ropa bebé prematuro
Bebé prematuro

¿Qué ropa necesita un bebé prematuro?

Lo de la ropa para bebés prematuros da para escribir una tesis, pero voy a intentar ser lo más concisa posible para no aburrir. Hace unos días me escribió un futuro papá de un bebé prematuro. Su bebé nacería en unas semanas, por cesárea porque le habían diagnosticado un CIR y se encontraba tan perdido como estuvimos nosotros cuando nos avisaron de la llega da inminente del pequeño.

¿Qué necesitaban comprar para su bebé? ¿Mucho, poco?

En el hospital

Lo primero que hay que pensar es si el bebé nacerá en un hospital público o en uno privado. En un hospital público, probablemente no necesitéis de nada, pero en un hospital privado os pueden pedir hasta que llevéis los pañales.

Nuestro bebé nació en el HM Puerta del Sur, es un hospital privado, así que os cuento nuestra experiencia y lo que nosotros tuvimos que llevar.

Recuerdo que cuando me dijo la ginecóloga «esta tarde ingresas y mañana, la cesárea» le dije: «no tengo nada para el bebé ¿Qué necesita?» Y me dijo, «el bebé no va a necesitar de nada

Y es cierto, mientras el bebé esté en la incubadora no va a necesitar nada de ropa. Lo único que necesitará será un gorrito para los primeros días, hasta que sea capaz de regular su temperatura corporal y una mantita, arrullo, muselina… para cuando hagáis el piel con piel.

Cuando ya pasé de la incubadora a cuidados intermedios, es probable que necesitéis bodies y pijamitas. Bastantes. Les cambian a diario y en alguna ocasión, puede que alguna vez más. Los bebés, en general, tienen la capacidad de manchar más rápido que nosotros, los adultos, de lavar. En este momento, seguiréis necesitando algo para arroparles cuando les saquéis de la cuna.

Cuando ya os vayáis a casa, igual os gusta llevar algún conjuntito «cuqui» para llevarle del hospital a casa. Pensad en la época del año que os toque.

En casa

Cuando ya estéis en casa. Lo más cómodo será tenerle con un body y pijamita. Esto lo he hecho yo así con los tres y sólo el mediano ha sido prematuro.

Siempre tenía a mano alguna mantita o alguna muselina para taparle si se dormía o había alguna corriente traicionera. Ya sabéis que los prematuros tienden a coger todos los virus que pasan por su lado.

En cuanto a los patucos y calcetines, no compréis muchos. Sobre todo si es verano, es posible que los tengan más tiempo quitados que puestos. Incluso cabe la posibilidad de perderlos, que son muy pequeñitos y caben en cualquier hueco.

Tallas de ropa

Lo de el tema de las tallas también da para escribir una novela. Si ya es complicado con un bebé nacido a término, con un bebé prematuro el desafío crece.

Seguro que a muchos os ha pasado. Tenéis un bebé nacido a término de 6 meses y vais a comprarle ropita. Entráis en varias tiendas y os encontráis con una amplia variedad de etiquetas: 6 meses, 6-9 meses, 6-12 meses,… compráis, por ejemplo, una prenda de talla 6-9 meses en una tienda y el mismo tipo de prenda de la misma talla en otra tienda y resulta que cuando llegáis a casa cada uno es de un tamaño diferente. ¿verdad?

Si, como en nuestro caso, además nace bajo de peso. Las etiquetas de las tallas no te sirve de nada. Compras a ojo. Calculas más o menos entre lo que tiene el niño y lo que necesitas.

Como ya tenía un hermano mayor, fui organizando la ropa que ya tenía por talla, siguiendo la referencia de las etiquetas. Pero teniendo en cuenta su edad corregida. Es decir, si tenía un body talla 6 meses, esperaba a que su edad corregida fuese esa (en su caso, 6 meses de edad corregida, 8 meses de edad cronológica) y aún así a veces todavía le quedaba algo grande.

Ahora, que acaba de cumplir los 4 años y también va heredando ropa, las etiquetas de la ropa se corresponden con su edad. Sin embargo, hay prendas que se supone que son para niños un año más pequeños y a él le van bien, sobre todo, los pantalones. Sigue siendo la misma»pizquilla» que cuando nació.

A partir de que el bebé va creciendo, vosotros mismos iréis viendo las necesidades de ropa, además en función de la época del año que toque.

Un consejo, válido para todos los que tienen bebés recién nacidos: mejor bodies o pijamas que se abrochan por delante. Son más cómodos de poner y quitar para nosotros a la hora de cambiar. Pero, como para gustos los colores, si os apañáis mejor con los que se ponen por arriba o se abrochan por detrás, adelante, esto no es una ciencia exacta.

¿Dónde comprar ropa para bebés prematuros?

Cuando hace cuatro años tuve que buscar ropa para bebés prematuros, lo tuve un poco difícil. Donde yo vivo sólo encontré dos tiendas donde poder comprar ropa de bebé tan pequeña. Además, eran prendas muy básicas: bodies, pijamitas y alguna polaina.

Ahora, por lo que sé, cada vez más marcas están haciendo prendas talla 00, para prematuros. A modo de ejemplo y sin que sea un listado exhaustivo: Kiabi, C&A, H&M,…

Más lectura

Si queréis leer más sobre productos para prematuros, en este post podéis leer mis descubrimientos sobre este tema, tan nuevo para nosotros.

Por ultimo, os dejo el enlace de un proyecto de una estudiante de diseño sobre ropita para bebés prematuros. No dejéis de leerlo.

Ropa para bebés prematuros
Ropa para bebés prematuros

Comparte esto si te ha gustado
El pie de un bebé prematuro en la incubadora
Bebé prematuro

Un embarazo después de un parto prematuro

Si sois seguidores habituales del blog, sabéis lo que hemos ido pasando con el pequeño guerrero desde que nació hasta ahora, que está a punto de empezar primero de Infantil.

Desde la semana 25 de embarazo hasta hoy en día, son muchas las preocupaciones que hemos ido dejando atrás porque el pequeño guerrero nos ha demostrado que es un luchador nato y que no hay obstáculo que le pare en su camino. Ahora dice que quiere ser bombero, así que nosotros le decimos que para eso hay que saber nadar o hay que saber hacer tal o cual cosa, lo cual le anima a hacerlo.

¿Un nuevo embarazo?

Pero vayamos al asunto de este post: tener un embarazo después de haber tenido un parto prematuro. Como dirían algunos, sí se puede. Hay que partir de la base de cómo de traumático ha sido el parto prematuro y el camino recorrido, puesto que para algunas mujeres ya el hecho de conseguir el embarazo es una tarea complicada. Yo hoy quiero compartir mi experiencia, sin que con ello quiera generalizar. Como ya he dicho, cada persona es un mundo y cada uno conoce sus circunstancias y lo que tiene en casa.

Nosotros siempre habíamos pensado en tener familia numerosa. Tres nos parecía un buen número. Sin embargo, reconozco que cuando nació el pequeño guerrero y tras pasarnos 72 días en la UCIN, sin pensar en más allá que en el día siguiente, lo de la familia numerosa se desvaneció. Luego cuando nos dieron el alta hospitalaria, y con un bebé prematuro en casa, que requería bastantes cuidados y atenciones, revisiones periódicas, visitas a atención temprana y otro niño con apenas dos años recién cumplidos, la decisión de si íbamos a por el tercero quedaba aparcada sine die.

Pero un buen día, nos decidimos, nos dijimos «adelante«, en parte también porque íbamos buscando la niña. Así que, un Año Nuevo más, anunciábamos a las familias que el tercero venía de camino. El comentario más generalizado era el de «¡qué valientes!«.

Pero ¿qué me pasaba por la cabeza?

Me pasaba de todo por la cabeza y dependiendo del día, los pensamientos eran más optimistas o menos. Yo soy de naturaleza optimista y tranquila, pocas cosas consiguen alterarme, pero durante las casi 41 semanas que duró este tercer embarazo, no hubo día que no me asaltaran las dudas sobre si todo iba bien, entonces notaba algún movimiento del bebé y me quedaba tranquila. También es verdad que mis embarazos han sido muy buenos, no he tenido más molestias físicas que ardores y algo de ciática, así que no tenía nada de qué preocuparme. Además, yo había tenido un primer embarazo estupendo. ¿Qué podía volver a pasar mal?

Evidentemente, la noticia del embarazo, esperado y deseado, nos alegró muchísimo. Pero por la cabeza te ronda siempre algo, el famoso «y si…«. Cuando fui a la primera cita con mi matrona en el centro del salud, tras contarla mis antecedentes de un parto prematuro y las circunstancias, ya me avisó que era probable que me derivasen a «alto riesgo». Debió de ver algo en mi cara, no sé si sorpresa o preocupación. Me tranquilizó diciéndome que, hasta que se demostrase lo contrario, sería por controlarme un poco más dados mis antecedentes. En un principio, supondría visitas mensuales y tal vez alguna ecografía más que en un embarazo normal.

Y así fue, visitas mensuales y desde un mes antes del parto, visitas semanales. Por lo demás, el embarazo y las pruebas fueron las rutinarias: análisis de sangre, ecografías, la prueba del azúcar,…

Pero aunque el embarazo vaya bien no quita que según vayas cumpliendo semanas, sientas que vas cumpliendo hitos. A mi me ha pasado con los tres embarazos: la semana 12 ha sido el primer hito superado. Luego, la 20. Tras el embarazo del pequeño guerrero añadí la semana 25, que fue cuando detectaron que no estaba creciendo como se suponía que tenía que hacerlo. La semana 29, cuando ya nos dijeron en el anterior embarazo que probablemente no llegaríamos a término. Y la semana 31, que es cuando nació el pequeño guerrero.

Un embarazo después de un parto prematuro

Y llegó el tercer embarazo

Mi tercer embarazo fue muy similar al primero, de libro. Todo los análisis y pruebas daban bien, así que no había de qué preocuparse. Yo esperaba todos los resultados con cierta ansiedad, tal vez algo más que en mi primer embarazo, cuando íbamos a las ecografías lo preguntaba todo, controlaba los movimientos del bebé, si tenía hipo,…

Recuerdo que en una ecografía el bebé pasó de tener un percentil 66, según las mediciones que le habían tomado en la anterior ocasión a tener un percentil 33. En ese momento, me quedé muda. Eso mismo fue lo que pasó en el segundo embarazo. Aunque la ecografista en ese momento no le dio importancia, yo me quedé preocupada, rumiando todo, recordando…

Así que llamé a mi ginecólogo de confianza, que me ha llevado los tres embarazos, y me dió cita para unos días después. Cuando vio los datos de la ecografía, me dijo que en principio los números eran buenos, pero que de todos modos, él me iba a repetir la ecografía, para la tranquilidad de todos. Según sus mediciones, todo estaba bien. También me explicó que muchas veces puede ocurrir que dependiendo de quién haga la eco puede dar un dato u otro. Fue el único susto que nos llevamos en el embarazo.

