cesárea
Bebé prematuro

Mi cesárea

Hace poco leí en Instagram que abril es el mes de la concienciación sobre la cesárea. No estaba entre mis planes hablar de la cesárea del pequeño guerrero, pero ya que estamos en abril, me parece buen momento.

En muchos casos, la cesárea es la única vía para que el bebé nazca vivo o para evitar complicaciones añadidas al parto. Sin embargo, estoy segura que todos conocemos casos o hemos oído chismes de cesáreas programadas por evitar festivos o fines de semana u otros motivos peregrinos.

En esas ocasiones en que la cesárea es necesaria, no hay que criminalizar ni al equipo médico que atiende a la mamá ni a la propia mamá. Yo he llegado a oír que las que dan a luz mediante cesárea no han parido.

¿Qué es una cesárea?

Es una operación quirúrgica y, por tanto, hay que darle la importancia que se merece. Te anestesian, bien con epidural, bien anestesia general. Y tras la intervención, te llevan a reanimación. Hasta hace relativamente poco, a las madres se les separaba de los hijos tras una cesárea. Ahora hay hospitales que permiten que el bebé se quede con la madre y pueda comenzar la lactancia. De igual manera, al ser una intervención quirúrgica, los padres no suelen entrar en el quirófano.

La cesárea es un corte que se le practica a la madre en el abdomen a la altura del útero, para poder sacar al bebé, o bebés.

Una cesárea se practica, por regla general, cuando el parto vaginal puede comprometer la vida de la madre o del bebé. Se me ocurren varios ejemplos: el nacimiento prematuro y de emergencia de un bebé, cuando el bebé no se ha dado la vuelta y no puede haber parto vaginal, cuando llegado el parto, el bebé «no baja» y es la única manera de evitar el sufrimiento fetal. Seguro que vosotros podéis aportar más ejemplos.

Cesárea
(Imagen tomada de Internet)

¿Por qué se le dedica un mes?

Cuando una cesárea es necesaria, todo el mundo es comprensivo. Sin embargo, ha llegado un punto en el que se han llegado a practicar demasiadas cesáreas. Desde la OMS, lo que se pide es que los profesionales se ciñan a los protocolos establecidos, evitando aquellas intervenciones innecesarias.

Se le dedica este mes porque hay mamás a las que se les ha practicado una cesárea lo han pasado mal o se les ha criminalizado. Con ello, se pretende evitar estas situaciones tan incómodas.

¿Cómo fue mi cesárea?

Yo ya había pasado un parto vaginal y cuando me quedé embarazada del segundo en ningún momento se me ocurrió que viviría una cesárea. La idea de la cesárea empezó a flotar en el ambiente cuando nos avisaron de que era probable de que probablemente fuese prematuro. Yo tardé en asimilar la idea, la verdad.

Cuando llegó el día, las cosas no fueron como yo las había imaginado. Fue programada de un día para otro, a la vista de los resultados de los monitores que me habían hecho por la mañana. Primero, se adelantó a lo previsto ante un posible sufrimiento fetal del bebé. Estaba programada para la una de la tarde y al final fue a las 11 de la mañana. Segundo, al precipitarse todo, mi ginecólogo y una compañera suya de confianza y que me daban mucha tranquilidad, no pudieron estar presentes. Y, tercero, como iba a ser una cesárea programada, en principio, mi marido iba a poder acompañarme en ese momento (en ese hospital, lo permitían entonces). Pero, al ser tan repentino, no pudo ser.

Me enseñaron al bebé un microsegundo y se lo llevaron volando a la UCIN. A mi me terminaron de coser y me llevaron a reanimación y mientras mi marido dando vueltas por un pasillo, sin noticias de ninguno.

Debo decir que mi recuperación fue bastante buena. Tenía dolor y durante algún tiempo tenía el reflejo de proteger esa parte del vientre de posibles golpes.

La lactancia, al ser diferida, no supuso un problema. El bebé pesaba apenas un kilo, así que tenerlo apoyado sobre mí no me provocaba ningún dolor.

En cuanto a los dolores, mientras estuve en el hospital, me pusieron una bomba que me suministraba analgésicos durante los cuatro días que estuve ingresada. En su momento pensé que en cuanto se pasase el efecto de los analgésicos de esa bomba me moriría de dolor, pero la verdad es que no.

No recuerdo realizar ningún cuidado especial con la cicatriz. Simplemente, cuando me duchaba, me sacaba con cuidado la cicatriz. A los 15 días, fui a la revisión y el médico me quitó un hilo que habían puesto para la cicatriz y listo.

Una de mis tías, que también pasó por una cesárea hace ya unos cuantos años, se sorprendió al verme en el hospital, sentada en la cama, merendando, tan «pichi» como si no hubiese pasado por una intervención quirúrgica. Mucha gente que me vió esos días me dice que siempre tuve buen color. Sinceramente, yo creo que tengo un cuerpo agradecido, porque no tuve grandes dolores ni grandes molestias. Desde luego, la cicatriz está ahí y me va a recordar siempre lo que pasó aquel 29 de junio de 2016.

Por último, un parto vaginal es posible tras una cesárea. Sin embargo, es recomendable esperar entre uno y dos años para el siguiente embarazo. Yo soy ejemplo de ello, tras un parto por cesárea, el tercero llegó por un parto vaginal increíblemente bueno, 26 meses después de la llegada del pequeño guerrero.

Por si no lo habéis leído, o queréis releerlo, os dejo los enlaces en los que os cuento la llegada del pequeño:

Comparte esto si te ha gustado

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *