Sevilla
Viajar con niños

Viajar con niños: Sevilla

Este viaje a Sevilla lo hicimos hace algún tiempo, pero me ha venido a la mente y al recordarlo he querido compartirlo en un post. Tanto mi marido como yo ya conocíamos Sevilla (los dos estuvimos en la Expo, él ha corrido allí la maratón), pero hacía mucho que no habíamos estado por allí y nos pareció un buen destino para ir con los niños un puente.

El viaje

En esta ocasión, fuimos en AVE. Aprovechamos una promoción que hubo de Renfe que ofrecía billetes a 25 €. Sí, de esas promociones que parece que nunca hay billetes porque cuando te llega el turno, ya está todo agotado. Recuerdo que me puse a buscar billetes a la 1 de la mañana y para mi sorpresa, conseguí los billetes. Cuando me fui a dormir, le dije a mi marido: «Es tu turno de buscar alojamiento«.

Los niños menores de 4 años no pagan si no ocupan asiento, así que el viaje, ida y vuelta nos costó 100 €.

Desde la estación de Santa Justa al alojamiento fuimos en taxi y tardamos aproximadamente 15 minutos. Los taxis no tienen obligación de llevar sistemas de retención infantil, así que los niños fueron sentados sobre nuestras rodillas con el cinturón puesto.

El alojamiento

Mi marido tiene muy buen ojo para buscar un alojamiento bueno, bonito y barato (o a un precio no desproporcionado), que se adapte a nuestras necesidades y además que esté céntrico.

En esta ocasión, el alojamiento lo cogió en el barrio de Santa Cruz, de lo más típico que hay en Sevilla. Lo mejor es que el barrio es casi todo peatonal y muy pocas calles tienen tráfico rodado, con lo cual es ideal para ir con niños pequeños y con carrito.

Sevilla

El alojamiento era lo suficientemente céntrico como para llegar a la catedral andando en unos 15 minutos.

Decidimos que lo mejor era un apartamento. Una opción que nos permite ir más a nuestro aire en cuanto a horarios y comidas. Podemos tanto hacer comidas fuera, como llevar comida y comer allí. Nos da más independencia a la hora de entrar y salir y mayor comodidad a la hora de ir con niños.

Nuestra estancia de tres días en Sevilla

Día 1

Por la mañana, hicimos el viaje en el AVE. Tuvimos suerte y nos tocó una mesa. De los cuatro asientos, dos eran nuestros, otro estaba ocupado por una chica y el cuarto se quedó vacío. Los niños, como niños que son, se estuvieron moviendo, pero ya nos ocupamos nosotros que no molestasen. De hecho, una parte del viaje la hicimos, por turnos, en la cafetería del tren, puesto que el pequeño tenía ganas de explorar mundo. El mayor iba alucinado, no sabía si mirar por la ventana o la peli que echaban.

La primera tarde, después de comer y de una merecida siesta, nos dispusimos a recorrer el barrio, a modo de reconocimiento: parques cercanos, tiendas de alimentación, posibles bares y restaurantes para comer algo,…

Así que, callejeando, salimos a los Jardines de Murillo, que están lindando con los Reales Alcázares. Estuvimos un rato en los juegos infantiles, y seguimos ruta hasta la Calle de San Fernando, donde está la antigua Real Fábrica de Tabacos, que ahora es sede de la Universidad, paseamos esa avenida hasta la plaza de Jerez y el hotel Alfonso XIII, toda una institución. Por esa avenida, pasa un tranvía que hizo las delicias de los peques que se pasaban el rato saludando al tranvía.

Para el primer día no estuvo mal el paseo, así que decidimos coger algo para cenar en los muchos restaurantes que había y nos fuimos para casa.

Día 2

El segundo día optamos por pasear hasta el Parque de María Luisa y su famosa Plaza de España. Y digo famosa en todos los sentidos. Es conocida por su decoración en azulejos con todas las provincias de España, es una de las imágenes más típica de Sevilla y además fue escenario de uno de los episodios de Star Wars.

Sevilla: Parque de María Luisa

Echamos un buen rato allí, paseando, haciendo mil fotos,… Por supuesto, también tenemos foto en nuestra provincia.