Es cierto que tal y como se desarrolló el embarazo, no tenía de qué preocuparme, estaba bien controlada y las pruebas daban bien. Sin embargo, cuando me preguntaban qué tal iba el embarazo yo contestaba «de momento, bien» y era muy cauta en mis respuestas. La gente me animaba diciéndome que no tenía que volver a pasar lo del pequeño guerrero, y era cierto, no tenía que volver a pasar, pero… siempre quedaba un pero, un sin embargo,… Es inevitable darle vueltas si ya has tenido una mala experiencia previa.

Reflexión final

Si alguien que haya tenido un parto prematuro me comentase que se estuviese planteando un nuevo embarazo, yo le animaría. Tener un buen embarazo con un parto a término, te reconcilia con la maternidad y te ayuda a superar esos fantasmas que quedan tras un parto prematuro.

Comparte esto si te ha gustado
Bebé prematuro

Somos afortunados

Somos afortunados, es un hecho. Desde que hace algo más de cuatro años me convertí en madre (y puede que desde ese primer embarazo), leo mucho sobre maternidad, crianza, niños, puericultura,… y sigo a otras mamás a través de las redes. Esta actividad se disparó con la llegada prematura del mediano. Busqué información hasta cansarme sobre bebés prematuros, buscaba experiencias similares de otras mamás con bebés prematuros y encontré poca cosa. 

Poco a poco he ido descubriendo perfiles de otras mamás con bebés prematuros y leo sus vivencias y miro lo que tengo en casa y pienso «somos afortunados».

Somos afortunados, sí. La llegada del pequeño podía haber sido más traumática  si hubiese hecho caso a la que hasta entonces era mi ginecóloga. Porque entonces no estaría hablando de un bebé prematuro, sino de duelo perinatal. Además, desde el primer minuto demostró ser un luchador y decidió que la incubadora iba a ser una estación de paso.

Su nacimiento y su paso por la incubadora fueron duros y difíciles, no os voy a engañar. Pero más allá de los pinchazos que se llevó para ponerle la vía (central y periférica), la prueba del talón, analíticas variadas y numerosas pruebas de glucemia, no tiene más cicatrices.  No necesitó ningún tipo de cirugía. Somos afortunados.

Su desarrollo motor, del lenguaje y neurológico es normal, acorde a un niño de su edad. Pasa sus revisiones con nota, es fuerte y tiene buena salud. Eso sí, es un mocoso, los mocos le acompañan de noviembre a junio. Excepto una bronquiolitis muy leve y un broncoespasmo, que nos tuvo dos meses con aerosoles, no ha tenido más enfermedades. Es cierto que estuvo yendo a sesiones quincenales de atención temprana durante un año, pero fueron, sobre todo, para potenciar su psicomotricidad. Tampoco tiene secuelas debido a su prematuridad, o de momento no se han manifestado. Somos afortunados.

Sé que lo he repetido mucho a lo largo del texto, pero es una frase que me digo a diario, varias veces. Sobre todo, cuando leo historias de operaciones de corazón, problemas de visión (la retinopatía del prematuro es muy típica en los prematuros extremos), problemas digestivos, neurológicos o de psicomotricidad, doy gracias, me digo que somos afortunados y si le tengo cerca, le planto un beso.

Si cuando tienes un bebé sano, nacido a término, te preocupan mil cosas. Cuando tienes un bebé prematuro (extremo, en nuestro caso) te preocupan mil millones de cosas más, pasas las revisiones con temor a que puedan encontrarle algo, te pasas el día observándole a ver si progresa como debe o si, por el contrario, va más lento en su desarrollo o esperas ansioso sus primeras palabras o frases.

Con ello no quiero decir que si el niño hubiese tenido algún problema grave de salud, tampoco estaríamos llorando por las esquinas gritando «¡ay, pobrecitos nosotros!» Estaríamos luchando como jabatos porque es lo que tocaría.

Así que cuando las cosas vienen favorables, hay que ser agradecido y sentirse afortunado.

Somos afortunados
El pequeño guerrero en una piscina de bolas, demostrando que no hay obstáculo que no pueda superar.
Comparte esto si te ha gustado
Bebé prematuro

Con la lactancia hemos topado

Con la llegada de nuestro tercer hijo, yo tenía claro que volvería a darle el pecho, ya tenía experiencia y sabía lo que implica la lactancia, así que estaba segura que no iba a tener ningún problema. ¡Qué ilusa!

La lactancia de mi hijo mayor 

La lactancia con mi hijo mayor fue normalita, si tuviese que darle una puntuación, diría que un 6. Tuve muchas dudas al principio y durante todo el tiempo que duró. Además, tuve grietas durante casi 3 semanas. Pero, en cambio, fui capaz de hacerme con un mini-banquito de leche. Tampoco la alargué más allá de los 5-6 meses, por varias razones, pero la principal es que yo me reincorporaba a trabajar, lo cual hacía prácticamente imposible continuar con la lactancia. Mi despacho es de los que paredes son de cristal y no puedo desaparecer una hora de mi sitio para sacarme leche, así que esta opción quedaba descartada. De todos modos, desde que introdujimos los cereales sin gluten en su dieta, empezó a preferir los biberones a mi pecho.

