Sandy
Bebé prematuro, Entrevistas

Hoy entrevisto a… Sandy

Acabamos el mes de junio con una nueva entrevista a una mamá de un bebé prematuro. Desde Guadalajara (Mexíco), Sandy nos cuenta el nacimiento y la evolución de su pequeño guerrero. En esta ocasión, Sandy prefirió rellenar el cuestionario que tenéis disponible en Google. Gracias, Sandy, disfruta mucho de tu pequeño. Sin más, os dejo con su historia.

1.- Hoy entrevisto a… Sandy

Soy Sandy González. Mi bebé nació de 29 semanas prematuro, hoy tiene 3 meses con 15 días. Vivo en Guadalajara, Jalisco México.

2.- ¿Cómo fue el embarazo?

Todo iba bien. Tuve mi cita mensual, me hicieron eco y todo se veía bien. Al momento de hacerme el tacto me dicen que tengo 2 cm de dilatación y eso se debió a que había presentado infección en vías urinarias. Deciden dejarme en observación un par de días con antibióticos y dexametasona y el bebé decide nacer 3 días después por rotura de membranas y cesárea de emergencia.

3.- ¿Cómo fue el parto, Sandy?

Nació por cesárea. Estuve sola hasta el quinto día que salí del hospital. No vi a mi bebé hasta que me dieron de alta y así fue estuvo 67 días en UCIN.

4.- ¿Cómo fue la estancia en la UCIN?

Se nos hizo corta porque los diagnósticos eran buenos y fue evolucionado. Teníamos un horario de 11 a 12 una vez al día por los 7 días a la semana. Hice piel con piel hasta después que pasó a incubadora ya sin depender de oxígeno, fue maravilloso 😍 Estuvimos con leche materna desde el quinto día que pude verlo por primera vez. Tuvimos mucha suerte con el personal. Sí estuvo dos días en fototerapia y no necesitó cirugía.

Sandy

5.- Patologías y secuelas del bebé

Respiratoria leve (ya que estuvo 1 mes intubado) ,y el resto con oxígeno. Ya fue dado de alta sin oxígeno. Desarrolló retinopatía y fue necesario la inyección en sus ojitos después de un mes. El médico dice que aceptó el medicamento y está por valorarlo nuevamente.

6.- Al alta

Al llegar a casa con mucho miedo, pero logramos llevar al día tomando temperatura, oxigenación. No necesitó oxígeno ni sonda. Estamos con rehabilitación y estimulación temprana. Hasta ahora no ha presentado discapacidad alguna.

A Sandy la podéis seguir en su Facebook

Si eres mamá o papá de un bebé prematuro y quieres contarnos tu experiencia, como ha hecho Sandy, escríbeme al correo electrónico mamadeunprematuro@outlook.es o mándame un mensaje directo por cualquiera de mis redes sociales.

Puedes leer otras entrevistas a mamás de bebés prematuros pinchando en este enlace.

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Bebé prematuro, Entrevistas

Entrevista a… Laura, mamá de Ainhoa

Tenemos una nueva entrevista en el blog, Laura, es la mamá de Ainhoa, una bebé prematura, muy prematura. En esta ocasión, su mamá me contactó a través de Instagram. A pesar de haber leído ya unas cuantas historias de bebés prematuros, no deja de sorprenderme la capacidad de superación de nuestros pequeños guerreros, que luchan y nos hacen sacar fuerzas de donde no pensamos que tenemos.

Os dejo con la entrevista, pero lee hasta el final del post, porque Laura tiene algo importante que comunicar.

1.- Hoy entrevisto a… Laura

Soy Laura, mamá de Ainhoa, una bebé prematura que llegó al mundo mucho antes de lo previsto, a pesar de los esfuerzos por retrasar el parto. La peque nació en el Hospital de La Fe de Valencia, aunque vivimos en un pueblo de Valencia. Actualmente, tiene 6 años.

2.- ¿Cómo fue el embarazo?

El embarazo fue bien hasta la semana 9, empecé con sangrados, amenazas de aborto, vómitos, llegaron a ingresarme por deshidratación, aparte tenía una anemia enorme. En ningún momento me avisaron de que podría tener un parto prematuro.

Me puse de parto en la semana 21, con un cerclaje, pudimos atrasarlo hasta la semana 25. La peque nació con 710 gramos.

3.- ¿Cómo fue el parto de Ainhoa?

Mediante cesárea de urgencia, el papá solo entró en la preparación del parto.

Siempre se me quedará en la cabeza el no poder ver a mi hija cuando nació, no poder verla, tocarla, olerla, besarla, es lo más desgarrador que puede sentir una madre.

4.- ¿Cómo fue la estancia en la UCIN, Laura?

La estancia en la UCIN más bien diría que fue infinita, pero gracias al buen trato de los médicos y enfermeros, y el poder estar con mi hija todo el día sin el horario restringido, lo hizo mucho más ameno.

El PIEL CON PIEL no pudimos hacerlo hasta los sesenta y ocho días. Eso sí, una vez realicé el método no la soltaba, solo para ir a sacarme leche.

Laura y Ainhoa

La lactancia materna fue para mi una de las mejores defensas que pude darle en ese momento a mi hija, Llegué a obsesionarme con sacarme leche ya que me dijeron que era lo mejor que podía proporcionarle a mi hija.

Los médicos, enfermeros… tienen mucha delicadeza a la hora de informarte de la evolución de tu hijo. En nuestro caso, fueron claros y transparentes desde el primer momento. Nos informaban de cada paso y cada medicación que necesitaba mi hija. Toda pregunta que tenía en mente nos lo explicaban con el tiempo necesario y de la manera más comprensible. Nos aconsejaban de todos y cada uno de los cuidados que necesitaba el bebé.

Necesitó una intervención en la incubadora de la UCIN ya que tenía una retinopatía de prematuridad y un drenaje pulmonar.

Estuvo dos días con fototerapia.

5.- Patologías y secuelas del bebé.

Mi bebé no nació con ninguna patología, todas y cada una de ellas fueron apareciendo a los pocos días y semanas al nacer tan extremadamente prematura.

Las secuelas son una hipoacusia bilateral neurosensorial, displasia broncopulmonar y foramen oval que le cerró hace unos meses.

6.- Al alta

Su llegada a casa fue ampliamente deseada pero temida a la vez, ya que me llevé a casa a mi pequeña con oxígeno, después de cuatro meses y medio ingresada.

Estuvo con fisioterapeuta desde los siete meses y medio hasta los catorce meses. Hasta día de hoy sigue asistiendo a atención temprana y logopedia.

A Laura podéis encontrarla en redes sociales:

Laura, además, tiene un blog en el que va contando cómo es su experiencia como madre de una bebé prematura y por todo lo que están pasando tanto ella como su bebé. Tiene publicaciones muy interesantes sobre los problemas más comunes que pueden tener los bebés prematuros. Os animo a visitarlo PINCHA AQUÍ

Además (y ésta es la gran noticia), Laura, en breve, va a publicar un libro «Marcas en mi piel«. Lo ha titulado así porque la cesárea no es la única marca que le quedó del parto, cada vivencia y cada experiencia de su embarazo se han quedado marcadas en su piel. Podéis reservarlo a través de sus redes sociales (yo ya lo he hecho).

Si eres mamá o papá de un bebé prematuro y quieres contarnos tu experiencia, como ha hecho Laura, la mamá de Ainhoa, escríbeme al correo electrónico mamadeunprematuro@outlook.es o mándame un mensaje directo por cualquiera de mis redes sociales.

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Bebé prematuro, Entrevistas

Entrevista a… Diana, mamá de David

Diana contactó conmigo a través de Facebook, ella también quería compartir su historia como mamá de un bebé prematuro.

1.- Hoy entrevisto a… Diana

Diana Fernanda Jiménez García y el nombre de mi bebé es David Elías Farías Jiménez. Yo lo llamo Cherrisito y nosotros vivimos en México, Nuevo León- Él nació de 25 semanas, pesando 870 gramos y midiendo los 34 cm.

2.- ¿Cómo fue el embarazo?

Todo estuvo excelente en mi embarazo, era un embarazo múltiple y por consecuente era de alto riesgo. Siempre me cuidé en todo el aspecto posible, con vitaminas, con comida nutritiva y todo estuvo excelente hasta que empecé con dolores de parto. Yo, como mamá primeriza, pensé que eran los dolores de braxton hicks pero no, ya estaba en labor de parto y yo no lo sabía. Le mandé a mi doctora mi moco y ella me atendió hasta las 12:00 pm.

Cabe mencionar que los dolores yo los empecé a sentir a las 9 de la noche del día anterior, y cuando llegué con ella ya tenía de dilatación 3 cm y me dijo que me fuera al IMSS a hacer un cerclaje para retener a mis bebés y ya lo mínimo que pudiera pararme en los siguientes meses. Tenía 6 meses de embarazo y claro ¡por mis hijos iba a hacer todo! Pero cual fue mi sorpresa que cuando llegué al IMSS ya tenía dilatación de 6 cm y eso fue en un rato, casi doy a luz en el Uber.