Pero, el Parque de María Luisa tiene muchas más cosas que ver que la Plaza de España: la estatua de Bécquer, el mirador del monte Gurugú (una construcción muy curiosa, y que además es accesible) o la Plaza de América.

Por la tarde, teníamos pendiente una visita al centro. Aún no habíamos visto la Giralda. Así que fuimos paseando desde nuestro alojamiento hasta la Giralda, pasando por la Casa de Velázquez. Esta visita era parada obligatoria. En el cole, el mayor, a través de un proyecto de arte, había aprendido que Velázquez había nacido en Sevilla y le hacía especial ilusión, visitar su casa natal.

La verdad es que nos llevamos un chasco. La fachada en sí misma no es imponente, pero además daba la sensación de abandono y un gran cartel de «se vende» lucía en una de las ventanas superiores. No sé cuál es la situación ahora mismo. Tengo entendido que alguien la había adquirido para reconvertirla en casa-museo, pero desconozco la situación actual.

Al niño no le importó. Lo que él quería era ver dónde había nacido ese pintor tan famoso que le habían explicado en el cole y una foto para enseñársela a su profe. Así que como la petición del niño era fácil de cumplir así lo hicimos.

Desde ahí, seguimos callejeando hasta que llegar al centro. Cogimos la Avenida de la Constitución, desde el Archivo de Indias y fuimos paseando hasta la Plaza nueva y el Ayuntamiento, pasando por la catedral. En esta plaza, acaba (o empieza según se mire) el tranvía que os comentaba antes y desde esta plaza arranca la mítica calle Sierpes sevillana.

Decidimos deshacer el camino y buscar algún sitio para cenar, así que bordeamos la Catedral y vimos la Giralda.

Cuando vamos de turismo con los niños, tenemos claro que lo de visitar monumentos por dentro es complicado. Primero, porque ellos no aprecian la visita como nosotros, creo. Segundo, porque en un museo las piezas de arte no se tocan y yo estaría más preocupada de evitar que toquen nada que de disfrutar del arte. Así que nunca visitamos monumentos o reservamos entradas para visitarlos, como por ejemplo, sería aconsejable hacer si queréis visitar los Reales Alcázares.

Día 3

El tercer día optamos por ir hacia el río: otra visita obligada. Así que por la Avenida Menéndez Pelayo y bordeando el Parque de María Luisa, llegamos hasta el Guadalquivir. Debo decir que para ser pleno mes de enero, hacía un día buenísimo y la ribera del río estaba llena de paseantes, corredores, familias,… algún valiente iba hasta en manga corta.

Sevilla: Guadalquivir, Torre del Oro

Fuimos paseando hasta el Puente de Triana, quizás el más famoso de los puentes de Sevilla y también el más cinematográfico. Nada más cruzar a la otra orilla, te encuentras la capilla del Carmen y un mercado gourmet, del estilo de San Miguel que tenemos en Madrid.

Desde ahí fuimos paseando por la calle Betis hasta el puente de San Telmo, donde volvimos a cruzar, para ver de cerca la Torre del Oro. Desde este lado del Guadalquivir, se ve muy bien tanto la torre, como la Plaza de toros de la Maestranza, como el Teatro del mismo nombre.

Paseando y pasito a pasito llegamos de nuevo a la Puerta de Jerez y el Palacio de San Telmo (actual sede del Parlamento Andaluz) donde decidimos que era un buen sitio para comer. Después de comer, nos fuimos para el alojamiento, que llevábamos unos cuantos kilómetros en el cuerpo y necesitábamos reponer fuerzas.

Por la tarde, decidimos recorrer un poco más el barrio de Santa Cruz y así fue como llegamos hasta la Casa de Murillo, que también es visitable, a la Plaza de Santa Cruz y a la Casa de Pilatos. La Casa de Pilatos es propiedad privada y cuando nosotros estuvimos no era visitable. Ahora, creo que se puede visitar previa cita.

Por supuesto, nos quedó mucho por ver en Sevilla. Aún así creo que pudimos ver lo más importante. Además, hay que tener en cuenta que íbamos con niños que se cansan mucho antes que nosotros. La verdad es que anduvimos mucho y ellos se quejaron poco.

Mientras escribía este post he estado escuchando esta canción…

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Viajar con niños: nos vamos de crucero.
Viajar con niños

Viajar con niños: nos vamos de crucero

Lo de ir de crucero con los niños es una idea que nos lleva rondando un tiempo y este año nos hemos animado.