Dejar la lactancia materna no me supuso ningún trauma, en ningún momento pensé que era mala madre por no prolongarla ni nada por el estilo.  Las cosas vienen como vienen y yo soy de esas personas que se adaptan bien a las circunstancias.

En este post, tenéis cómo fue la lactancia con el pequeño (Ahora, mediano)

La lactancia del tercero

Inmediatamente, después de dar a luz y durante las dos horas que estuve en la sala de puerperio iniciamos la lactancia. Vino el matrón que me había atendido durante el parto y de forma muy respetuosa me preguntó si le iba a dar el pecho, le contesté que sí y me dijo: «Pues, empecemos«. Me dio unas pautas y ahí nos quedamos enganchados el bebé y yo. Y así estuvimos prácticamente las siguientes 24 horas. Lo cual trajo sus consecuencias, unas grietas estupendas.

Algunas me dirán que un mal agarre o una mala postura, pero os aseguro que si tenéis un bebé succionando durante casi 24 horas, terminan saliendo grietas. Un ejemplo claro, no es lo mismo llevar un zapato que te roza durante una hora que durante cinco, al final, te sale una ampolla.

Durante estos dos meses que llevamos de lactancia, he pensado en muchas ocasiones en dejar la lactancia, pero antes de abandonar he buscado ayuda. Durante nuestra estancia en el hospital, hablé con las enfermeras y con una matrona experta en lactancia, que tiene contratada el hospital. Como el niño nació de madrugada, tuve la ocasión de hablar dos días con ella. En el primero, vino a presentarse, a ver cómo le daba el pecho, si la postura era correcta, etc… de hecho, corrigió un par de cosas.

El segundo día pasó a visitarnos a verme si la lactancia fluía. Le comenté que tenía grietas y que al niño tuvimos que darle un biberón de madrugada, porque a pesar de tenerle al pecho prácticamente todo el día, mi calostro no debía de ser suficiente. De hecho, tras darle el bibe (de 30 ml), se quedó dormido las siguientes 4 horas y todos pudimos descansar. Volvió a observarnos cómo le daba el pecho y me dio dos pistas de por qué podía tener grietas: el niño podía tener algo de frenillo (que teníamos que comentar con la pediatra) y parece ser que tengo un pezón XL, incompatible con la boca talla S del bebé, lo cual le dificultaba mamar.

Un inciso: Consultamos con la pediatra lo del frenillo y nos dijo que el niño no tenía frenillo. Con lo cual esta posibilidad quedó descartada. En cualquier caso, tanto la pediatra del hospital como la matrona nos dijeron que el frenillo no era problema para la lactancia, siempre y cuando el niño fuese cogiendo peso y mojando pañales.

Pienso que al comentarle lo de las grietas y el biberón nocturno, se le dispararon las alarmas de que abandonase en ese momento la lactancia. Yo soy algo más constante y siempre me pongo un tope más o menos realista.

También hablé con mi matrona sobre el tema de la lactancia y las grietas, me revisó el agarre, que era correcto, así que sólo quedaba esperar a que pasase el tiempo que curase las grietas. Para ello me recomendó una crema, que ya había usado en mi primera lactancia, purelán, y la verdad es que me ha aliviado bastante.

Por último, también consulté algunas dudas con una asesora de lactancia. Parece ser que todo lo hacíamos bien, así que solo quedaba tener un poco más de paciencia.

Pasados dos meses, puedo decir que estoy empezando a disfrutar la lactancia, aunque de vez en cuando tengamos que darle algún biberón de refuerzo, porque el niño se queda con hambre. ¿Cómo lo se? porque después de tenerle prácticamente una hora al pecho, sigue llorando, le preparo un bibe, se lo toma y cae extasiado.

¿Cuales son mis posturas para dar el pecho?

Sentada, con la espalada bien apoyada y si puede ser con reposabrazos. También suelo poner un cojín debajo para apoyar al bebé, que ya pesa 6 kg y a veces se me duerme el brazo que le sujeta.

Mientras estuvimos en el hospital, también le di el pecho tumbada. Me lo recomendaron las enfermeras para que yo también pudiese descansar, incluso un par de noches en casa también lo hicimos así. Pero, es una postura en la que yo no me apaño, además no descanso. Porque yo me muevo mucho en la cama y pienso que le voy a aplastar, así que estoy en un duermevela constante que no me permite descansar.

Del anterior párrafo, deduciréis que no practicamos el colecho, pero esto es otra historia digna de ser contada en otro momento

Conclusión

De momento, mantenemos la lactancia y es mi intención seguir dando de mamar al bebé hasta el momento en que me toque reincorporarme. Seguiremos dándole algún biberón cuando veamos que lo necesita.

Comparte esto si te ha gustado
Bebé prematuro

El blog cumple un año

¡Increíble! Cuando empecé a escribir el blog no sabía hasta dónde llegaría. Me lancé un poco a la aventura. No sabía cuánto tiempo me duraría esta «fiebre» de querer contar nuestra experiencia. Dicen que la mayoría de los blogs que se abren a lo largo de un año, muchos no llegan a cumplir el año. Con la llegada del blog, también llegaron la cuenta de Facebook, Twitter e Instagram (¿aún no nos sigues por las redes?)

