Frases de mi maternidad
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Frases de mi maternidad

Hoy traigo un post al blog un poco diferente, más relacionado con la maternidad que con la prematuridad: frases que seguro que todos hemos escuchado en alguna ocasión, que bien nos hacen gracia o nos dejan tan sorprendidos que nos dejan sin capacidad de dar una respuesta.

De momento, he recopilado cinco frases, pero seguro que con el paso del tiempo surgirán otras.

Frase del año: Con tres, no os aburrís, ¿eh?

Si llevase un contador, esta sería la frase estrella de 2019 y empieza a serlo en 2020. En un ranking de frases maternales, estaría muy arriba y con bastante distancia con respecto a la siguiente.

Efectivamente, no nos aburrimos. Tenemos tres niños, que se llevan dos años entre cada uno. Para ser exactos, el mayor con el mediado, 22 meses y el mediano con el pequeño, 26 meses. Son muy seguidos, pero es nuestra elección.

También tengo claro que con uno o con dos tampoco nos aburriríamos. Somos muy activos, nos gusta salir, ver cosas, visitar sitios. También tenemos nuestros momentos de estar en casa, pero no siempre nos los pasamos tirados en el sofá leyendo un buen libro o «enchufados» a la tele. A menudo digo que en casa, siempre hay cosas que hacer. Además, están esos ratitos que los niños quieren que juguemos con ellos.

Tampoco conozco a ningún padre que tenga un niño y diga que se aburre. Probablemente, ese hijo único sea mucho más demandante que los tres míos. Los míos tienen la capacidad de entretenerse mutuamente, lo que a mi me da cierta libertad para hacer cosas por la casa. Que no quita que de vez en cuando tenga que hacer de árbitro o jugar con ellos o montarles alguna cosa.

Definitivamente, el verbo «aburrir» no está en nuestro diccionario.

¿Y todos chicos?

Pues sí, señora (o señor), tres y los tres chicos. Y tan contentos que estamos. Tenemos un único molde, sólo sabemos hacer niños y que nazcan en verano.

Como continuación a esta pregunta viene la de ¿y no vais a por la niña? Pues, mire, creo que con tres niños, ya hemos cubierto con creces la media nacional. Cierto es que nos habría gustado tener una niña, pero la naturaleza es caprichosa y las cosas vienen así. Muchas veces me pregunto si a los que tienen tres niñas, les insisten tanto con que vayan a por el niño.

Entiendo que muchas veces la mayoría de la gente lo dice sin mala intención. Algunas personas, sobre todo, los más mayores del lugar me lo dicen con pena, todavía tienen arraigado lo de que las hijas cuidan de los padres mayores. Conozco casos de padres que han sido perfectamente atendidos por sus hijos varones.

Verás como se iguala

Esta es la frase estrella en relación al pequeño guerrero. En cuanto la gente se entera que nació prematuro y con muy bajo peso, es su forma de darte ánimos, con la famosa frase de «cuando crezca, verás como se iguala con los de su edad«

Y es cierto, en relación con sus compañeros de clase, al niño no se le nota ni pizca que es prematuro, por lo menos, en cuanto a su talla. En cuanto a peso, ya os digo que va por debajo, pero con la ropa no se nota. Pero eso es ahora, con tres años y medio. Cuando era bebé y teníamos que luchar a su lado por su desarrollo, lo de que se igualaba lo veíamos muy lejos.

Ya casi tenéis el equipo de fútbol

Lo del equipo de fútbol es una referencia clara a mi marido. Es profe de educación física y forofo del deporte. Está claro que para un equipo de fútbol, que son 11 no, pero para uno de fútbol sala o de baloncesto, que son 5, andamos cerca.

Pero me parece que no nos van a dar la ficha federativa por falta de jugadores. En serio, a algunos tres niños no les parece suficientes, hay quien tendría un batallón.

Te tendrán como a una reina

No sé exactamente cómo tienen a las reinas, pero yo con mis chicos estoy muy «a gustito». Tampoco quiero criados, me basta con que cuando les pida algo lo hagan. El mayor, por ejemplo, ya lleva su ropa al cesto de la ropa. No creo que me quite trabajo, porque yo voy repasando por sus habitaciones la ropa y demás, es una costumbre que tienen que coger, porque no quiero pasar de ser «reina de mi casa» a ser su criada. De la misma manera, que les pido que cuando acaben de desayunar o de comer, dejen sus cubiertos y sus platos en el fregadero. Es colaborar en casa. Algo que tiene que hacer las personas que viven en comunidad, niños, niñas y adultos.

De mi marido, no tengo queja. No puedo tenerla. Es el chef de la casa, ha ido aprendiendo a cocinar cada vez más platos, busca recetas por internet y a veces hasta las mejora. Como adulto que es, no voy detrás de él diciéndole que eche la ropa a lavar o que retire sus cubiertos. Él sí que me tiene como a una reina.