A pesar de que aún faltan varios meses, si quieres ir de crucero a un determinado destino y en unas determinadas fechas, tienes que andar espabilado. Tan espabilados hemos estado que en octubre ya hemos reservado, con dificultades, para irnos en junio de 2020.

Digo con dificultades porque, por ejemplo, no hemos podido reservar un camarote familiar, esto es, un camarote con dos habitaciones. Los que quedaban ya se nos iban de presupuesto. Hemos tenido que reservar dos camarotes cuya situación no es perfecta, pero es la mejor de las opciones que nos ofrecían. Están uno enfrente del otro.

¿Por qué hemos elegido un crucero?

Tanto mi marido como yo ya hemos viajado en crucero. Nos parece una opción muy buena para hacer turismo. Ves diferentes ciudades, en algunos casos, un poco rápido, pero o bien te dejan el gusanillo para volver y visitarlas más tranquilamente, o bien decides que es un destino que no repetirás (por los motivos que sean).

Además, en mi opinión, los cruceros son una forma de viajar muy cómoda. Mientras visitas distintos destinos, que de otra manera no podrías visitar, llevas el hotel a cuestas, no te tienes que preocupar de traslados, ni comidas, ni nada. Lo tienes todo incluido.

En nuestro caso, además, viajaremos con los niños. Ir en un barco para ellos tiene mucho atractivo. Es una novedad y estamos seguros de que lo disfrutarán. Aunque el pequeño no se enterará de mucho, estamos seguros que los dos mayores no olvidarán la experiencia. A esto hay que añadir que la mayoría de las agencias de viaje te hacen ofertas para los niños y sólo suelen pagar las tasas y seguros.

¿Qué destino elegir?

Personalmente, en cuanto alguien me menciona un posible destino de vacaciones se me dispara la imaginación. Luego, la realidad (o el presupuesto) me devuelve a mi sitio y me centro. Yo he hecho cruceros por el Adriático e Islas Griegas, el Mar Báltico y Noruega. Mi marido también ha estado por el Adriático.

Viajar con niños: nos vamos de crucero.

En esta ocasión, vamos con los niños. Así que valoramos ciertos puntos, como por ejemplo la cercanía del puerto de embarque y de desembarque. Es decir, que no dependamos únicamente de tener que coger un vuelo. Por eso, empezamos mirando cruceros que tuviesen su punto de partida y de llegada en la península. (Barcelona, Valencia, Málaga). Con esta premisa, los destinos se nos reducían al Mediterráneo, evidentemente.

Otro punto importante son el número de noches que quieres estar fuera de casa. Porque hay oferta desde las 4-5 noches, hasta los 15 días, dependiendo del destino.

Ya con estos dos puntos claros, toca ir a la agencia de viajes a por el catálogo o bucear por internet para buscar qué ruta se adecua a tus intereses, los puertos en los que para, días de navegación, etc…

Con todo esto en mente y teniendo en cuenta que vamos con tres niños, que por entonces tendrán casi 6 años, casi 4 (bueno, los cumplirá durante el crucero) y casi 2 años, nos decidimos por un crucero por el Mediterráneo Occidental.

Elegir barco y camarote

Si has elegido un destino concreto, el barco viene predeterminado. Es decir, que si quieres ir al Mediterráneo visitando una serie de puertos, el barco es el que dice la naviera.

Lo de elegir camarote depende también de las circunstancias de cada uno: si quieres ventana, balcón, terraza o si con un interior te conformas. La verdad es que yo creo que en un crucero, que apenas pisas el camarote, un camarote interior es la mejor de las opciones. Nosotros vamos en dos camarotes, no hay camarotes para cinco, excepto los familiares. Había una opción familiar, que es un camarote con dos habitaciones, que habría sido ideal, pero hay muy pocos de esos y se nos iba de presupuesto.

Así que esta vez vamos en dos camarotes, uno exterior con balcón, para tres personas, y uno interior, para dos.

La reserva del crucero

Así que elegido el destino, la ruta y los camarotes, sólo queda hacer la reserva. Nosotros hemos ido a través de agencia. Más que nada por comodidad. En el momento de la reserva, ya sabes cuál va a ser tu camarote y te dan un localizador con el que puedes acceder a la web de la naviera y personalizar el crucero: comprar paquetes de bebidas, reservar excursiones,…

A partir de ahora llega lo mejor, planear el viaje.

