UCIN HM
Bebé prematuro

La llegada de un hijo prematuro

Este post lo ha escrito papá, la otra pata de esta familia. Siempre soy yo la que escribe, aunque a veces lo haga en plural, porque los sentimientos por la llegada de nuestro hijo prematuro son compartidos. Quería que mi marido, el papá, escribiese cómo se sintió cuando Pablo llegó de forma prematura (y un tanto precipitada) a nuestra vida. Poco se habla de los sentimientos de los papás ante la llegada de un hijo prematuro, y mucho menos se ponen por escrito.

El relato de papá

Me pareció buena idea de mi mujer que expresara por escrito lo que sentimos, pensamos y pasamos en general durante los días del largo verano de 2016, cuando nació nuestro segundo hijo Pablo Francisco. Recuerdo con claridad que el día 28 de junio el doctor López, que tuvo mucho que ver con que nuestro hijo esté con nosotros, nos dijo que al día siguiente tenían que sacar al niño mediante cesárea en el Hospital HM Puerta del Sur de Móstoles. Mi mujer y yo nos quedamos sobrecogidos por la celeridad del alumbramiento, dos meses antes de lo previsto. Bien es cierto que éramos conscientes que la evolución del peso del bebé estaba estancada, desde hacía un mes que no había cogido nada de peso y nos tenía bastante preocupados.

Esa misma tarde del día 28 se nos fue en preparar todo para que ella ingresara en el hospital esa noche. Realmente quien lo hizo todo fue ella pues yo estuve al cargo del hermano mayor. Andábamos como muy inseguros, hacíamos lo que nos decían y en ello nos centramos, procurábamos no pensar más. La noche fue larga y poco descansada, el día siguiente iba a ser muy especial y diferente a la alegría que conlleva un alumbramiento normal como el que habíamos tenido con el mayor.

Tengo en mi memoria muy vivo el recuerdo de la despedida de mi mujer para que ella pasara al quirófano y la tristeza de no poder animarla ante los momentos tan duros que presentía que iba a tener que soportar. La puerta de muelle se cerró y me quedé solo con mi pensamiento durante largo tiempo que estuve recorriendo el pasillo a pasos lentos. Creo que fueron 3 horas, pero se me hizo más largo aún.

Apenas había gente en el hospital y menos en la esta planta de nacimientos debido a que el hospital era nuevo. Tengo que decir que el trato del personal fue casi inmejorable y que las instalaciones del hospital amplias y limpias. Mi mujer salió sobre las 16,00 después de haber entrado a las 11,00. Nos dijeron que hasta el día siguiente no podríamos verle en la sala de prematuros. Así que esa tarde y noche la dedicamos a hablar, pero sentíamos un vacío grande. He de decir que no descansé mal a pesar de todo, debido al trasiego que llevaba y el déficit de descanso que llevaba.

La primera impresión al ver a Pablo fue de la de ver a un bebé mínimo, con carita de prematuro, caracterizado por un gran hueco entre las cejas y los pómulos, los párpados que cubren casi todos sus ojitos, con la nariz pequeñita por donde tenía dos tubitos para meterle la alimentación. No expresaba nada y apenas se movía. Lo mejor y más bonito es cuando te lo colocan en el pecho y le puedes acariciar, es cuando das por buenas todas las penas pasadas. Le ves muy frágil, pero a la vez te entra fuerza y ánimo para trasmitirle toda la energía que le sirva para coger peso, para darle alegría a su carita.

La llegada de un hijo prematuro

El nombre del niño iba a ser Francisco, pero la celebración del día de su nacimiento era San Pedro y San Pablo, por lo que decidimos añadir el nombre de este último al de Francisco. Curiosamente Pablo es el nombre por el que le llamamos, aunque él se gustaba llamar Pablo Francisco durante su segundo año de nacimiento.

Recuerdo que ese verano fue extremadamente cálido. La hora de ir a verle coincidía con la máxima temperatura del día, 11,00 a 15,30, con una mareíta tórrida que nos daba durante el recorrido del aparcamiento hasta dentro del hospital que nos recibía con una temperatura muy agradable. Aunque llegaba sudando no fue nunca motivo de queja el calor.

Lo que realmente nos importaba era el estado de salud de nuestro hijo que día tras día no nos satisfacía porque no cogía peso fundamentalmente, le costó comer al principio, creo recordar que tuvo dos procesos víricos y demás problemas en su debilitada salud que ahora desde la distancia temporal me parecen meras anécdotas. Esto durante unos dos meses y medio, unas veces con más optimismo y otras con menos, pero con unas ganas tremendas de poder tener a nuestro hijo en casa cuanto antes.

Entiendo que no fuimos verdaderamente conscientes de la dura lucha que estuvo teniendo Pablo con la vida porque nuestros afanes diarios de hablar con los sanitarios deseosos de que nos dieran buenas noticias, tener un poco desasistido al mayor, las idas y venidas al mencionado hospital, etc. que nos tenían un tanto desubicados y descentrados a pesar de nuestros esfuerzos diarios.

Hoy todo es muy diferente. Vemos a Pablo como un niño más, es un luchador nato, dotado de una gran astucia, con una alegría infinita y risa fácil, sobre todo en familia, aunque un poco tímido de cara al exterior. Con una altura y peso normal a su edad. Come de todo y se mueve con gran facilidad, es muy observador y tiene un tanto de “perro viejo”, espera a la libre donde él sabe que puede ir. Siempre decimos que el aprendizaje en la lucha por salir adelante en sus primeros meses lo lleva en el ADN para lo bueno y para lo malo.

En estos enlaces podéis leer cómo os conté la llegada de nuestro hijo:

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3 comentarios sobre “La llegada de un hijo prematuro”

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