Sois unos valientes (por tener tres)

Personalmente, no creo que lo seamos. Para mí, ser valiente es enfrentarse a un gran peligro o desafío. La RAE lo define como: Dicho de una persona: Capaz de acometer una empresa arriesgada a pesar del peligro y el posible temor que suscita. A mi tener un bebé no me supone un peligro, no hay nada que inspire más ternura que un bebé. Temor, sí. Durante el embarazo y después siempre queremos que todo salga bien y tener niños sanotes. Pero creo que de ahí a valentía, hay un salto.

El tercero se cría solo

No sé cuántas veces he oído esta frase. Probablemente ya lo escuchase desde que estuviese embarazada del tercero.

La gente lo dice, por regla general, para animar. Como queriendo quitar importancia a que tres dan mucho trabajo o suponen más gasto. Por supuesto, te lo dicen sin mala intención. Digamos que es una frase hecha. Pero, no, el tercero no se cría solo. La diferencia está en que la experiencia es un grado y muchas situaciones ya no te pillan de sorpresa, con lo cual te enfrentas a ellas con otra tranquilidad.

Al ser el tercero, es más fácil que se entretenga con los hermanos mayores y, como padres, te puedas «despreocupar» de cierta manera. Además, al ser el tercero tiene dos buenos maestros por delante de los que aprende a jugar y eso «libera» a los padres de estar pendiente del niño todo el rato.

Pero no, los hijos no se crían solos, sean el primero o el tercero.

Estas son las frases de mi maternidad, las que hasta ahora he oído más. Seguro que con el paso de los años irán surgiendo otras, seguro también que en determinados círculos (equipos de fútbol, o de cualquier otro deporte, actividades extraescolares,…) también habrá otras frases estrella.

No quiero que se entienda este post como una crítica. Sé que mucha gente nos lo dice sin mala intención. Además, no es siempre la misma persona la que hace el mismo comentario, pero a veces lo escuchas tanto y tan a menudo que agota. Es una simple reflexión, basada en meses de observación y conversaciones con gente muy diversa y de sitios diferentes. Es curioso como en lugares separados por 400 km, te puedan decir las mismas frases que en tu entorno habitual.

Y vosotros ¿Cuáles son las frases de vuestras maternidades y paternidades? ¿Cuáles son esas frases que escucháis a menudo que podríais hacer un ranking?

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Mi tercer parto
Bebé prematuro

Mi tercer parto

No hay blog de maternidad que se precie que no cuente cómo ha sido su parto. Ya he contado por aquí cómo fue la llegada del mediano (lo podéis leer aquí y aquí). Así que procedo a contar como ha sido mi tercer parto, quedaría pendiente el relato del nacimiento del mayor, para más adelante.

Este parto lo definiría como ideal, de libro, cómodo, fácil, el parto que toda primeriza quiere. La verdad es que me enfrenté al parto desde otra perspectiva, ya había tenido un parto vaginal y una cesárea, así que iba tranquila. Sabía a lo que me iba a enfrentar.

Os pongo en antecedentes. Todo el embarazo me lo controlaron a través de la consulta de alto riesgo por el antecedente de CIR precoz y prematuridad del mediano. Sin embargo, excepto por algunas contracciones esporádicas, el embarazo transcurrió muy bien. Bueno, si no tenemos en cuenta la ciática y el ardor, que son males menores.

Llegamos a la semana 39 y me mandan a monitores. Era la primera vez que iba a monitores en este hospital, así que para mí el protocolo era novedad. Fui sola, porque al ser verano (agosto) mi marido se quedó con los niños. Aunque ahora que lo pienso él tampoco habría podido estar conmigo como ocurrió en el primer embarazo.

Me pasan a una sala donde ya había varias chicas con los monitores puestos, el ambiente era tranquilo, me pidieron el historial y me hicieron varias preguntas. Me pusieron los monitores y a esperar. Pasado un rato, unos 15-20 minutos, la enfermera que estaba controlándonos a todas, nos da un zumito a otra chica y a mi, «para ver si les animamos» porque estaban muy tranquilos…

A mi esto me trajo ciertos recuerdos del embarazo del segundo (por sus escasos movimientos). El zumo no lo animó del todo y me dieron un buen meneo a la barriga. Ahí ya sí que el registro empezó a sacar algo interesante. En total, pude estar una hora con los monitores puestos. De ahí, pasé a consulta donde me hicieron un tacto (Sí, es molesto) y me dijeron que estaba verde, que me moviese más, que anduviese más (¿más? pensé yo para mis adentros) y me dieron cita para la semana siguiente.

Así que me pasé la semana dándome paseos por la mañana y por la tarde, a ver si aquello se animaba y hacía ejercicios con la pelota de Pilates. Durante esta semana, se cumplieron mis 40 semanas, pero el bebé parecía estar muy a gusto en la barriga.

Cuando llegué a monitores, por segunda vez, el protocolo fue idéntico (monitores y tacto) y ¡oh, sorpresa!, sigo verde, muy verde y me dicen que me mueva más, a lo que le contesto: «pues sólo me falta bailar» y me responden: «pues baila, porque a la 41 + 4, te provocamos el parto» y me dieron cita para la semana siguiente. Esto fue un jueves y justo el día de antes había llegado a las 40 semanas. Así que con la amenaza de que me fueran a provocar el parto, volví a mis paseos y a mi pelota de Pilates.