Documentación

En el momento de la reserva, piden nombres y apellidos de todos los viajeros y número de DNI, si tienen. Ya sabéis que los menores de 14 años no tienen obligación de tener DNI. En el caso de mis hijos, les hicimos el DNI en 2018, porque teníamos pensado viajar a Roma.

Los DNI de los niños caducan a los dos años, así que la renovación del DNI va a coincidir con el crucero. Y ya para más casualidad, a nosotros dos también nos toca renovar el DNI en 2020.

Sin embargo, para viajar en crucero, además del DNI, es necesario tener el pasaporte en vigor. Nosotros sí que lo tenemos, pero a los niños habrá que expedírselo. Así que iremos en grupo a la comisaría de policía a renovar toda la documentación.

Además, es recomendable llevar la tarjeta sanitaria europea. No tiene por qué pasar nada, pero nunca está de más llevarla. La tarjeta sanitaria la tendremos que solicitar para los cinco puesto que los niños no la tienen y las nuestras han caducado. Lo mejor de todo es que ahora con internet y los certificados digitales se ahorra mucho tiempo en estos trámites.

Más adelante, en posts sucesivos, os iré contando cómo ha sido el crucero, las excursiones que hemos hecho (o no), la vida a bordo, cómo ha sido ir en crucero con los niños…

¿Habéis ido de crucero con los niños? ¿Cómo ha sido vuestra experiencia?

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La Rioja
Viajar con niños

Viajar con niños: La Rioja

Siempre que se nos presenta la oportunidad, pensamos en hacer un viaje con los niños. Dependiendo de los días y del mes del año, elegimos destino. Esta vez el destino elegido ha sido La Rioja.

La forma de elegir el destino, en esta ocasión, nos la brindó el mapa de la previsión meteorológica. Mientras veíamos el tiempo, en lugar de escuchar la previsión, lo que hacíamos era ir descartando destinos o añadirlos a la lista de posibles destinos. Así fue como elegimos La Rioja.

La ruta hacia La Rioja

De elegir la ruta de ida y vuelta al destino, se encarga mi marido. Mira las mejores opciones teniendo en cuenta que con los niños hay que hacer varias paradas si el viaje es largo. Así que decidimos ir por Soria y Puerto Lumbreas y volver por Burgos. De esa manera, hicimos una ruta circular, que nos permitía visitar algún enclave más.

El alojamiento en Logroño

Desde hace ya algún tiempo, descartamos alojarnos en hoteles y empezamos a alojarnos en apartamentos turísticos. Quedarnos en un apartamento turísticos es la mejor de las opciones para nosotros: vamos más a nuestro aire, nuestros horarios y nuestras rutinas.

Esta vez la reserva la hicimos a través de un conocido portal de internet (no lo voy a mencionar, para no hacerles publicidad gratuita). Estaba en un sitio muy céntrico de Logroño, podíamos ir a todas partes andando y teníamos un supermercado cerca.

En cuanto al parking, podíamos haber elegido reservar con el mismo dueño del apartamento una plaza de garaje, pero en esta ocasión no optamos por esta opción. Aparcamos en la calle, que aunque era zona ORA, no nos salió muy caro. Aprovechamos la tarde del viernes y la mañana del sábado que era cuando había estacionamiento regulado para salir de Logroño, de esta manera no pagábamos ORA.

La logística

De eso me encargo yo, de todos los «porsiacasos», que para eso tengo mis listas. Me encargo de las maletas y de llevar algo de comida, sobre todo, para los desayunos. No vamos a ir de viaje y no probar la gastronomía del lugar. Aunque hoy por hoy ir con niños a un restaurante, a mí me resulta bastante estresante y eso que mis hijos comen de todo y se portan bastante bien, pero como niños que son enseguida se cansan y se empiezan a mover y a mi no me gusta que molesten a los demás comensales.