A mí, me parecía que tenía muchas cosas que contar, porque en nuestra andadura en el mundo de los bebés prematuros, hemos encontrado pocas experiencias personales en internet. Yo me sabía la teoría, por lo que me contaban desde neonatos, la pediatra,… pero me faltaba algo, me faltaba el enfoque de otros padres con bebés prematuros que hubiesen pasado o que estaban pasando por lo mismo que nosotros.

Como mamá de un niño que ahora tiene tres años, que nació a término y con muy buena salud, yo leía muchos blogs de maternidad, de mamás más o menos famosas, he buceado mucho en internet, leído libros (sí, yo también me he leído un par de Carlos González,…), pero de bebés prematuros nada, hasta que nos tocó vivirlo.

El recorrido

Fue esa casi total ausencia de blogs de maternidad que contasen su experiencia con un bebé prematuro en la familia, que me animó a contar nuestra vivencia. Por supuesto, cada bebé es un mundo y más cuando se trata de un bebé prematuro. La prematuridad llega por diferentes causas y conlleva consecuencias diversas.

En un año como mamá bloguera, he ido aprediendo mucho del mundo de los blogs, he aprendido nuevos términos (SEO, por ejemplo) y no dejo de esforzarme por intentar llegar a más papás y mamás de bebés prematuros. El blog me ha reportado conocer otras historias de bebés prematuros y su enorme capacidad de lucha. Por supuesto, aún me queda mucho que aprender.

En un año, el blog ha recibido más de 10.000 visitas de más de 2.400 visitantes diferentes de todo el mundo que han leído unos 70 posts. Algunos cuando lean estas estadísticas les dará la risa floja, pero a mi me parece un gran logro. Muchas gracias a los que estáis al otro lado de la pantalla, por hacer esta aventura posible.

Orgullosa de haber llegado hasta aquí. Espero poder seguir contando cosas sobre bebés prematuros, maternidad, planes con niños,… porque sí, el bebé prematuro de la casa, ya tiene 17 meses y va creciendo y desarrollando su personalidad (¡y menuda personalidad!)

Espero poder seguir contando nuestras aventuras y desventuras por aquí.

Hermanos
El protagonista del blog y su hermano ¿Qué estarían tramando?
Comparte esto si te ha gustado
Bebé prematuro

Gatear Vs. Andar

Gatear o andar, ese es el gran dilema en el desarrollo de cualquier bebé y si ya es un bebé premturo, se convierte en el tema estrella. Hace un mes retomamos las sesiones de atención temprana. Con esto de las vacaciones, hacía bastante tiempo que no íbamos por allí.

Desde nuestro destino vacacional, hablé con la estimuladora porque me llamó para comprobar nuestra disponibilidad durante el mes de agosto y concertar una cita. Le expuse mis dudas sobre cuánto tiempo quedaría hasta el alta del niño y me dio largas, con lo de que cada niño es un mundo y lleva su propio desarrollo.

En fin, volviendo al tema que nos trae hoy por aquí. Tras la sesión de 45 minutos que el pequeño aguantó fenomenal, la estimuladora y yo hemos estado hablando de la evolución del pequeño. Se ha quedado gratamente sorprendida de los avances del pequeño: el hecho de aguantar los 45 minutos de trabajo ya es un logro en sí mismo. Pero además, el deseo de andar del pequeño, quererse poner de pie, cómo se lanza hacia los objetos, y la maña que se busca para desplazarse a pesar de no gatear y de necesitar ayuda cuando quiere andar son signos de la buena evolución en su desarrollo motor y psicomotriz.

Hablando con la estimuladora me ha confesado que se ha dado cuenta del poco interés que tiene el pequeño en gatear, aunque ella reconoce que seguirá intentándolo, porque es bueno para su desarrollo motor.

Nuestro hijo mayor empezó a andar con 10 meses y nunca gateó. Si podía desplazarse andando por la habitación apoyado en las paredes o en los muebles, así lo hacía. Sólo utilizó el gateo cuando tenía que ir de un punto a otro y no tenía apoyo. Básicamente, porque no le quedaba otra. Ahora gatea para enseñarle a su hermano cómo se hace.

El gateo

Cierto es que cada niño tiene un desarrollo diferente, pero ¿es tan importante el gateo? ¿Es una etapa por la que hay que pasar o se la pueden «saltar»?

Gatear vs. Andar

Los bebés suelen empezar a gatear sobre los 7 meses, cuando ya son capaces de quedarse sentaditos. Empiezan echando los brazos hacia adelante, y según se van encontrando más seguros, empiezan a conseguir apoyarse en cuatro puntos. Poco a poco, van cogiendo confianza y práctica y consiguen desplazarse.

Sin duda, el gateo ofrece beneficios al niño. Por ejemplo, a nivel motor, les fortalece los músculos de la espalda, les ayuda a conocer su propio cuerpo y a utilizar por igual brazos y piernas. Además, a nivel visual, les ayuda a coordinar la vista con sus manos.

Lo que hace el pequeño

Os diré que el pequeño no gatea, ni ganas ni interés (Ya lo he contado más veces). Tampoco es de esos bebés que avanzan con el culete o rastreando. No. El pequeño se ha buscado su propia manera de desplazarse. Desde la posición de sentado, parece que quiere ponerse a gatear, porque echa las manos hacia adelante y levanta el culete, pero se le quedan las piernas bajo el cuerpo y no es capaz de sacarlas, así que vuelve a sentarse, pero con la tontería ya ha avanzado un par de centímetros. Hace unos días, consiguió empezar a desplazarse, pero a su manera: Sentado, con una pierna atravesada delante del cuerpo y con la otra estirada hacia adelante. ¡Ya va hasta cogiendo velocidad!

