación complementaria. No quiero decir con ello que sea obligatorio pasar por este paso. El arroz, el maíz, la quinoa o el trigo sarraceno son cereales sin gluten.

Nuestra experiencia

El mayor empezó con los cereales sin gluten un par de tomas al día a los 5 meses y el pequeño ha empezado antes, a los 4 meses de edad cronológica.

Los últimos 15 días de estancia en la UCIN, el pequeño hizo algunas glucemias que para su grado de desarrollo en ese momento no eran normales. Le hicieron numerosos análisis y pruebas metabólicas, pero nada fue concluyente y no se sabe muy bien por qué la glucosa se alteró. Así que para evitar hipoglucemias en casa, nos dijeron que las tomas debían ser cada 3 horas y en ningún caso, debían pasar más de 4 horas.

Cereales sin gluten

El caso es que un mes y medio después de llegar a casa, el pequeño empezó a hacer las pausas nocturnas cada vez más largas. Yo me despertaba asustada y acelerada porque habían pasado más de 4 horas sin que el pequeño hubiese hecho una toma. Así que se lo comentamos a la neonatóloga que nos dijo que podíamos empezar a echarle un cacito de cereales sin gluten en las tomas del desayuno, comida y cena.

Después de dos meses tomando cereales sin gluten, la neonatóloga nos ha dicho que le podemos aumentar la cantidad en el desayuno y la cena, e incluir cereales en todas las tomas.

El pequeño tolera bien los cereales sin gluten, aunque al principio le provocaron algo de estreñimiento, pero hemos cambiado a una marca de cereales sin gluten, pero con fibra y parece que le van mejor.

Siguiente paso: la fruta, pero eso os lo cuento en otro post 😉

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Zaragoza
Viajar con niños

Viajar con niños: Escapada a Zaragoza

Hace unos meses, cuando el pequeño guerrero llevaba un par de meses en casa, decidimos que era el momento de hacer una pequeña escapada. Sabíamos que con el mayor no íbamos a tener problemas, pero el pequeño no sabíamos cómo llevaría lo de ir en coche varias horas, sacarle de sus rutinas, etc…

Vivimos en el centro de la Península, así que cogimos un mapa y vimos dónde podíamos ir que estuviese como mucho a unas 3 horas de viaje y los dos coincidimos en que Zaragoza era un buen destino y que hacía mucho que no pasábamos por allí. Así que hicimos reserva en un hotel céntrico y días después pusimos rumbo a la capital aragonesa.

Al ir con dos niños tampoco nos podíamos pasar el día turisteando y entrar en museos, pero sí que podíamos pasear, entretenernos en algún parque,… y, por supuesto, visitar el Pilar.

Por entonces, todavía le daba el pecho al pequeño y a mí no me gusta dar el pecho en público, y no es por recato (si te da corte, te echas un pañuelo por encima y listo) ni por lo que me puedan decir, es que yo estoy más cómoda (necesito un buen respaldo y tener el brazo bien apoyado, y esto en la calle no siempre lo encuentras), así que buscamos un hotel céntrico al que poder volver cuando hubiese que darle la toma al pequeño.

¿Qué ver en Zaragoza?

Uno de los planes que llevábamos en mente era visitar el Pilar y pasar a los niños por el manto de la Virgen. No se puede ir a Zaragoza y no pasar por el Pilar.Habíamos visto en Internet que había horarios para pasar a los niños, así que fue lo primero que hicimos. Debo decir que hay que ir con tiempo, se forma una cola bastante larga y son estrictos con el horario. Al mayor no le hizo mucha gracia, pero el pequeño ni se enteró.

Disfrutamos unos días de desconexión, de romper algunas rutinas con el mayor (en cuanto a horarios, sobre todo) y de comprobar que el pequeño es un bendito 😉 Así que ya estamos pensando en la próxima escapada ¿ideas? ¿sugerencias?

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Bebé prematuro

Revisión de los 6 meses

Con el nuevo año, llega la revisión de los 6 meses. Cada vez que vamos a revisión siento que me estoy examinando: ¿habrá crecido? ¿Habrá cogido suficiente peso? Todo son dudas,… De hecho, las llevo apuntadas en el móvil para que no se me quede nada en el tintero, que, aunque no seamos primerizos como padres, sí que lo somos de un bebé prematuro y no hay que olvidar que el desarrollo de los bebés prematuros es diferente.

En neonatos, nos dijeron que ya podíamos empezar con la alimentación complementaria: los cereales sin gluten y la fruta. Además, hoy nos han dicho que podemos empezar con la verdura dentro de un mes.