Además de las maletas y de llevar algo de comer, también me encargo de buscar qué es lo imprescindible para ver, esas cosas que no te puedes perder o que son muy curiosas. Busco sobre la gastronomía local y sitios dónde comer. Buceo mucho por internet, aunque siempre en primer lugar voy a la web oficial de turismo del destino, su Instagram (dan ideas para hacer fotos en sitios chulísmos) y también leo blogs de viajeros, que suelen hacer recomendaciones o tienen trucos.

Como nosotros vamos con niños pequeños, lo de visitar museos o exposiciones queda descartado. No tienen paciencia y los adultos no disfrutaríamos la exposición como debiéramos.

¿Qué visitamos en La Rioja?

Estuvimos poco tiempo, de viernes a domingo. El viernes por la mañana hicimos el viaje de ida y nos volvíamos el domingo, así que creo que aprovechamos bastante el tiempo que estuvimos allí. Os cuento un poco lo que vimos en cada sitio.

Logroño

A Logroño le dedicamos dos medias tardes. Como ya os he comentado, el apartamento estaba bastante céntrico (a 50 metros del ayuntamiento de Logroño, para que os situéis). Eso nos permitía llegar al casco antiguo en 10 minutos, teniendo en cuenta que íbamos con niños.

En Logroño, no hay que perderse:

  • La concatedral de Santa María de la Redonda: preside la plaza del mercado. En su interior, guarda un cuadro atribuido a Miguel Ángel, la Crucifixión.
  • La Calle Portales: típica calle comercial y peatonal. Muy animada. Es paseo obligado por el casco.
  • Camino de Santiago: El Camino entra en Logroño por la Rúa Vieja, donde además hay un albergue para peregrinos y desemboca en la iglesia de Santiago, donde hay una plaza con motivos jacobeos en el suelo, imitando un juego de la oca.
  • Los puente sobre el río Ebro. Logroño tiene dos puentes muy característicos: el piedra, construido entre 1882 y 1884, sustituyendo a otro anterior que se desmoronó. Este puente, además, es símbolo de la ciudad y figura en su escudo. El otro puente es de hierro, construido en 1882, supuso una mejora de las comunicaciones para la ciudad.
  • Paseo del Espolón: es la plaza más emblemática de la capital de La Rioja. Es el centro físico de la ciudad y su centro financiero.
  • Gran Vía: es una gran avenida, con un bulevar. Es la parte más moderna del centro de Logroño. También está llena de tiendas y de paseantes.
  • Calle Laurel: esta calle está llena de bares y restaurantes. Es el sitio ideal para tomar unos pinchos o cenar.

Calahorra

  • Parador: es un gran edificio de ladrillo rojo, situado a la orilla del río Ebro, rodeado por un jardín repleto de palmeras y flores de vivos colores.
  • Catedral de Santa María: está a las afueras de la ciudad, a diferencia de muchas de las catedrales que conocemos y eso es porque se construyó sobre el lugar donde se produjo el martirio de los santos Emeterio y Celedonio, patronos de la ciudad.
  • Vestigios de la época romana: Calahorra fue fundada por los romanos, hace más de dos mil años. Era un importante núcleo romano, llegó a acuñar moneda y tenía foro y termas.
Calahorra (La Rioja)

La Rioja Alavesa

  • Bodega de Marqués de Riscal: hasta aquí llegamos un poco de casualidad. Mi cuñado había estado unos meses antes y nos recomendó acercarnos hasta el pueblo, porque merecía la pena. La bogeda ofrece visitas guiadas, que hay que reservar con mucha antelación. Nosotros, con los tres niños, no teníamos intención de hacer la visita. Pero sí nos acercamos hasta el hotel, que está diseñado por Frank Gehry, el mismo que diseñó el Museo Guggenheim de Bilbao.
  • Elciego: En este pueblo, es donde está situada la bodega. Además, merece la pena visitarlo por sus casas señoriales y su iglesia de San Andrés.
  • Laguardia: es la capital de La Rioja alavesa. Es un precioso pueblo medieval, rodeada de murallas. Destaca la iglesia de Santa María de los Reyes, la torre abacial y las casas nobles. Además, aquí nació Samaniego, el de las fábulas.
Laguardia (La Rioja alavesa)

Santo Domingo de la Calzada

Santo Domingo de la Calzada está en pleno Camino de Santiago. Cuenta con varios albergues de peregrinos. De hecho, el parador de turismo que está en el mismo centro de la ciudad es el antiguo Hospital de Peregrinos.