3.- ¿Cómo fue el parto, Diana?

Fue vaginal, ya que mis bebés eran muy pequeños y fáciles de sacar y no era necesario todo el show de la cesárea. Tristemente mi esposo no pudo estar presente ya que cuando pasó eso, el se encontraba de viaje y yo me había quedado a dormir con mis papás en ese tiempo. Tristemente yo no pude ver ni saber nada de mis bebés en 2 días hasta que mi esposo los fue a ver después de que llegó de viaje . Como mamá primeriza fue lo más difícil que pasé.

4.- ¿Cómo fue la estancia en la UCIN?

Al día siguiente que me dieron de alta llevamos a nuestro ministro a que orara por nuestros bebés ya que nos daban baja posibilidad de que sobrevivieran. A los 2 días de nacidos, uno de mis pequeños llamado Esteban falleció por una hemorragia en su cerebro, y tristemente fue en cuestión de minutos, y no pudieron salvarlo.

Pero seguimos luchando por mi David, fueron 4 meses que se nos hicieron eternos. Hicimos mucho contacto con él, le hablábamos, cantábamos con él y no dejábamos de orar por él y claro con horarios tan cortos que yo salía llorando del hospital porque ya quería pasar todo el tiempo con mi hijo. Gracias a Dios tuve a mi esposo y a mis padres que no dejaron que me cayera. 

El trato del personal fue excelente, aunque las noticias no eran buenas en algunas ocasiones no perdíamos la fe en Dios de que todo iba a ser como El quería. Llegó el momento en que tenía que llevarle leche materna, y al principio no fue tan difícil ya que solo pedían 2 ml de leche para cada 3 horas pero después fue tan difícil cumplir las exigencias de mi hijo ya que en un abrir y cerrar de ojos ya comía 2 oz de leche y ahí sí batallé muchísimo.

Como nació muy chiquito, necesitaron operarlo de su corazón de un soplo que tenía, y cerraron un conducto arterioso que cuando nacen se supone que se cierra solito, en este caso muy particular hubo una intervención. Dicha operación fue el 24 de Diciembre del 2020 con los posibles riesgos ya mencionados que no podría soportar la operación, y pudo haber quedado en la plancha. Pero Bendito Dios salió adelante.

Diana y David

5.- Patologías y secuelas del bebé

Gracias a Dios no tuvo ninguna. Todo está excelente.

6.- Al alta

La alta fue el día más feliz de mi vida. Éll no necesitó ni oxígeno ni sonda ni nada. En el IMSS no dejaban tomar fotos, y toda la familia más cercana estaba a la expectativa de como sería el bebé. Fue mágico. La verdad ha valido la pena cada instante.

Quiero agradecer a la iglesia de Cristo, a mi familia, segunda familia que me acogió en su casa como si fuera parte de su familia, a nuestros amigos por nunca dejar de orar por nosotros y por nuestro hijo. 

Especialmente a mis papás, a mi suegra y a mis cuñados Hely, Jorge, Erik, Gabriel, Ani y Ricardo por todo su apoyo en todos los aspectos. Siempre haré todo lo que esté a mi alcance para expresarles mi gratitud, no solo con palabras, sino también con hechos. Los amamos muchísimo. Y que Dios me los bendiga grandemente.

LO ÚNICO QUE PUEDO DECIRLES A LOS PAPÁS DE UN BEBÉ PREMATURO ES PONERSE EN MANOS DE DIOS. ES UN PROCESO MUY DÍFICL PERO DESPUÉS ES UNA RECONFORTACIÓN ENORME. CUALQUIER COSA NO DUDEN EN ESCRIBIRME.

Mis redes sociales son:

IG. diana.jimenez.96

Facebook. Diana Jiménez

Correo: diana.jimenez93@hotmail.com    

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Sonia
Bebé prematuro, Entrevistas

Entrevista a… Sonia

A Sonia ya la conocéis si sois lectores habituales del blog. Sonia es la autora de «Nenufar«. Además, es mamá de un niño prematuro, que inspiró su cuento. Os dejo con su experiencia como mamá de un bebé prematuro, un bebé que tenía mucha prisa por conocer a sus padres y a su hermanito mayor.

1.- Hoy entrevisto aSonia

Sonia Martos, vivimos en España, Jaén. Soy mamá de dos niños, de 13 y 3 años. Ambos nos sorprendieron con su temprana llegada. Aunque el mayor no fue prematuro, también vino al mundo 3 semanitas antes de lo esperado. El pequeño nació a las 30 semanas de gestación, y este mes cumplirá 4 añitos.

2.- ¿Cómo fue el embarazo?      

A las 26 semanas de gestación rompí la bolsa, de inmediato me pusieron medicación para madurar los pulmones del peque, y la ginecóloga que me vio en ese momento me dijo que mientras no hubiese infección y el peque y yo estuviéramos bien, el embarazo podía continuar adelante, que lo ideal era que aguantásemos al menos 4 semanas. Sin poder hablar e inmóvil por no perder ni una gota del líquido mágico que hacía flotar a mi bebé, me subieron a una habitación, me dieron un camisón y me preparé para pasar 4 semanas en el hospital, 4 semanas que yo en ese momento deseaba que fueran por lo menos 10. Le decía a mi peque que aguantara, que mamá lo quería y que desde fuera lo cuidaba.

Lloraba, lloraba y lloraba cada vez que venía el ginecólogo a visitarme. Me explicaba que mi niño estaría bien aunque tuviera poco líquido, que no estaba seco, y que podríamos aguantar. Yo no quería moverme, porque cada vez que lo hacía el líquido rebosaba de mí, se me escapaba sin yo poder hacer nada por retenerlo. Me aguantaba las ganas de hacer pipí para no moverme, no quería ni darme la vuelta en la cama. De repente habían pasado 3 horas y no había salido ni una gota, pero al rato, ya estaba fuera otra vez.

Fueron momentos de angustia, pero también de esperanza, un día más en el hospital era un día ganado para mi peque, así fuimos viviendo, el día a día, de la mejor manera posible.

Echaba mucho de menos a mi hijo mayor que se había quedado en casa de los abuelos y titos. Lo llamaba y se me partía el alma por no poder estar con él. Se portó como un campeón, responsable con sus tareas y aguantando la espera como nosotros.

Me dieron permiso para venir a casa, para mí, aunque tenía mucho miedo de ponerme de parto en casa, fue un alivio porque podía estar con él. Recuerdo su cara el día que vino del cole y me vio tumbada en el sofá… Fueron momentos difíciles para todos.

Una semana antes de dar a luz estuve bajando a monitores con contracciones que comenzaban a las 5 de la mañana, pero que a las horas se pasaban. Una de esas noches comencé a dilatar. Me medicaron para parar el parto, lo recuerdo como un mal sueño, me pusieron sulfato de magnesio, que es un neuroprotector fetal. Esta medicación tenía unos efectos secundarios fuertes  para mí, me tomaban la temperatura cada 10 minutos, me sondaron… fue un día horrible, que sirvió para aguantar un poco a mi bebé dentro de mí, pero a la madrugada siguiente dijo que ya salía, que no quería esperar más, quería vernos a todos.

Me puse de parto a las 6 de la mañana, unos dolores mucho más intensos que en mi anterior parto, las contracciones no me daban descanso y tenía ganas de empujar. Sabía que ya era el momento.

3.- ¿Cómo fue el parto?

Fue un parto vaginal. Muy doloroso, las contracciones eran muy intensas y no había descanso entre una y otra. Yo ya había parido sin epidural, pero el dolor de este parto superó con creces el anterior.

Salió de mí, se asomó a la vida, y lloró. Bendito llanto. El paritorio estaba lleno de gente esperando que naciera y allí había una incubadora caliente que hizo las veces de madre. No pude sentirlo cerca, no pudimos tener nuestro piel con piel, no pude olerlo. Fue todo tan frío. Mi marido se fue con él junto con el séquito de pediatras y enfermeros y yo me quedé sola, en el paritorio, y después en reanimación.

4.- ¿Cómo fue la estancia en la UCIN?

Entré en la UCI en silla de ruedas, tenía la mirada perdida, ese olor a desinfectante, los ruidos de las máquinas, parecía que no era mi historia, estaba casi en estado de shock.

La primera vez que lo vi en la incubadora, lleno de cables, con unas tijeras enganchadas a su cordón que eran casi más grandes que él… no fui capaz de mirarlo. No podía decirle nada, no fui capaz de decirle «aquí está mamá». Fue muy duro para mí. No tener a mi hijo en brazos y ofrecerle mi calor, mi olor, el ruido de mi voz. Me fui de allí, me fui a la habitación de nuevo, supongo que porque no quería creerme lo que me estaba pasando, porque quería creer que era un sueño y que me despertaría en casa con mi bebé en brazos y con su hermano y papá a nuestro lado.

