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Planes con niños: Nos vamos a coger setas

Cuando llega el otoño, a mi marido le entra el gusanillo de ir a coger setas. Para él es como un ritual, que nos ha ido inculcando a los niños y a mi. Debo confesar que a mi también me gusta ir a coger setas. Al principio, me cuesta un poco, pero a partir de que veo la primera las demás parecen que estén iluminadas con luces de neón. Mi marido conoce bien los níscalos y es quien me ha enseñado a buscarlos, y ahora enseña a los niños.

¿Qué hay llevar?

Para coger níscalos, o cualquier otra seta, es importante ir bien preparado. Hay que llevar una cesta. ¿Por qué una cesta y no una bolsa? Con la cesta, nos aseguramos que las esporas de las setas caigan de nuevo al terreno y así al año que viene pueda volver a haber setas, si el agua y la temperatura acompañan. Si llevamos una bolsa, esto no sería posible y podría llevar a la extinción de la seta. Además, es necesario llevar una navaja para cortar la seta. Los níscalos no se pueden arrancar de raíz, se cortan por el tallo.

Nos vamos de setas

Y, por supuesto, un buen calzado y ropa cómoda. Piensa que vas a estar paseando por un pinar, con sus piedras, sus ramas caídas, sus huecos en el suelo,… Si vas con niños, piensa también en su comodidad. Yo les visto con un chándal y calzado deportivo.

¿Dónde vamos a por níscalos?

Los níscalos y otras setas viven en perfecta armonía con los pinos. Así que hay que buscar un buen pinar. Los pinares «urbanos», esto es los que están en nuestros parques o próximos a las ciudades, no valen para buscar setas. Las agujas de los pinos son el abono perfecto para los níscalos y hasta les sirve de camuflaje. Es habitual encontrar los níscalos en grupos, con lo cual de una vez puedes cortar tres o cuatro.

En Castilla La Mancha, hay varios sitios para poder ir a buscar níscalos, como por ejemplo, por la zona de los Montes de Toledo o los pueblos de la arquitectura negra de Guadalajara.

Desde hace cuatro años, hemos ido incorporando nuevos «excursionistas» a esta salida anual. La primera vez que fuimos con niños, el mayor tenía 4 meses y le llevamos en una mochila. Este año, aquel bebé ya fue capaz de distinguir sus primeros níscalos al grito de «Aquí hay otra seta naranja» además fue el encargado de llevar la cesta que ya pasado un tiempo le pesaba.

En esta ocasión, íbamos con pocas expectativas. Por nuestra experiencia de años anteriores, sabemos que entre semana van grupos a recoger níscalos para luego venderlos y los fines de semana nos juntamos todos los «seteros» urbanitas. Además, nosotros habíamos salido un poco tarde de casa y es un viaje de un par de horas, así que suponíamos que no nos quedaría ni un níscalo chiquitito que llevarnos, pero tuvimos suerte y volvimos con unos 3 kilos.

A la hora de coger níscalos, o cualquier otra seta, la ley solo permite llevarse 5 kilos por persona. Si te pilla la Guarcia Civil con más puede ponerte una multa.

Teniendo en cuenta que el viaje desde casa hasta donde recogemos las setas es de unas dos horas, no se puede ir y volver en una mañana, así que hay que preparar comida o pensar en comer por la zona. En esta ocasión, hemos optado por el picnic. Llevamos tortilla de patata, empanada de atún casera y unos sandwiches. De postre, fruta. Para el viaje de vuelta, les llevé unos gusanitos.

Esta vez optamos por un sandwich, pero hace 3 años optamos por comer en un pueblo de la zona: Cogolludo y de paso hicimos algo de turismo por la zona.

Al llegar a casa, mi marido se encargó de limpiar y sanear los níscalos y los dejó listos para cocinarlos. Al día siguiente, buscó alguna recetilla por internet y se puso manos a la obra, con la inestimable colaboración del mayor.

Según mi hijo mayor, estas pequeñas setas verdes (que no sabemos qué son y ni las tocamos, por si acaso) son donde viven los gnomos.

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