Otras veces es más vaguete y se agarra a algún objeto para ayudarse en su desplazamiento. Si quiere girarse, lo hace como un helicóptero, en el que las piernas son las aspas y el culete hace de eje. Alguna vez, boca abajo, se ha impulsado con los brazos, pero hacia atrás… Igual más adelante nos sorprende y gatea y estos movimientos sólo son el inicio.

La estimuladora sí que consigue que gatee en cuatro apoyos, pero sujetándole una pierna para que no se la lleve hacia adelante, pero claro, aunque él sí gatea a la manera tradicional, con lo ansia que es se quiere desplazar muy deprisa y claro, enseguida se cansa. Además, sujetándole una pierna no es práctico, tienes que irle acompañándole en su desplazamiento.

Yo tenía esperanza de que al iniciar la guardería nos dijese que el niño ya no necesitaba más sesiones de atención temprana, pero la mujer se ha tomado como un reto personal conseguir que el pequeño gatee en cuatro apoyos. Ya veremos quien es más tozudo.

No todos los niños gatean, y eso no les hace ni más listos ni más tontos. Sin embargo, hay una creencia popular (desconozco si con base científica alguna) que dice que el niño que anda antes se retrasa en el lenguaje y el que tarda más en andar, habla antes.

Vuestros peques ¿Cuándo empezaron a gatear? ¿Gatearon antes que anduvieron?

Comparte esto si te ha gustado
Bebé prematuro

Mi primer cumpleaños

1er cumple

¡Es mi cumpleaños! Ya ha pasado un año. ¡UN AÑO! Aún no me lo creo… qué rápido se me ha pasado el año. Llevo un año en una familia que me adora.

Mamá es una besucona, cada vez que me coge en brazos me planta cuatro o cinco besos, así seguidos, y yo me dejo porque me encanta. Si me tiene en brazos y suena una canción en la radio que la gusta, me pregunta: ¿bailamos? Y se pone a bailar y a dar vueltas y a mi me entra la risa. Se desespera dándome la merienda, pero es que a mi la fruta no me va mucho y siempre me deja un ratito en la bañera, que me encanta.

Papá es mi héroe. Sabe cuando sacarme de la trona o de la hamaca. Vale, yo le echo los brazos, pero él lo capta rápido. Sabe que me gusta ponerme de pie, así que me ayuda a mantenerme de pie y a dar algunos pasitos. Le tengo desesperado con las siestas de después de comer, pero es que soy muy inquieto y no me quiero perder nada. Me encanta ese ratito que tenemos para nosotros, mientras me da el biberón de la cena.

Mi primer cumpleaños

Y ¿qué decir de mi hermano mayor? Me deja sus juguetes, bueno, todos menos el tren, que es su favorito. Me gusta mucho verle jugar, y más cuando se sienta conmigo a jugar. Es muy cariñoso conmigo aunque a veces, me agobia un poco, porque se me echa encima para darme besos. Cuando vamos en el coche, me hace cosas para hacerme reír y me cuenta lo que va viendo por la ventanilla, que yo soy aún muy pequeño y desde mi silla no veo nada, es muy divertido. Cuando me voy a dormir, después de cenar, siempre me da un beso y me hace una pedorreta. ¡Es muy divertido!

¡Y ahora a disfrutar del día!  Espero que me dejen probar un poco de mi tarta de cumpleaños.

Comparte esto si te ha gustado
Otros temas

Probamos: «Toallitas Näps»

La primera vez que oí/ vi hablar de las Toallitas Näps fue en el Instagram de «un cachito de mí y de ti». Me llamó la atención que eran ultracompactas y que añadiendo líquido  (agua, colonia,…), se hinchan, se expanden y quedan del tamaño de una toallita normal de bebé.

toallitas näps

Entonces, a través del Club de probadores que ha puesto en marcha el blog «un cachito de mi y de ti», hemos tenido la oportunidad de poder probar las toallitas Näps . Me hizo mucha ilusión ser una de las elegidas. Ya os digo que las toallitas Näps me tenían muy intrigada.

Hace un par de semanas, llegó el paquete a casa. 👏👏 No podía esperar a comprobar cómo eran las toallitas Näps así que en cuanto se presentó la primera oportunidad, las probé. Esta primera prueba fue un pelín decepcionante.

toallitas näps

Resulta que en el folleto que viene con las toallitas, viene un dibujo y aparecen una gotitas. Yo, que para las medidas soy un poco desastre y peco por defecto, hice lo que ponía el papel: añadir unas gotitas… y allí no pasaba nada. Vaya, pensé,  van a ser algo más que unas gotitas… y ya abrí el grifo (un poquito) y ya sí, la toallita se expandió.

Sin embargo, la hice pasar una dura prueba. Elegí mal momento para probar algo que no conozco: cambiar un pañal hasta arriba de caca. Aquello era de tal magnitud que con una toallita no tuve suficiente y con la urgencia de la situación terminé usando las típicas toallitas húmedas de bebé. Nueva decepción… también es verdad que yo era novata con el producto y que la situación no era la más adecuada.