Pero no, no era un sueño, era una realidad, la mayor de las realidades y tenía que afrontarla, mi hijo me necesitaba y tenía que estar con él. Él necesitaba tener a su madre contenta, hablándole y tocándole por ese agujerito que era su único contacto con el exterior.

Me preocupaba muchísimo no poder alimentarlo con mi leche, pregunté si podría hacerlo y me dijeron que sí, que probase a sacarme leche y que mientras me subía, le darían leche donada. Desde aquí quiero dar las gracias a ese grupo de madres que de manera altruista donan la leche para que bebés como el mío puedan ser alimentados hasta que nos suba la leche.

Llegas a la sala de lactancia, de nuevo con la mirada perdida, asustada. Te explican cómo has de sacarte la leche y entregarla para posteriormente ponérsela a tu bebé con una sonda que tiene en su nariz. ¿En serio? No, esto no es verdad, mi instinto de madre me impedía creer en esta realidad, pero sí, esa era mi realidad, la mía y la de cada mujer que va pasando por el lactario hora tras hora. Conocí a Mada, me explicó su historia y me dio ánimos para seguir adelante. Su historia es dura, como la de cada mamá que ha ido pasando por ahí.

Llega un momento en el que eras la veterana y ves llegar a mamás con la misma mirada perdida que yo tuve al principio. Creyendo que esa no es su vida, pero nos contábamos nuestra historia y nos ayudábamos a superarlo.

La leche no tardó en subirme y la entregaba para congelarla y que se la dieran después. Al principio apenas tomaba 3 mm, así que me dio para tener un buen banco de leche.

Los primeros días ni me atrevía a preguntar si había hecho peso, temía que me dijeran todo lo que había perdido, y tardé más de una semana en preguntar. Pesó 1040 gr.

Los días eran siempre los mismos. Levantarnos, llevar al mayor al cole y vuelta al hospital. Llegar a la UCI, ese olor tan característico a desinfectante. Pasar por los boxes de los otros niños mirando hacia abajo para no ver nada de lo que sucedía a nuestro alrededor, para no ver las miradas tristes de los otros padres. Llegar a nuestro box, desinfectarnos las manos y mirar a nuestro pequeño a través de ese cristal tan frío. Esperar que llegara el médico para ver cuánto peso había hecho, que tipo de prueba le tenían que hacer.

Sonia

A los pocos días se puso amarillo, me hicieron una analítica para ver si él tenía un rechazo a los glóbulos rojos, al parecer mi RH y el suyo no eran compatibles. La primera mala noticia. Había varias fases para paliarlo, una, con medicación, y si no mejoraba habría que tratar con fototerapia. Con la fototerapia su incubadora estaba tapada con sabanitas y él tenía todo el tiempo unas gafitas para que no le molestaran los rayos, no podíamos apenas verlo para no quitarle exposición, verlo tan frágil nos partía el alma.

El primer día que me dijeron que lo podía coger fue increíble. Me quité la ropa y me lo colocaron en mi pecho. Aún puedo recordar su cuerpo caliente encima de mí, pesaba tan poco y transmitía tanto… Fue emocionante tenerlo, por primera vez nos sentimos cerca, piel con piel, oliéndonos y sintiéndonos. 

Practicamos método canguro durante el día. Esto facilitó que se enganchara pronto a la teta. Después de varios días en método canguro hubo un día en que se agarró. Tenía tanto miedo a que no llegara ese momento… pero lo hizo, siguió su instinto y llegó a succionar muy poquito, pero lo hizo. Llamé corriendo a las enfermeras para que lo vieran.

Al tiempo salimos de la UCI y fuimos a Neonatos. Ahí transcurrieron los días hasta que una semana justo antes de irnos a casa, empezó a ponerse malito, durante varios días le hicieron pruebas hasta que dieron con lo que tenía. Había cogido el virus sincitial respiratorio (VSR), no lo podía creer, si no había tenido contacto con nadie. Después de valorarlo, nos dieron la peor de las noticias, volvíamos a la UCI.

Recuerdo esa noche como la peor de mi vida, mi marido y yo no podíamos ni hablar. Las enfermeras y médicos lo volvieron a preparar y nos miraban con cara de preocupación aunque dándonos ánimos. A la mañana siguiente le hicieron más pruebas, tenía neumonía. Grité, lloré y pataleé, no me podía creer que a tan solo una semana antes de irnos a casa pudiera estar pasándonos eso.

Dejé de ir al lactario a sacarme leche, me llevé mi propio sacaleches a la UCI y me pasaba el día con él, dándole ánimos. La

Me dijeron que empeoraría y sorprendentemente fue mejorando, incluso todas las horas que yo pasaba en el hospital comía solamente teta, con la teta se cansaba menos que con el biberón y sus constantes mejoraban.

Tuvimos un trato excepcional por parte del personal de UCI del hospital. Nos informaban absolutamente de todo, nos daban ánimos y reían y lloraban con nosotros. Solo tengo agradecimiento hacia ellos. Con algunas enfermeras aún sigo manteniendo el contacto.

5.- Patologías y secuelas del bebé

Hemos seguido sus revisiones en Neonatos hasta los dos años y todo ha ido estupendamente. Tiene una sonrisa siempre marcada en su rostro y unas ganas gigantes de comerse el mundo.

6.- Al alta

Teníamos muchas ganas de que nos dieran el alta, pero también temíamos el momento. Sorprendentemente, el día que llegamos a casa, fue como si todo hubiese sido un sueño. Su hermano mayor lo estaba esperando y fue el mejor momento que vivimos. Por fin estábamos los 4 juntos.

Como llegamos a casa con lactancia materna exclusiva, lo pesábamos diariamente como en el hospital para ver si iba haciendo peso y quedarnos tranquilos.

Este mes cumple 4 años, 4 maravillosos años en que los que ha puesto nuestras vidas patas arriba, es un ciclón y siempre está sonriendo, es feliz y nosotros con él.

Cada día le doy gracias por elegirnos como su familia desde el lugar en el que están los bebés antes de nacer.

El cuento de Sonia, «Nenúfar» se puede adquirir en su propia página web www.soniamartos.es, a través de sus páginas de Facebook e Instagram @soniamartosuniendoletras, o por correo electrónico cuentonenufar@gmail.com. También lo podéis encontrar en Amazon y en algunas librerías.

Nenúfar

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Emelyn y César
Bebé prematuro, Entrevistas

Entrevista a… Emelyn, mamá de César

Hoy es Emelyn la que nos cuenta la llegada de César, un «guerrero Prematuro», como le llama su madre. Desde México, nos llega este testimonio tan intenso.

1.- Hoy entrevisto a…

Emelyn Domínguez Jiménez, Mamá de César Alvízar Domínguez  “El guerrero prematuro” Vivimos en Coatzacoalcos, Veracruz en México .

César nació de 34 semanas por preeclampsia severa; con Dificultad Respiratoria Neonatal, hoy  tiene 23 meses (1 año 10 meses)

2.- ¿Cómo fue el embarazo?

Mi embarazó fue muy atropellado. A las 14 semanas, me internaron por Hipermesis Gravídica, que me causo deshidratación. Posteriormente, desde los cinco meses me hinchaba, tenía dolores de cabeza intensos pero siempre me decían que era normal por el embarazo. A las 30 semanas, en un ultrasonido detectaron en el cerebro del bebé ventriculomegalia, y tenía tres cuerdas en el cuello, con ello la revisión se volvió más constante. Cada tres días me realizaban un PSP (monitoreo del corazón del bebé). A las 32 semanas, detectaron holigohidrapnios (se me bajó el líquido amniótico) y me internaron para subir el líquido amniótico, me pusieron 3 inyecciones de maduración pulmonar y me mandaron a casa.

Para las 34 semanas, en uno de los chequeos de “rutina”, me checaron la presión y la manejaba alta 150/110 (México) me dijeron que me quedaría a monitoreo. Sin embargo cuando me colocaron el monitor de frecuencia mi presión subió hasta 200/110, PREECLAMPSIA SEVERA. Me colocaron dos inyecciones de sulfato de magnesio para evitar las convulsiones y entonces la Ginecóloga me dijo “no puedo hacer más, te voy a operar” recuerdo que dije ¡NO! Mi hijo no está listo.

 3.- ¿Cómo fue el parto?

El hospital era público. Entonces estaba totalmente sola, mi esposo trabajó ese día apenas hubo tiempo que le llamaran para avisarle. Mi prima quien me acompañaba ese día fue la que tuvo que firmar la responsiva ante la emergencia. 

Me llevaron a la sala de parto, no recuerdo ni la anestesia, de repente escuché llorar a mi bebé y lloré también, pensé que todo había pasado; sin embargo corrieron los minutos y solo llegó un joven doctor con la peor de las noticias ¡Lo siento, no va a poder conocer a su hijo, está muy grave”, sentí que moría en vida.