La villa tiene una leyenda muy curiosa: «Un matrimonio alemán y su joven hijo se dirigen en peregrinación a Compostela. Al llegar a Santo Domingo se hospedan en un mesón. La hija del mesonero se enamora del joven, pero al no ser correspondida decide vengarse ocultando una copa de plata en el equipaje del joven. Cuando éste abandona la ciudad la muchacha denuncia el robo. Al ser registrado, se encuentra entre sus pertenencias la copa por lo que es acusado de robo y condenado a la horca. Sus padres continuaron la peregrinación y ya de vuelta comprueban que su hijo permanece vivo colgado de la horca porque Santo Domingo le sostiene desde abajo. Acuden a contar el suceso al corregidor de la ciudad pero éste, escéptico, comenta que el joven está tan vivo como un gallo y una gallina asados que en ese momento se disponía a comer. Al instante las aves recuperan las plumas y la vida, dando fe del portentoso milagro. De aquí el dicho que dice: «Santo Domingo de la Calzada, donde cantó la gallina después de asada»

Santo Domingo de la Calzada (La Rioja)

La gastronomía

Creo que hay dos platos típicos de La Rioja que no puedes dejar de probar: las patatas a la riojana y el bacalao a la riojana. Las patatas son un plato muy sencillo, que lleva ingredientes básicos como las patatas, cebolla, pimiento, pimiento choricero y ajo. El bacalao se sirve con una salsa de pimiento rojo y tomate. 

Nos han quedado pendientes muchas cosas que ver: San Millán de la Cogolla y los monasterios de Suso y Yuso, Haro, Ezcaray o las huellas de los dinosaurios. Así tenemos excusa para volver.

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Viajar con niños
Viajar con niños

Viajar con niños: entretenerles durante el viaje.

No siempre es fácil viajar con niños. Para algunos niños, el coche es como un somnífero, para otros la sillita tiene pinchos y no paran de llorar. Cuando tienes niños de diferentes edades, como nos pasa a nosotros ahora, que tienen 5, 3 y 1 año, hacer viajes largos y que no estén pesados es un desafío.

Nosotros, de vez en cuando vamos a Madrid, que desde donde vivimos es una hora aproximada de viaje. Durante ese rato, no tiro de trucos. La simple conversación o las canciones de la radio (no, el cantajuegos no es nuestra banda sonora de los viajes) rellenan el rato de viaje sin que se pongan pesados. Además, a mis hijos les encantan los trenes y tenemos la suerte que durante una parte del camino, la carretera va en paralelo a la vía y si encima nos cruzamos con un tren ya la alegría es completa.

¿Qué hacemos cuando el viaje es más largo?

Este verano (como los anteriores) hemos ido a la playa de vacaciones unos días. El viaje viene a durar, con parada técnica incluida, unas cuatro horas y media. Ahí es donde se me agotan las ideas. No quiero recurrir a las pantallas (móvil o tablet), porque les conozco y en todos los viajes lo tomarían por costumbre. Además, mis hijos ven muy poca televisión y de momento quiero que siga así. Así que estuve unos días meditando qué podría entretener a tres niños tan pequeños y con edades tan dispares, que no supusiese recurrir a pantallas. Con el pequeño lo tenía fácil, sabía que se iba a dormir al menos una parte del trayecto y otra parte le podía entretener con sus muñequitos.

Pero, ¿y los dos mayores? Este último viaje salimos después de comer, y yo tenía la esperanza de que se durmiesen, pero creo que la expectativa del viaje y de la playa les tenía un poco excitados y no se durmieron.

Así que, unos días antes de irnos, pregunté en Twitter por ideas para viajar con niños.

Las respuestas no se hicieron esperar. Os dejo el listado, más o menos exhaustivo de lo que se comentó y os cuento cuáles fueron finalmente las ideas de juegos que triunfaron y también las que he aparcado para más adelante, cuando sean un poco más mayores.

Lista de ideas para viajes largos en coche.

He escrito» en coche», pero creo que pueden ser también aplicables a viajes en tren o a en avión.

  • Contarles lo que van viendo.
  • Cuaderno para colorear y pinturas de colores.
  • Una fuente o un plato cuadrado que nos pueda servir de bandeja para jugar.
  • Botes con plastilina de colores.
  • Bingo travel.
  • Bola laberinto.
  • Tableros de juegos Montessori.
  • El veo-veo.
  • Juegos imantados.
  • Canciones tradicionales.
  • Libros de pegatinas.