20170607_174311.jpg

Pero, debo decir que mi percepción del producto ha cambiado y ahora le veo más ventajas que inconvenientes. Para ser justos, no podía permitir que mi opinión del producto se quedase en la primera impresión. Por eso, decidí darle una segunda oportunidad.

Ventajas

Las toallitas Näps las puedes llevar en la bolsa del carrito, en el bolso, tenerlas en el cajón,… vamos, donde quieras que no se van a secar. Y eso, para mí, es una gran ventaja. A mi las toallitas que llevo en el carrito se me suelen secar, porque no las uso a diario, las llevo ahí para un por si acaso que no se da a diario. De hecho, llevo un paquete pequeño precisamente por eso, porque se me secan.

toallitas näps
En la bolsa de la piscina

Puedes usar cualquier líquido para hacerlas crecer. Yo he probado con agua y con la colonia de los niños. Además, como con niños siempre hay que llevar agua, no hay problema de no tener un líquido a mano.

Puedes usar cualquier líquido para hacerlas crecer. Yo he probado con agua y con la colonia de los niños. Además, como con niños siempre hay que llevar agua, no hay problema de no tener un líquido a mano.

Son ultracompactas y ligeras: con lo cual no ocupan mucho sitio y puedes llevar muchas en el bolso.

Son biodegradables: No lo consideraría una ventaja, tampoco un inconveniente. Es bueno para el medio ambiente, pero yo siempre tiro las toallitas a la basura, así que esto no ha cambiado, ni para bien ni para mal en mis hábitos.

Inconvenientes

No puedes usarlas para una emergencia (por lo menos, yo): vienen envueltas como si fuesen caramelos (en papel de celofán transparente) y tienes que añadir algún líquido para que se queden en un tamaño normal. Así que si tienes prisa mejor tirar de las toallitas húmedas de siempre.

Si tienes tanta curiosidad como yo, visita la web de Napspain, que tienen un gran surtido de toallitas y preparan todo tipo de kits. Yo igual me animo con las repelentes de mosquitos.

¿Conocíais estas toallitas?

Comparte esto si te ha gustado
Otros temas

¡Qué calor!

Hasta el 21 de junio es primavera, o eso dice el calendario. Pero nos ha llegado una ola de calor que nos ha adelantado el verano a marchas forzadas. Este año lo de «Hasta el 40 de mayo, no te quites el sayo» se ha adelantado unos cuantos días este año.

Es normal que en junio, puesto que vamos hacia el verano, haga cada día más calor, pero esta ola de calor sahariano es demasiado. Nosotros vivimos en el centro de la Península, llevamos unos días rozando los 40º C de máxima y por las noches no sabemos lo que es refrescar, puesto que las mínimas están rondando los 22ºC, vamos, lo que vienen siendo las máximas diurnas por el norte de España.

El calor provoca que estemos como más cansados, que funcionemos a cámara lenta (evitamos quemar calorías, por eso comemos más ligero), pero también nos vuelve más irascibles. Y el pequeño no es una excepción.

Precisamente, ahora, que parecía que iba entrando en rutinas (ya os lo conté aquí), llega el calor y nos lo desbarata todo. Le cuesta dormirse una barbaridad, cuando antes le echábamos en la cuna y se dormía solito, ahora hay que estar acunándole hasta que se duerme y no sólo eso, sino que llega a despertarse varias veces. Por no hablar de la siesta, mejor ni mencionarla. Si ya de habitual le cuesta dormirse la siesta o que haga una siesta más o menos larguita, ahora si duerme media hora nos podemos dar por contentos.

¡Qué calor!

También está más llorón, más inconsolable. Puede entretenerse con algo, pero enseguida pierde el interés y vuelve a lloriquear. Al principio, le dábamos más importancia ¿tendrá hambre? Come más o menos bien, excepto la merienda, la fruta le está costando mucho. 

¿Sed? Por supuesto, le ofrecemos agua de forma regular, tiene un vasito de aprendizaje, pero el agua no le hace ni pizca de gracia. Cuando ve la boquilla, que es parecida a la tetina de un biberón, se emociona y parece que quiere agua, pero enseguida quita la cara y a veces conseguimos que tome varios sorbitos

¿El pañal sucio? Es una opción, pero si ya le has cambiado y sigue llorando ¿qué queda? Pues nada, intentar entretenerle, cogerle en brazos, pasearle por la casa, cambiarle de la hamaca al parque y vuelta a la hamaca…

Últimamente, como sus siestas son escasas, se nos duerme en el paseo, porque aunque estemos a 40ºC hay que salir de paseo, por su salud mental y la tuya. Y entonces, se queda dormido, microsiesta de 20-30 minutos… que si antes no nos importaba, ahora sí, porque nos cuesta mucho más dormirle.

intex-piscina-inflable-para-bebes-champinon
Piscinita hinchable

Hemos pensado que puesto que parece que es el calor lo que tiene al pequeño nervioso, le vamos a poner una piscinita hinchable en la terraza. Como disfruta mucho del baño y además desgasta energía, veremos si esta solución casera le hace más llevadero este calor. No me cabe tampoco ninguna duda de que el mayor también querrá meterse. De lo que ya no estoy tan segura es de si cabrán los dos.

Conclusión: nos queda un largo verano por delante, y los calores no acaban más que empezar. A ver si ya nos estrenamos con la piscina de verano y por lo menos estamos más fresquitos.

¿Vuestros peques, cómo llevan el calor? ¿Qué hacéis para aliviarles? ¿Les afecta en su día a día?