Ahí mientras me limpiaban y me cerraban la herida dijeron que mi placenta estaba calcificada, desprendida y cuando la sacaron era pequeña y se partió en dos, que el niño indiscutiblemente tenía que nacer, y se preguntaban ¿Cuánto tiempo habría vivido con un placenta en esas condiciones (con mínimo paso de oxígeno y sangre)?

Estaba ahí sin poder moverme, quería correr a ver a mi niño; solo miraba a esa luz parpadeante en el techo preguntándome «¿cómo nunca se dieron cuenta de que mi placenta no funcionaba? ¿Cómo nunca hicieron caso a todas mis señales de preeclampsia? ¿Porque no insistí si sabía, si sentía que algo iba mal?  ¿no sabía si iba a conocer a mi hijo vivo?».

Tres días viví en agonía, sin poder conocer a mi bebé. No me lo permitían hasta que mejorara y me dieran el alta; me colocaron en un cuarto con dos mamitas que tenían a sus hijos con ellas (algún tipo de violencia psicológica obstétrica); al segundo día dejé de escuchar, estaba como en una burbuja, mientras me decían que mi hijo no había madurado sus pulmones, que ni siquiera se veían en los rx, que me preparara para cualquier cosa.    

4.- ¿Cómo fue la estancia en la UCIN?

Mi esposo fue quien vio tres días a mi bebé. Mi hijo estaba intubado por Dificultad Respiratoria Neonatal, no reaccionaba, estaba en ayuno; solo había dos horarios para los informes y las visitas a las 10 de la mañana y a las 5 de la tarde; fines de semana solo una oportunidad a las 12 del día.

En el momento que me dieron el alta, subí al tercer piso del hospital a conocer a mi bebé; me permitieron pasar y estaba en su incubadora dormidito; cuando le hablé mi hijo reaccionó, abrió sus ojitos. Todos se sorprendieron. Se despertó de su sueño profundo por primera vez al escuchar la voz de mamá. Y comenzó a luchar por su vida.

Encontré médicos que aunque me dolía que me hablaran con la verdad, también supieron guiarme. Me dijeron que si creía en Dios que le pidiera mucho que solo Él tenía el control, entonces entendí que mi base de acción tendría que ser la fe.  Una doctora me indicó como debía iniciar mi dolorosa lactancia a pesar de no saber qué pasaría.

¿Qué tal con la lactancia materna?

Conocí la lactancia sin bebé, con un extractor eléctrico como mi compañero cada tres horas; las madrugadas devastadoras, sufriendo cada gota de leche, alguna ocasión me venció el sueño y el dolor. Desperté con mi pijama mojada y lloré, lloré tanto, era leche perdida, leche desperdiciada. Nadie se atrevía a decirme que descansara mi cesárea; en realidad, era mayor el dolor del alma. Fui de Lunes a Lunes sin descanso, sin falta a ninguna visita.

Pasó de la intubación, al casco cefálico, después a las puntas. Parecía mejorar. Un día comenzó a bajar de peso de 1 kilo 900 gramos hasta llegar a  1 kilo 600 gramos, llegamos a la visita y mi hijo nuevamente tenía el casco cefálico (segundo nivel de apoyo respiratorio) nos dijeron que en los análisis marcaba Sepsis por klepsuella y estresptococos, nos explicaron lo que representaba y quedamos devastados. Fue una recaída muy dolorosa.   

A partir de ese momento aprendimos a “Vivir un día a la vez”. Vivíamos día a día sin ilusionarnos, pero nunca soltamos nuestra fe, que nuestro hijo saldría pronto. Fue mejorando con los días y los antibióticos hasta que nos permitieron iniciar el piel a piel, fue uno de los días más felices de mi vida. Le costó mucho trabajo la succión, se cansaba, y a mi el darle de comer con los tubos, las sondas, mientras le pasaban medicamentos; pero nos fuimos acoplando hasta lograrlo y que subiera de peso.

Fue un mes de sufrimiento y sacrificio, pero también de aprendizajes para la vida.

Emelyn y César
Nuestra foto representa la culminación de un ciclo de lucha, el triunfo sobre la muerte; de agradecimiento a la vida

5.- Patologías y secuelas del bebé

César salió con Displacía Broncopulmonar (un tanque de oxígeno en casa) y Leucomalacia cargando en su maleta. El primer año tuvimos cerca de 9 reingresos hospitalarios por la Displacía Broncopulmonar. La más difícil fue una neumonía a los 8 meses ocupamos de nuevo oxígeno y pasó 15 días internado .  

Los médicos me hablaron de la importancia de las Terapias de Estimulación en niños prematuros y por el antecedente de Leucomalacia (un tipo de Parálisis Cerebral leve). Hemos trabajado con César desde los 4 meses una vez que nos permitieron, iniciamos las Terapias Físicas en un sistema CRIC (es como un teletón pero no es gratis).

A los 18 meses comenzó Terapia de Lenguaje. Por la pandemia la toma particular. Tiene Retraso Global en el Desarrollo, va despacio, a su ritmo pero con grandes logros. Un día a la vez. Apenas hace unos días con 23 meses me dijo “Mamá”.

Desde hace un mes recibe un apoyo del Gobierno “una beca de discapacidad” con lo que pretendemos cubrir sus necesidades y los costos de las terapias y revisiones médicas.

Me han dicho especialistas que debido a la difícil gestación y nacimiento César debería ser “al menos” Cuadripléjico; pero César es de esas situaciones que solo se saben explicar cómo MILAGROS, en apariencia es un niño con mucha energía y movilidad.

6.- Al alta, ¿Qué tal fue la llegada a casa?

La llegada a casa de César trajo retos y aprendizaje. Ha sido una batalla cuesta arriba pero que hemos afrontado como familia. Tiene un hermanito mayor que lo adora y lo cuida; tenemos agenda llena de citas, terapias es otro ritmo y en un principio César tenía prohibido salir a lugares públicos, tener contacto con personas que tuvieran gripa o tos. Aprendimos sobre el cuidado de la salud, el lavado correcto de manos, los efectos de las corrientes de aire en niños con afectación crónica pulmonar.

Mi familia renació el día en que César dejo a tras UCIN, somos más amorosos, más empáticos, más consientes, valoramos más la vida y vivimos UN DÍA A LA VEZ.

No tenemos prisa sabemos que lo imposible, solo tarda un poco más.

Podéis seguir a Emelyn a través de su cuenta de Twitter o en su página de Facebook.

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Gonzalo
Bebé prematuro, Entrevistas

Entrevista a… Cristina, mamá de Gonzalo

Ayer estábamos en Barcelona, con Katherine y la pequeña Ainhoa y hoy nos vamos al sur, a Almería, desde donde Cristina nos cuenta la llegada de su pequeño Gonzalo, el peque de ojos azules que encabeza el post de hoy. Os dejo con su testimonio, lo cuenta con tanto detalle que parece que lo estuviese viviendo ahora.

1.- Hoy entrevisto a…

Cristina, mamá de Gonzalo, que nació en Almería el 21/09/2019 con 27 semanas de gestación. Ahora tiene 13 meses.

2.- ¿Cómo fue el embarazo?

Mi embarazo fue muy bueno. Me enteré muy pronto de que estaba embarazada y nada hacía sospechar que iba a desencadenarse así. Todas las pruebas y controles eran correctos y normales. El embarazo iba muy bien salvo por los ardores y el enorme asco que sentía al ver, oler o tan solo pensar en queso fundido. Nada fuera de lo común.

Desde que vi el test positivo o incluso desde antes de plantearme tener hijos, sabía que el seguimiento de mi embarazo y el parto sería a través de la sanidad pública y así fue. No obstante, decidí contratar un seguro privado para poder seguir la evolución del embarazo mensualmente. Aunque, la verdad, solo fue por el placer de ver al bebé más a menudo.

Las ecografías cada vez me impactaban más. Escuché su latido y lo vi moverse por primera vez, luego lo sentí. Sus movimientos, sus pataditas… Una experiencia increíble.

Todo iba bien hasta que…

En la semana 26 algo me preocupó. Me di cuenta de que un flujo espeso estaba apareciendo. Yo me encontraba bien, no había sangre y todo lo que leía me llevaba a pensar que era algo normal: Hormonas placentarias, fabricación del tapón mucoso y un sinfín de términos que me alejaban del alarmismo.

Entre tanto, sufrí una caída en casa. Aunque no me hice nada pensé que lo mejor era acudir a urgencias para comprobar que todo seguía bien y, ya que estaba, aprovechar para que me sacaran de dudas respecto al flujo.