Pasó el fin de semana y llegó el lunes, un lunes de agosto más. Por la mañana, yo me dediqué a mis paseos, mientras mi marido se iba con los niños a la piscina. Yo había dejado de ir a la piscina por varios motivos: por un lado, evitar resbalones o caídas innecesarias y, por otro lado, ya había empezado a perder el tapón mucoso (en el primer embarazo, la pérdida del tapón mucoso no fue tan evidente). Por la tarde, decidimos ir a ver a mi cuñado, que en su casa tiene piscina y estuvimos tan a gusto.

Después de cenar y tras acostar a los niños, nosotros estuvimos viendo la tele un rato, recuerdo que estuvimos viendo «Comando Actualidad», yo notaba contracciones, pero no eran muy fuertes y si cambiaba de posición ni las notaba. Así que no le di más importancia y cuando acabó «Comando Actualidad» nos fuimos a la cama.

Pero a eso de la 1 de la mañana yo llevaba ya un rato incómoda, notaba las contracciones, que eran más dolorosas y los intervalos más seguidos. Así que, sin despertar a mi marido, me levanté despacito y con una app en el móvil fui controlando las contracciones. Entre la primera y la segunda hubo 8 minutos, entre la segunda y la tercera, 7, y así… así que viendo cómo se iban desarrollando los acontecimientos, avisé a mi marido. Recuerdo que cuando se despertó, me decía «tranquila, tranquila«, yo creía estar tranquila, pero mi voz debía sonar nerviosa.

Mi marido avisó a su hermano para que se quedase con los niños, hasta que llegasen mis padres y cuando llegó, nos fuimos al hospital. A las 2 de la mañana, no hay nada de tráfico ni problemas para aparcar, ni siquiera gente en urgencias, así que todo fluyó bastante rápido. Cuando pasé con la matrona, mientras mi marido esperaba fuera, me dijo que ya estaba dilatada de 5 centímetros, que la bolsa aún estaba intacta, pero que me quedaba ingresaba. ¡El bebé ya viene! Lloré un poco de emoción y de nervios.

En el hospital

Avisaron a mi marido y me pasaron a una habitación en dilatación, para mi sola y con baño propio. Ahí fue cuando ya avisé a mis padres para que se viniesen para quedarse con los niños. No queríamos avisarles antes por si hubiese sido una falsa alarma. Pusimos en contacto a mi cuñado con mis padres y nosotros nos centramos en la tarea que teníamos por delante.

Me preguntaron, según me acomodaron en la habitación, si quería la epidural, a lo que contesté que sí. Nunca tuve dudas sobre sí querría la epidural en el parto, aguanto bien el dolor, pero no soy tan valiente como para parir sin epidural. Así que avisaron al anestesista, que vino enseguida. Ponerme la epidural no fue fácil. Primero, por el dolor de las contracciones y segundo, porque el anestesista no encontraba el punto adecuado para meter el catéter. Finalmente, lo consiguió. Me dijo que era probable que tuviese una pequeña desviación de columna y que por eso le costó tanto, igual por eso tenía ciática solo en el lado derecho.

Recuerdo que tras ponerme la epidural, empecé a marearme, como cuando te da una lipotimia, así que mi marido avisó a las enfermeras que ajustaron algo y me recuperé. Al poco, no sabría decir tiempos, no tenía reloj y tampoco estaba para andar preguntando la hora, el matrón (sí tuve un matrón de lo más competente) me dijo que ya estaba completa, así que me pidieron que hiciese pujos para ayudar a bajar al bebé y en uno de éstos ¡Puf! se rompió la bolsa, como cuando explota un globo y saltó líquido amniótico por todas partes. Como si el globo, en lugar de estar hinchado con aire, estuviese lleno de agua.

A partir de ahí todo se precipitó, me llevaron volando (literal, corrieron por el pasillo) al paritorio, que estaría a 20 metros de la habitación de dilatación en la que había estado. Yo notaba mucha presión y pensaba que el niño se me iba salir, ahí, en medio del pasillo. Pero no, llegamos al paritorio y recuerdo que al pasarme de la cama a la camilla yo decía (más bien, gritaba) que se me salía y el matrón me decía «tranquila, estate tranquila, te vamos a ayudar». Dos empujones y el bebé estaba en mi pecho. No recuerdo exactamente cuándo entró mi marido en el paritorio, pero diría que fue justo en ese momento.

La placenta salió casi inmediatamente y empezaron a coserme. Me había desgarrado un pelín por donde tengo la episiotomía que me hicieron cuando di a luz al mayor. No se cuántos puntos me dieron y tampoco lo pregunté. De esos momentos, lo que más recuerdo es ver la mata de pelo con la que nació y que tenía las uñas muy largas.

Ha sido mi mejor parto, con diferencia. Siempre pensaba que el del mayor había sido un buen parto, pero en comparación con éste, ahora pienso que pudo ser mejorable.

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