Comparte esto si te ha gustado
Bebé prematuro

«Es mi hermanito»

Con esta frase tan sencilla nos sorprendió hace unos días el mayor. Lo decía con orgullo y con cariño.

La verdad es que nos ha sorprendido lo bien que lleva ser hermano mayor. Cuando me quedé embaraza y según iba avanzando el embarazo, aunque le hablábamos de que iba a tener un hermanito, no teníamos muy claro que entendiese lo que significaba. Le dijimos cómo se iba a llamar y cuando le preguntábamos: «¿Cómo se llama el hermanito?» El decía el nombre del bebé, con mucha seguridad.

También es verdad que el hecho de que el pequeño estuviese todo el verano ingresado ayudó a irle preparando, le enseñábamos fotos del bebé solo, del bebé con nosotros,… y le decíamos que era el hermanito. Sí que debía de entender que aquel bebé tan pequeñito era importante para nosotros, porque le mencionábamos constantemente. Sin embargo, el mayor no pudo conocer al pequeño hasta que estuvo en casa.

Cuando el pequeño llegó a casa, nuestros temores se disiparon rápido. Le acogió muy bien, le hacía caricias y entendía que había que tener mucho cuidado con el bebé. Yo temía que en cuanto me viese darle el pecho, él también quisiese aunque hacía ya más de un año que habíamos dejado la lactancia. O que si le dábamos biberón al bebé, como complemento, él también quisiese, porque de hecho hacía apenas dos semanas que habíamos dejado el biberón. Pero tampoco manifestó mayor interés por el biberón del pequeño.

No voy a decir que todo fue un camino de rosas, pero tampoco un camino de espinas. La llegada del pequeño a casa coincidió con que el mayor empezaba a ir a la guarde, se le acumularon las novedades. Pero poco a poco se fue adaptando a las nuevas circunstancias.

Con el paso de los días, el mayor se acostumbró a la presencia del pequeño; a que ya no era el primero en entrar en el ascensor porque tenía que entrar primero el carrito, para caber todos bien; a que en el coche había cambiado de compañero de viaje, ya no iba mamá a su lado, iba un bebé que se pasaba los trayectos, por cortos que fuesen, dormido.

Cuando juega, le pone juguetes en su hamaca, o pinturas, o le da un juguete que se le ha caído… Lo gracioso es que yo creo que se piensa que el pequeño le va a seguir su ritmo de juegos y dibujos. De momento, el pequeño le observa jugar y el otro le cuenta lo que va haciendo.

El mayor es muy cariñoso con su hermanito. Le da besos y le acaricia. Otras veces le coge la mano o le quiere hacer cosquillas en los pies, porque me ve a mi hacerlo. A la hora del baño, hay días que quiere «ayudar» y le echa agua por encima. También ocurre que cuando el pequeño está en la hamaca (su puesto de observación), el mayor se le echa encima para hacerle mimos, pero cuando esto pasa el pequeño se agobia y llora.

Debo decir que el cariño es mutuo. Al pequeño le entretiene mucho ver jugar a su hermano y en cuanto ve que no está cerca lloriquea, anunciando que se ha quedado solo. Cuando el mayor llega de la guarde, se pone muy contento, sonríe mucho y patalea de gusto.

El mayor sabe cómo hacerle reír y cuando vamos en el coche le hace ruidos y el otro se parte de risa. También le va retransmitiendo lo que ve: «Mira, ¡un toro!» o «¡El tren!» y le cuenta cuando molinos eólicos ve. Y se ve que al pequeño le gusta porque le oímos reír con ganas.

Amor de hermanos

Creo que el hecho de que se lleven 22 meses ha influido positivamente en la relación entre ambos. Mi teoría es que el mayor no ha tenido tiempo de darse cuenta de que era hijo único. Ahora que empieza a tener memoria, para él, su hermanito siempre ha estado ahí.

Pero no todo es perfecto. Es verdad que el mayor no ha pegado al pequeño o a nosotros porque hagamos más caso al pequeño que a él, pero sí ha tenido sus momentos de celos. Por ejemplo, si me ve darle la papilla de frutas al pequeño, él también quiere. O si he tenido cogido en brazos al pequeño, cuando le dejo en su sitio, él también quiere que le coja. O si hago cosquillas al pequeño, me dice «¡mamá, ahora yo!«. Pero todo eso me parece que entra dentro de la normalidad.

Tampoco voy a decir que nosotros lo estemos haciendo fenomenal o que hayamos dado con la clave para evitar los celos entre hermanos y la armonía en casa sea maravillosa. Hay veces que el mayor reclama nuestra atención y si estamos con el pequeño y así se lo hacemos saber, llora o insiste más fuerte. A veces, a mí se me escapa la frase de «Ahora no puedo, que estoy con el bebé» y según sale de mi boca, me arrepiento…

También creo que ahora mismo, el pequeño es aún muy bebé, ni anda ni gatea, y no coge los juguetes de su hermano (con o sin permiso). Supongo que cuando sea más mayor, las cosas cambiarán, pero por ahora, disfrutemos del momento. Pero volviendo a la frase que sirve de título a este post, yo creo que lo estamos haciendo bien.

Vuestros peques ¿qué tal llevaron la llegada de un hermanito a casa? ¿Cómo gestionáis vosotros los celos entre hermanos?

Es mi hermanito
Comparte esto si te ha gustado