Era viernes por la tarde y pensé que en el hospital del seguro privado me atenderían más rápido, y como estaba casi convencida de que era una consulta sin importancia de mamá primeriza en apuros, acudí allí. No me vio un ginecólogo ni me hicieron una exploración. Me atendió una matrona, escuchamos el latido y me dio el informe en el que indicaba la buena evolución del embarazo, así que me fui a casa.

Me encontraba perfectamente y el bebé no paraba de moverse. Al parecer todo iba bien, aunque algo me decía que estuviese alerta. Pasé el fin de semana sin ningún problema, salvo el dichoso flujo, que seguía siendo especialmente espeso y raro. El 16/09/2020 por la mañana fui a ver a mis padres y luego a recoger un paquete. Vida normal.

El caso es que la oficina de Correos está muy cerca del hospital público donde tenía claro que daría a luz cuando llegase el momento, así que cuando salí de allí decidí pasar por urgencias como si fuese a hacer un recado más, dispuesta a que me mandasen a casa por pesada y por contribuir a colapsar las urgencias por una tontería.

Allí sí me vio un ginecólogo y me hicieron una ecografía y exploración. Y me cayó el jarro de agua fría. No olvidaré sus palabras: “Te quedas ingresada, es una amenaza de parto”.

Siempre me quedará la duda de si unos días antes, si me hubiese visto un ginecólogo se podría haber evitado este desenlace. Nunca lo sabré.

Pensé que había escuchado mal, que se había confundido de paciente. Pero si estoy de 26 semanas, es imposible. Además, me encuentro bien, no me duele nada, yo solo venía a una consulta de primeriza preocupada. En mi mente todo era incredulidad hasta que se acercó una enfermera y me preguntó que si quería llamar a alguien, ya que había ido sola. Así que reaccioné y me di cuenta de que iba en serio.

Ese día llegaban los alumnos a los institutos y mi marido estaba en uno de ellos, preparado para recibirlos, pero no pudo conocer a los grupos que le tocaban ese curso porque lo llamé y le dije: “Estaba en Correos, he pasado por urgencias y… ven ya, dicen que estoy de parto”. Se lo dije sin creérmelo mucho todavía, pero, efectivamente, había contracciones. Yo no las notaba, pero las había. El tratamiento para frenar el parto funcionó y dos días después me iban a dar el alta. Recogí mis cosas, le di unas flores a mi compañera de habitación que se encontraba en una situación similar a la mía y esperé a que me dijeran que podía irme, eso sí, después de volver a pasar por el ginecólogo.

Pasé a su consulta como si entrase a hacer un trámite más y todo se derrumbó de nuevo cuando me dijo que había dilatado y que no podía irme, Gonzalo podía nacer en cualquier momento.

A partir de ahí, usamos la gravedad para impedir que la bolsa bajase. No podía moverme para absolutamente nada para evitar rotura y, además, nadie sabía cuánto tiempo estaría así. ¿Una semana? ¿Un mes? ¿O hasta llevar el embarazo a término?

Las matronas me decían que cada día que el pequeño pasase en el útero era un paso más, que había que intentar aguantarlo todo lo posible y que cada semana cumplida era una batalla ganada. Pero, finalmente, fueron tan solo dos días. El 21 de septiembre Gonzalo nació con 27 semanas de gestación.

Durante el ingreso viví momentos muy intensos, aunque me sentí muy acompañada. Por suerte, todavía no estábamos inmersos en la pandemia y cada día recibía visitas de amigos y familiares. Eso ayudaba a sobrellevar la situación, aunque no solo sentí el apoyo de la gente conocida sino también del personal del hospital. Una matrona se sentó en mi cama un día y me dijo que le hiciese todas las preguntas que quisiera, me escuchó y yo pude desahogarme con ella. Otra matrona me informó de los posibles riesgos y secuelas que pueden tener los bebés prematuros y me habló de las asociaciones APREM y APREAL. Se dirigía a mí con sinceridad, pero con tacto y, sobre todo, con mucha paciencia. Creo que es importante agradecer la empatía que mostraron en un momento tan difícil para cualquiera.

3.- ¿Cómo fue el parto?

Durante la tarde del viernes 20 de septiembre empecé con contracciones. Esta vez sí las notaba. Sobre las 20:00 h me dijeron que Gonzalo venía ya, pero que tenía que aguantar un poco más (4 horas concretamente), ya que tenían que administrarme la neuroprotección y la ayuda para la maduración de sus pulmones y así intentar evitar posibles complicaciones. Fueron horas muy largas y dolorosas física y emocionalmente.

Diría que para las madres de bebés prematuros el parto nunca es como lo pensamos. ¿Fue vaginal o por cesárea?

Nació por cesárea a las 00:20 horas, ya que no podía colocarse bien. Él era muy pequeño y tenía demasiado espacio libre para moverse.

La verdad es que no me había parado a pensar en el parto antes. Estaba en una etapa del embarazo en la que mis pensamientos se centraban en preparar su habitación, su ropita…

¿Pudo estar el papá? ¿Pudo la mamá ver al bebé antes de que se lo llevaran a la UCIN?

El papá no estuvo en quirófano durante la cesárea, pero sí durante esas 4 horas previas ya que la neuroprotección y maduración pulmonar me la pusieron en una sala de dilatación y pudimos estar solos allí durante ese tiempo, incluso pudo estar mi madre un ratito gracias a la matrona que escuchó mis preguntas antes.

Esas horas fueron interminables. Recuerdo que entró un grupo de personas vestidas con batas de dibujitos y me dijeron: “Somos de UCI Pediátrica y ya lo tenemos todo preparado para Gonzalo”. Ahí me derrumbé. Tuve mucho miedo.

Llegó la hora de entrar en quirófano y me despedí de la matrona dándole las gracias por como se había portado, pero ella se puso un gorrito y me dijo que no se iba, que entraba conmigo. Mientras preparaban la anestesia y los dolores ya eran incesantes, me dijo que le agarrase fuerte la mano. Todavía hoy me siento culpable por no haberme disculpado si le hice daño con tanto apretar. Ella ocupó el lugar del papá y me ayudó.

Gonzalo 3

El alivio que me produjo la anestesia me permitió centrarme en el momento que estaba viviendo y pude escuchar a los médicos decir que ya lo tenían, pero yo no vi a mi bebé.

Después, en reanimación, me trajeron mantas porque hacía un frío horrible y dos enfermeras charlaron conmigo hasta que me llevaron a la habitación sobre las 4 de la madrugada. A esa hora empecé a mandar mensajes a todo al mundo anunciando que Gonzalo había nacido y que había pesado 1,050 kg y medía 35 cm. Fue la forma que encontré para pasar las horas rápido hasta poder ir a verlo.

Y ya, a primera hora de la mañana, sin dormir, pedí la silla de ruedas y fui a conocerlo.

Fue un momento feliz y amargo a partes iguales.

Estaba quietecito en su incubadora, con una piel enrojecida que no era piel y que dejaba ver todas las venitas de su cuerpo, tenía la respiración agitada, oxígeno (aunque no fue necesaria intubación) y millones de cables y pitidos que luego aprendí a identificar perfectamente. Acaricié sus deditos y me dije a mí misma que a partir de ese momento tocaba serenarse, que nuestro bebé nos necesitaba fuertes y debíamos estar a la altura.

4.- ¿Cómo fue la estancia en la UCIN?

Se os hizo larga, corta o eterna. Si es de esa clase de UCIN en las que los padres pueden ir a cualquier hora o, si por el contrario, tiene horarios restringidos.

Pasamos en la UCIN 40 larguísimos días y otros 20 días en Neonatología. Los padres podíamos entrar a cualquier hora, el resto de visitas sí tenían unas horas específicas.

El primer día que llegamos nos recibió la Dra. María Ortiz. Ella era la pediatra que llevaría a Gonzalo en la UCIN y nos advirtió que, si conseguía superar las primeras horas, el camino que nos quedaba iba a ser largo y duro.

Nos explicó que sus pulmones no estaban listos para respirar, que sus ojos no estaban listos para que les diese el aire y que básicamente tocaba esperar y celebrar cada avance sin perder de vista que todo podía complicarse en cualquier momento.

Junto a su incubadora, había una mesita con unas fichas en las que cada mañana estaba escrito el peso, la talla, los cambios de alimentación o mediación, etc.

Cada día mirábamos con incertidumbre esa ficha y sonreíamos por cada gramito ganado o nos resignábamos con cada gramito perdido.

Al tercer día de vida nos enfrentamos a la primera complicación: Ductus arterioso permeable. Nos explicaron que esa venita que iba al corazón estaba abierta y que podría cerrarse con mediación, pero que si no resultaba efectiva habría que operar. Por suerte no hizo falta y se solucionó en pocos días.

Y, entre apnea y apnea, una mañana nos encontramos un montón de papeles que ocultaban su ficha. Gonzalo debía recibir una transfusión porque se le detectó anemia, así que me sacaron sangre y se la hicieron.