Por supuesto, la base de la alimentación del pequeño sigue siendo leche. Hace un mes que dejamos la lactancia materna. El pequeño parecía que se quedaba con hambre después de darle el pecho y terminaba dándole un biberón), como ya os conté aquí.

Además, han tocado vacunas. Tres pinchazos que se ha llevado el pobre. Yo creía que lo iba a llevar estoicamente porque tras el primer pinchazo no ha llorado pero a los pocos segundos ha roto a llorar y ya no ha parado hasta el final de la revisión. Ya hasta los 12 meses no nos vuelve a tocar vacunas.

En cuanto al peso y la talla, seguimos fuera de las tablas de percentiles, el pequeño lleva su propia curva. Pero como va cogiendo peso y va creciendo no nos preocupamos 🙂 Como sabéis, el tema de los percentiles no nos debe preocupar si el crecimiento del niño (tanto si es prematuro como si no) es exponencial. Realmente, los percentiles sirven para evaluar que el crecimiento del niño no se estanca. No para que vayamos comparando con los percentiles de los otros niños del parque o de la escuela infantil.

Lo mejor, para mí, llega cuando al final de la revisión de los 6 meses me dicen: «yo le veo muy bien», entonces pienso que he pasado el «examen de madre» con nota. 🙂

revisión 6 meses
La importancia de la atención temprana en los bebés prematuros
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Bebé prematuro

Nuestra experiencia con la lactancia

Antes de nada, debo decir que con el mayor la lactancia materna no fue ni un trauma ni un camino de rosas. Tuve mis momentos de dudas y momentos mejores, pero tenía claro que si tenía más hijos volvería a pasar por la experiencia de darle el pecho. En mi opinión, todo son ventajas, tanto para el niño como para la madre (salvo si aparece la temida mastitis o las indeseables grietas).

Cuando nació el pequeño, en la UCIN (UCI Neonatal), me preguntaron muy respetuosamente si tenía intención de amamantar a mi hijo. Como yo lo tenía claro, contesté que sí con mucha seguridad y la pediatra me dijo que esa era la mejor decisión, puesto que si para un niño nacido a término es lo mejor, para un prematuro como el nuestro de 31 semanas, era aún mejor.

El pequeño tenía muy poco maduro el sistema digestivo, así que de momento le iban a dejar 48 horas a dieta estricta, solo con alimentación parenteral. Ese tiempo me daba a mi margen para empezar mi relación amor-odio con el sacaleches. Sobre mi experiencia con el sacaleches, ya lo contaré en otra ocasión.

Nuestra experiencia con la lactancia
Sacaleches de Medela, modelo Swing

Al principio, era muy poquito lo que yo conseguía sacar. Todos los días, cada 3 horas, me sentaba un rato con el sacaleches, y poco a poco fue aumentando la cantidad de leche.  Como yo me sacaba más leche que la que el pequeño comía, empecé a congelarla y llegamos a tener una buena reserva en el congelador. Para ello usaba unas bolsitas de almacenamiento de leche materna.

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Bolsitas de almacenamiento de leche materna de Avent (marca que yo usaba)

Mientras el pequeño estuvo ingresado, hacíamos «ensayos» para ver si se agarraba al pecho, le tenía un ratito y luego le dábamos el biberón, con mi leche. Durante un tiempo, tuve que utilizar pezoneras, porque al niño le resultaba más fácil mamar con pezoneras que si lo hacía directamente del pezón.

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Pezoneras

Cuando ya le dieron el alta, la lactancia fue mucho más sencilla, se agarró con mucha facilidad al pecho, aún usando pezoneras. Sin embargo, la lactancia materna exclusiva duró poco y empezamos con la lactancia artificial, puesto que en algunas tomas veíamos que se quedaba con hambre. Estuvimos alternando un tiempo, hasta hace un par de semanas que ya es exclusivamente artificial.

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Leche de fórmula de Nestlé especial para niños con bajo peso

Con el mayor también dejamos la lactancia materna a partir del quinto mes porque parecía que con el pecho no le era suficiente y necesitaba más. Con el pequeño, yo creo que el hecho de no poder ponérmelo al pecho de forma habitual, más que un ratito los días que estuvo ingresado, no contribuyó a que se estableciese la lactancia en condiciones.

En cualquier caso, la lactancia es una experiencia muy personal, que establece un lazo único entre madre e hijo. La lactancia que elijas siempre será la mejor para vuestros intereses, no será ni mejor ni peor y no por ello te debes sentir juzgada. Lo importante es que el niño crezca sano y feliz.

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