Debo decir que en la UCI no todo fue malo, una de las cosas bonitas que nos pasó allí fue conocer a tres familias que estaban pasando por lo mismo que nosotros. Entre los 4 bebés había pocos días y pocas semanas de gestación de diferencia. Creo que quien mejor entiende como te sientes es quien ha pasado o está pasando por lo mismo que tú y eso une. A día de hoy seguimos en contacto, los cuatro están sanos y en cuanto la pandemia lo permita nos reuniremos. Será emocionante verlos juntos, sin duda.

Y un día…

El 30 de octubre Gonzalo salió de la UCI para ir a Neonatología. Aunque allí nos quedaba casi un mes, sabíamos que era la antesala de irnos a casa. Allí el ritmo es menos frenético y el estado de ánimo cambia.

Cuando algún bebé de los que había allí se iba a Neonatos, los que nos quedábamos nos alegrábamos como si fuese el nuestro hasta que, por fin, llega el día.

¿Hicisteis piel con piel?

Sí, desde el principio. Por las mañanas íbamos a conocer la evolución de Gonzalo y a estar con él un ratito. Por la tarde volvíamos y hacíamos piel con piel hasta por la noche. El primer día nos informaron de los beneficios que aportaba tanto para nosotros como para el bebé, así que no dejamos de hacerlo ni un solo día.

¿Qué tal con la lactancia materna?

La lactancia materna fue complicada, pero ayudó mucho. Me dijeron que sería una medicación más y viví los 60 días de ingreso pegada al sacaleches. Las primeras tomas fueron de leche materna, pero no la mía. Las recibió del banco de leche hasta que yo pudiese extraerla.

Una vez que yo pude empezar a llevar la mía, era la que tomaba exclusivamente, aunque conforme aumentaba la cantidad que debía comer se tuvo que alternar con leche de fórmula, ya que no producía suficiente para todas las tomas del día y la leche del banco se reserva para los bebés que más lo necesitan. Cuando van creciendo y aumentando de peso, se les retira. Así que aprovecho para recordar la importancia de donar leche materna quien pueda hacerlo, porque para estos bebés es fundamental.

¿Qué tal fue el trato del personal sanitario? ¿Os informaban a diario? ¿les planteabais vuestras dudas y os las resolvían? ¿Os daban consejos? (para dar el pecho, para cambiarles, para echar los gases…)

Una maravilla. Día a día recuerdo a la Dra. Ortiz decirnos: “Gonzalo bien”, con una media sonrisa que nos aliviaba, pero nos mantenía vigilantes ante cualquier giro de la situación. “Gonzalo bien” era mi frase favorita del día, aunque alguna vez viniese acompañada de un “pero…”.

Belén fue la enfermera que me ayudó a darle el pecho por primera vez, aunque no fuese su forma de alimentación porque Gonzalo comía a través de una sonda.

Ana, a la que le cogí especial cariño, se trasladó casi con nosotros de la UCIN a Neonatos y me dio mucha confianza seguir teniéndola cerca.

Recuerdo a casi todas las personas que estuvieron con nosotros esos meses porque pasamos muchas horas allí y, de una forma u otra, se establece un vínculo al saber que dejas en sus manos lo más preciado que tienes.

Además, aprendí mucho y me fui a casa sintiéndome perfectamente capaz de cuidar de mi bebé.

Solo puedo darles las gracias.

¿Necesitó alguna cirugía mientras estuvo ingresado? ¿Fototerapia?

Necesitó 3 días de fototerapia. Cirugía no, aunque el día del traslado de UCI a Neonatos le detectaron una hernia inguinal que había que operar, pero era muy arriesgado hacerlo siendo tan pequeño. Finalmente, lo operaron el 27 de diciembre, ya estando en casa.

5.- Patologías y secuelas del bebé

Actualmente no sufre ninguna patología. Una vez que salimos del hospital tuvimos constantes revisiones en diferentes especialistas: Cardiología, Oftalmología, etc. Todos le dieron el alta al ver que su desarrollo era correcto. Actualmente y, hasta que cumpla 2 años, tenemos visitas periódicas al Neurólogo y a Neonatos, donde van revisado su evolución.

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6.- Al alta

¿Qué tal fue la llegada a casa? ¿Necesitó llevar oxígeno, sonda alimentaria,…?

Fue un día muy especial. Recuerdo la llegada a casa cada noche dejando a nuestro bebé en el hospital. Siempre pensaba en cuándo podría hacer ese recorrido de vuelta con él. Cuando llegó el momento de hacerlo, decidimos pedirle a nuestro entorno que nos dejase ese día para nosotros, que necesitábamos esos momentos de intimidad con nuestro bebé y que podrían visitarnos al día siguiente.

Llovía, y esperé con Gonzalo en brazos en la puerta del hospital a que mi marido viniese con el coche. Lo puse en la sillita y se perdía en ella, era tan pequeño… Pesaba 2,300 kg y medía 40 cm. Durante el ingreso dejó de necesitar el oxígeno y la sonda, por lo que no fue necesario traernos a casa nada más que a nuestro pequeño.

Recibe o ha recibido atención temprana, logopeda, fisioterapeuta ¿Cómo de fácil/ difícil ha sido conseguir atención temprana en tu comunidad autónoma? ¿Has tenido que ir por privado?

Sí, ahora mismo acudimos a un centro de atención temprana donde tiene sesión semanal de fisioterapia. Una psicóloga evalúa también su desarrollo y, por ahora, va acorde a su edad corregida, alcanzando en algunos casos su edad cronológica. Desde Neonatología ya nos dijeron que sería esencial acudir a atención temprana y así lo especificaron en el informe de alta. Ese informe lo leyó su pediatra del centro de salud y nos derivó a un Neurólogo, que tras valorarlo nos dio a elegir entre los centros más cercanos a nuestra casa.

Nos dieron cita rápidamente y empezamos con videollamadas debido a la pandemia, pero una vez iniciaron las sesiones presenciales los avances han sido increíbles.

 ¿Has recibido alguna ayuda pública por tener un bebé prematuro?

En cuanto a las ayudas públicas, lo que recibí fue una semana más de maternidad porque el niño pesó menos de 1,500 kg al nacer. Así como el cobro de la maternidad de todo el tiempo que estuvo ingresado. Su padre también disfrutó de su permiso de paternidad con el tiempo del ingreso añadido.

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Podéis seguir a Cristina en Twitter y en Instagram.

Si eres mamá o papá de un bebé prematuro y quieres contarnos tu experiencia, como ha hecho Cristina, ponte en contacto conmigo a través del correo electrónico mamadeunprematuro@outlook.es o mándame un mensaje directo por cualquiera de mis redes sociales.

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Katherine
Bebé prematuro, Entrevistas

Entrevista a… Katherine, mamá de Ainhoa

Otro día más tenemos entrevista a una mamá de una niña prematura. Es el turno de Katherine, mamá de Ainhoa. Katherine también tiene un blog en el que cuenta sus vivencias como mujer, madre y profesional y en el que también cuenta alguno de sus aspectos como mamá de una niña prematura.

1.- Hoy entrevisto a……

Soy Katherine, madre de Ainhoa nació de 31 semanas  y actualmente tiene 6 años. Vivimos en Barcelona.

2.- ¿Cómo fue el embarazo?

Mi embarazo aunque “controlado” como cualquiera de una madre sana, creo que obviaron desde un inicio las alertas que mi cuerpo enviaba y yo les decía. A partir de los 3 meses me empecé a hinchar mucho, aunque la tensión arterial estaba bien, no era normal lo que estaba pasando.

A partir de la semana 28 me ingresaron por preeclamsia leve, obviamente me dijeron que si no mejoraba la situación podría tener un parto prematuro y por eso decidieron hacer la maduración pulmonar. Estuve una semana ingresada y a los 3 días regresé para quedarme de nuevo porque la situación se complicó y ya tenia preeclamsia grave, síntomas neurológicos + CIR III y bueno a partir de ahí empezó una larga estancia.

3.- ¿Cómo fue el parto?

Cada día era un sin vivir, entre pruebas en la mañana, ecos y demás… todos los días podía ser el día del parto. Hasta que llego el día en que las cosas no mejoraban y por precaución decidieron realizarme una cesárea; estuve consciente durante el procedimiento porque tenia la tensión muy alta y por fortuna cuando nació pude ver su carita y besarle antes que se la llevaran a la Unidad Neonatal.

4.- ¿Cómo fue la estancia en la UCIN?

Al otro día con todas mis fuerzas fui a  Verle, yo seguí ingresada dos semanas más porque aun seguía muy delicada pero Neonatos me quedaba a 100 metros de mi habitación, la misma planta y me permitían estar todo el tiempo ahí con ella, (hasta las enfermeras me buscaban para controlarme ahí). No habían horarios y podíamos estar hasta la noche.

Durante su ingreso, hicimos el método canguro y poco a poco con la aceptación de mi leche materna (inicialmente por sonda nasogástrica) se inició la lactancia materna; al principio no hacia una succión fuerte por lo pequeña y se cansaba mucho, se quebada dormida y había que ajustarle con biberón de mi leche.

¡Estar ahí 42 días, era muy duro! Lo más difícil era dejarle en la noche, ¿siempre pensaba “y si llora ¿y está sola?, ¿si nadie le escucha?, ¿si le pasa algo?”

Durante su hospitalización tuvo una complicación porque le dio una infección en un catéter que hizo que le enviaran a la UCI por una semana, que por suerte se resolvió ; también requirió de fototerapia en la primera semana.

El personal sanitario en un principio chocante, porque en mi concepto, deberían tener mas tacto para abordarlo a uno, todo es tan diferente, ¡tan nuevo! Que creo que es importante tener empatía en ese aspecto. Nos informaban a diario de la evolución, que como pasó la noche y demás.

5.- Patologías y secuelas del bebé

Su evolución aunque lenta porque hacia muchas apneas, ¡fue satisfactoria!, al día de hoy y aun en controles sigue con: dietista pediátrica (baja de peso), oftalmología (protocolo), neuropediatría (protocolo).

Su desarrollo a lo largo de estos años no ha supuesto ninguna secuela, solo problemas con la alimentación y su sociabilidad en los primeros años escolares que supuso una retención escolar en la escuela infantil 1 año más antes de entrar al colegio porque presentaba un atraso madurativo de 8 meses. Nunca requirió soporte por atención temprana pero para este caso que comento me tocó solicitar ayuda a la OME (oficina municipal de Escolarización)  que valoraran el caso de mi hija por ser prematura y que no la veía aún con las capacidades para entrar al colegio; estos a su vez enviaron al EAP (Equipo de Asesoramiento y orientación psicopedagoga) y dieron la valoración en su caso.

6.- Al alta

La llegada a casa fue dejando atrás todos esos miedos. Intentado pensar que ya estábamos todos juntos y que ya todo había pasado. Siendo aún muy pequeñita y delgadita; solo pensaba en que ese fue mi parto. Y que todo quedaba en el olvido, por decirlo de alguna manera.

Además, de en su blog, podéis seguir a Katherine en su cuenta en Instagram.

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Bebé prematuro

Con la lactancia hemos topado

Con la llegada de nuestro tercer hijo, yo tenía claro que volvería a darle el pecho, ya tenía experiencia y sabía lo que implica la lactancia, así que estaba segura que no iba a tener ningún problema. ¡Qué ilusa!

La lactancia de mi hijo mayor 

La lactancia con mi hijo mayor fue normalita, si tuviese que darle una puntuación, diría que un 6. Tuve muchas dudas al principio y durante todo el tiempo que duró. Además, tuve grietas durante casi 3 semanas. Pero, en cambio, fui capaz de hacerme con un mini-banquito de leche. Tampoco la alargué más allá de los 5-6 meses, por varias razones, pero la principal es que yo me reincorporaba a trabajar, lo cual hacía prácticamente imposible continuar con la lactancia. Mi despacho es de los que paredes son de cristal y no puedo desaparecer una hora de mi sitio para sacarme leche, así que esta opción quedaba descartada. De todos modos, desde que introdujimos los cereales sin gluten en su dieta, empezó a preferir los biberones a mi pecho.

Dejar la lactancia materna no me supuso ningún trauma, en ningún momento pensé que era mala madre por no prolongarla ni nada por el estilo.  Las cosas vienen como vienen y yo soy de esas personas que se adaptan bien a las circunstancias.

En este post, tenéis cómo fue la lactancia con el pequeño (Ahora, mediano)

La lactancia del tercero

Inmediatamente, después de dar a luz y durante las dos horas que estuve en la sala de puerperio iniciamos la lactancia. Vino el matrón que me había atendido durante el parto y de forma muy respetuosa me preguntó si le iba a dar el pecho, le contesté que sí y me dijo: «Pues, empecemos«. Me dio unas pautas y ahí nos quedamos enganchados el bebé y yo. Y así estuvimos prácticamente las siguientes 24 horas. Lo cual trajo sus consecuencias, unas grietas estupendas.

Algunas me dirán que un mal agarre o una mala postura, pero os aseguro que si tenéis un bebé succionando durante casi 24 horas, terminan saliendo grietas. Un ejemplo claro, no es lo mismo llevar un zapato que te roza durante una hora que durante cinco, al final, te sale una ampolla.

Durante estos dos meses que llevamos de lactancia, he pensado en muchas ocasiones en dejar la lactancia, pero antes de abandonar he buscado ayuda. Durante nuestra estancia en el hospital, hablé con las enfermeras y con una matrona experta en lactancia, que tiene contratada el hospital. Como el niño nació de madrugada, tuve la ocasión de hablar dos días con ella. En el primero, vino a presentarse, a ver cómo le daba el pecho, si la postura era correcta, etc… de hecho, corrigió un par de cosas.

El segundo día pasó a visitarnos a verme si la lactancia fluía. Le comenté que tenía grietas y que al niño tuvimos que darle un biberón de madrugada, porque a pesar de tenerle al pecho prácticamente todo el día, mi calostro no debía de ser suficiente. De hecho, tras darle el bibe (de 30 ml), se quedó dormido las siguientes 4 horas y todos pudimos descansar. Volvió a observarnos cómo le daba el pecho y me dio dos pistas de por qué podía tener grietas: el niño podía tener algo de frenillo (que teníamos que comentar con la pediatra) y parece ser que tengo un pezón XL, incompatible con la boca talla S del bebé, lo cual le dificultaba mamar.

Un inciso: Consultamos con la pediatra lo del frenillo y nos dijo que el niño no tenía frenillo. Con lo cual esta posibilidad quedó descartada. En cualquier caso, tanto la pediatra del hospital como la matrona nos dijeron que el frenillo no era problema para la lactancia, siempre y cuando el niño fuese cogiendo peso y mojando pañales.

Pienso que al comentarle lo de las grietas y el biberón nocturno, se le dispararon las alarmas de que abandonase en ese momento la lactancia. Yo soy algo más constante y siempre me pongo un tope más o menos realista.

También hablé con mi matrona sobre el tema de la lactancia y las grietas, me revisó el agarre, que era correcto, así que sólo quedaba esperar a que pasase el tiempo que curase las grietas. Para ello me recomendó una crema, que ya había usado en mi primera lactancia, purelán, y la verdad es que me ha aliviado bastante.

Por último, también consulté algunas dudas con una asesora de lactancia. Parece ser que todo lo hacíamos bien, así que solo quedaba tener un poco más de paciencia.

Pasados dos meses, puedo decir que estoy empezando a disfrutar la lactancia, aunque de vez en cuando tengamos que darle algún biberón de refuerzo, porque el niño se queda con hambre. ¿Cómo lo se? porque después de tenerle prácticamente una hora al pecho, sigue llorando, le preparo un bibe, se lo toma y cae extasiado.

¿Cuales son mis posturas para dar el pecho?

Sentada, con la espalada bien apoyada y si puede ser con reposabrazos. También suelo poner un cojín debajo para apoyar al bebé, que ya pesa 6 kg y a veces se me duerme el brazo que le sujeta.

Mientras estuvimos en el hospital, también le di el pecho tumbada. Me lo recomendaron las enfermeras para que yo también pudiese descansar, incluso un par de noches en casa también lo hicimos así. Pero, es una postura en la que yo no me apaño, además no descanso. Porque yo me muevo mucho en la cama y pienso que le voy a aplastar, así que estoy en un duermevela constante que no me permite descansar.

Del anterior párrafo, deduciréis que no practicamos el colecho, pero esto es otra historia digna de ser contada en otro momento

Conclusión

De momento, mantenemos la lactancia y es mi intención seguir dando de mamar al bebé hasta el momento en que me toque reincorporarme. Seguiremos dándole algún biberón cuando veamos que lo necesita.

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Puericultura
Bebé prematuro

Puericultura: productos que nos han venido muy bien

Ya os conté en otro post, aquellos productos de puericultura que no han resultado como esperábamos. Hoy os cuento qué productos de puericultura nos han terminado resultando imprescindibles. Y no, no os voy a contar ni cómo es nuestro capazo, ni nuestra silla de paseo, ni la silla del coche.

La hamaca

Yo, al principio, no tenía una opinión hecha al respecto. Nos la regalaron cuando nació el mayor y la utilizamos, pero más bien poco, porque la teníamos en otra casa que no era nuestra residencia habitual. Además, el mayor en cuanto fue capaz de sentarse, la hamaca como que no le atraía mucho. Como mucho, se dormía alguna siestecilla ahí.

Productos de puericultura que nos han venido muy bien. Hamaca

Nuestra hamaca es muy chula, tiene tres posiciones y pasa de ser un capazo a estar casi sentado. Con lo que da para un uso bastante extenso en el tiempo. Además, la hamaca puede ser mecedora o quedarse quieta, según como le coloques las patas.

Pero llegó el pequeño, y la hamaca ha sido un elemento más en nuestra decoración del salón, hasta hace unas semanas. Nos vino de lujo cuando el pequeño llegó a casa del hospital. Al dormir, hacía unos ruiditos como de puerta sin engrasar muy molestos que no dejaba dormir a nadie, así que nos turnábamos para dormir con él en el salón.

Según ha ido creciendo, la hamaca ha ido evolucionando con él, hasta terminar siendo su principal puesto de observación. Le sentábamos en la hamaca y desde ahí observaba a su hermano jugar, le tenía muy entretenido.

Aunque ocupaba un buen sitio en el espacio, era fácil de trasladar. Hasta el mayor un día, empujándola, consiguió llevarla del salón a la cocina para que el pequeño no se sintiese solo.

La hamaca nos ha hecho un gran servicio durante prácticamente un año. De no haber tenido la hamaca le habríamos tenido que tener primero en el capazo y luego en la silla de paseo o en la trona.

El parque

No me estoy refiriendo al de los columpios y la arena. También fue un regalo de un grupo de amigos cuando nació el mayor. Además, nos regalaron uno grandecito, gemelar. Evidentemente, al principio los bebés no hacen gran cosa en el parque, así que nosotros le metimos en el parque el típico gimnasio con arcos. Cuando ya fue capaz de estarse sentadito, le metíamos otros juguetes. Podía estar entretenido en torno a una hora, así que daba tiempo a hacer cosas por la casa.

Cuando el parque se le empezó a quedar pequeño, lo usábamos de almacén de juguetes, así conseguimos mantener cierto orden en el salón.

Productos de puericultura que nos han venido muy bien: el parque

Con la llegada del pequeño y desde que es capaz de estar sentado, estamos repitiendo la experiencia y con éxito. Se entretiene muchísimo. Además, da igual en qué momento del día esté en el parque, que se entretiene. No como su hermano, que sólo aguantaba el parque el ratito matutino. El pequeño siempre gruñe un poco cuando le dejas en el parque, pero se le pasa rápido, en cuanto algún juguete atrae su atención.

Ahora, además, el mayor a veces también quiere entrar en el parque con su hermano. Se ha buscado la manera de meterse en el parque sin tener que pedir nuestra ayuda. Cada uno suele jugar con algo diferente pero no quita que alguna vez se quiten los juguetes, sobre todo, el mayor al pequeño (hasta que éste sea capaz de defenderse).

Productos de puericultura que nos han venido muy bien: sacaleches-medela-swing

El sacaleches

Con este aparato tengo una relación amor-odio. De amor, porque con el pequeño ha sido fundamental sobre todo durante su estancia en neonatos. De odio, porque es ruidoso, a veces doloroso y a veces hasta frustrante. Pero, en mi caso, me ha reportado más ventajas que inconvenientes por eso lo incluyo en este post.

Con el mayor, lo usé esporádicamente, para vaciarme tras alguna toma o cuando se saltaba alguna toma. Aún así, conseguí hacer una pequeña, pequeñísima reserva. Con el pequeño, lo estuve usando cada 3 horas durante dos meses y medio y sí que conseguí hacer una reserva decente. Nunca me ha dado para hacer donaciones a un banco de leche. Desde que el pequeño llegó a casa, apenas lo usé, puesto que lo poco que producía se lo tomaba él.

En este post, te cuento nuestra experiencia con la lactancia del pequeño. 

¿Para vosotros, qué productos de puericultura han sido fundamentales? ¿Añadiríais alguno a la lista?

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Bebé prematuro

«Es mi hermanito»

Con esta frase tan sencilla nos sorprendió hace unos días el mayor. Lo decía con orgullo y con cariño.

La verdad es que nos ha sorprendido lo bien que lleva ser hermano mayor. Cuando me quedé embaraza y según iba avanzando el embarazo, aunque le hablábamos de que iba a tener un hermanito, no teníamos muy claro que entendiese lo que significaba. Le dijimos cómo se iba a llamar y cuando le preguntábamos: «¿Cómo se llama el hermanito?» El decía el nombre del bebé, con mucha seguridad.

También es verdad que el hecho de que el pequeño estuviese todo el verano ingresado ayudó a irle preparando, le enseñábamos fotos del bebé solo, del bebé con nosotros,… y le decíamos que era el hermanito. Sí que debía de entender que aquel bebé tan pequeñito era importante para nosotros, porque le mencionábamos constantemente. Sin embargo, el mayor no pudo conocer al pequeño hasta que estuvo en casa.

Cuando el pequeño llegó a casa, nuestros temores se disiparon rápido. Le acogió muy bien, le hacía caricias y entendía que había que tener mucho cuidado con el bebé. Yo temía que en cuanto me viese darle el pecho, él también quisiese aunque hacía ya más de un año que habíamos dejado la lactancia. O que si le dábamos biberón al bebé, como complemento, él también quisiese, porque de hecho hacía apenas dos semanas que habíamos dejado el biberón. Pero tampoco manifestó mayor interés por el biberón del pequeño.

No voy a decir que todo fue un camino de rosas, pero tampoco un camino de espinas. La llegada del pequeño a casa coincidió con que el mayor empezaba a ir a la guarde, se le acumularon las novedades. Pero poco a poco se fue adaptando a las nuevas circunstancias.

Con el paso de los días, el mayor se acostumbró a la presencia del pequeño; a que ya no era el primero en entrar en el ascensor porque tenía que entrar primero el carrito, para caber todos bien; a que en el coche había cambiado de compañero de viaje, ya no iba mamá a su lado, iba un bebé que se pasaba los trayectos, por cortos que fuesen, dormido.

Cuando juega, le pone juguetes en su hamaca, o pinturas, o le da un juguete que se le ha caído… Lo gracioso es que yo creo que se piensa que el pequeño le va a seguir su ritmo de juegos y dibujos. De momento, el pequeño le observa jugar y el otro le cuenta lo que va haciendo.

El mayor es muy cariñoso con su hermanito. Le da besos y le acaricia. Otras veces le coge la mano o le quiere hacer cosquillas en los pies, porque me ve a mi hacerlo. A la hora del baño, hay días que quiere «ayudar» y le echa agua por encima. También ocurre que cuando el pequeño está en la hamaca (su puesto de observación), el mayor se le echa encima para hacerle mimos, pero cuando esto pasa el pequeño se agobia y llora.

Debo decir que el cariño es mutuo. Al pequeño le entretiene mucho ver jugar a su hermano y en cuanto ve que no está cerca lloriquea, anunciando que se ha quedado solo. Cuando el mayor llega de la guarde, se pone muy contento, sonríe mucho y patalea de gusto.

El mayor sabe cómo hacerle reír y cuando vamos en el coche le hace ruidos y el otro se parte de risa. También le va retransmitiendo lo que ve: «Mira, ¡un toro!» o «¡El tren!» y le cuenta cuando molinos eólicos ve. Y se ve que al pequeño le gusta porque le oímos reír con ganas.

Amor de hermanos

Creo que el hecho de que se lleven 22 meses ha influido positivamente en la relación entre ambos. Mi teoría es que el mayor no ha tenido tiempo de darse cuenta de que era hijo único. Ahora que empieza a tener memoria, para él, su hermanito siempre ha estado ahí.

Pero no todo es perfecto. Es verdad que el mayor no ha pegado al pequeño o a nosotros porque hagamos más caso al pequeño que a él, pero sí ha tenido sus momentos de celos. Por ejemplo, si me ve darle la papilla de frutas al pequeño, él también quiere. O si he tenido cogido en brazos al pequeño, cuando le dejo en su sitio, él también quiere que le coja. O si hago cosquillas al pequeño, me dice «¡mamá, ahora yo!«. Pero todo eso me parece que entra dentro de la normalidad.

Tampoco voy a decir que nosotros lo estemos haciendo fenomenal o que hayamos dado con la clave para evitar los celos entre hermanos y la armonía en casa sea maravillosa. Hay veces que el mayor reclama nuestra atención y si estamos con el pequeño y así se lo hacemos saber, llora o insiste más fuerte. A veces, a mí se me escapa la frase de «Ahora no puedo, que estoy con el bebé» y según sale de mi boca, me arrepiento…

También creo que ahora mismo, el pequeño es aún muy bebé, ni anda ni gatea, y no coge los juguetes de su hermano (con o sin permiso). Supongo que cuando sea más mayor, las cosas cambiarán, pero por ahora, disfrutemos del momento. Pero volviendo a la frase que sirve de título a este post, yo creo que lo estamos haciendo bien.

Vuestros peques ¿qué tal llevaron la llegada de un hermanito a casa? ¿Cómo gestionáis vosotros los celos entre hermanos?

Es mi hermanito
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