Nuestra experiencia:

Contarles lo que van viendo y las canciones tradicionales: Es un clásico en nuestros viajes. El mayor tiene una imaginación desbordante y se va inventando historias sobre la marcha, además es muy curioso y lo pregunta todo. Ya os comentaba que cuando vamos a Madrid, vemos una vía de tren. En este caso, la novedad eran los molinos de viento (los de siempre y los eólicos), algún que otro castillo, vías de tren o algún túnel. Pero, evidentemente, esto no da para 4 horas de viaje.

Un cuaderno para colorear y pinturas: A nuestro hijo mayor le encanta pintar, pero pintar por libre. No le van mucho esos libros con dibujos para colorear. A él dale un folio en blanco que te pinta una ciudad, con sus coches, sus trenes, sus árboles, personas, edificios,… El pequeño guerrero es muy fan de lo que hace su hermano mayor, así que si el mayor pinta, él también quiere. Con lo cual, en mi mochila «viajera» ya había echado un cuaderno en blanco y un estuche con pinturas, aunque en el último momento añadí un par de libros para colorear, por si acaso querían variar.

Plastilina de colores: Esto lo descarté porque lo vi un poco engorroso. Además, el coche es nuevo y visualizaba que iba a encontrarme trocitos de plastilina por toda la tapicería nueva. Ya habrá tiempo para esto.

El bingo travel: confieso que no tenía ni idea de lo que era, así que hice una búsqueda en Google que me dió varias opciones. Una de ellas era imprimir unos cartones con imágenes (un árbol, una señal de stop, un pájaro,….) o marcas de coches y que según lo fuesen viendo lo fuesen tapando o tachando en su cartón. La otra era crear un bingo a la manera tradicional, yo ir cantando las imágenes y que ellos lo fuesen tapando en su cartón, hasta que hiciesen bingo. Yo opté por esta segunda opción. Me parecía más ecuánime, aunque al final cada uno jugó a su manera. Pero fue todo un acierto. Les tuvo entretenidos gran parte del viaje de ida, del viaje de vuelta y algunos ratos durante nuestra estancia en la playa.

Bingo travel - educaplanet.com
Bingo travel – educaplanet.com

Bola laberinto: Esto también tuve que investigar qué era. Os dejo el link por si tampoco sabéis lo que es. Esto decidí que tenían que ser un poco más mayores. Igual al mayor le podía hacer gracia, pero para el pequeño guerrero lo veía un poco complicado.

Tablero de juegos Montessori: me recomendaron la web juegosmontessori.es . Estuve cotilleando por la web y lo único que podía llevar en la mochila eran los imprimibles, pero eran más para el mayor que para el pequeño guerrero, así que lo descarté, pero me quedé con la referencia porque para más adelante me podía venir bien.

El veo-veo: Este juego también lo he dejado para más adelante. Sólo el mayor conoce alguna de las letras yel pequeño guerrero sólo reconoce las que están en su nombre.

Juegos imantados: En casa tengo un parchís de viaje, con sus minifichas y su minidado. Pero también lo he dejado para más adelante. Sólo yo podría jugar con el mayor, ya que el mediano aún no sabe contar y tampoco tiene paciencia. Mi idea es que se entretengan entre ellos, ya que yo tendría que retorcerme desde el asiento del copiloto.

Libro de pegatinas: preparando la mochila con sus cosas, encontré un libro de pegatinas que ni recordaba que teníamos. Igual pensaba que era un libro de colorear… Así que lo cogí también para un por si acaso. Y me vino muy bien para el viaje de vuelta. El pequeño guerrero estuvo la mar de entretenido despegando las pegatinas que ya había pegadas y redecorando el coche por dentro.

Además de todos estos juegos, yo siempre les llevo alguno de sus juguetes favoritos que también les da mucho juego durante el viaje, y mejor si son intercambiables, como por ejemplo, los coches. No son muy grandes y son fácilmente manejables. Hacen circuitos con sus piernas y las sillas y echan el rato.

Con este pequeño arsenal de juegos y entretenimientos llegamos a nuestro destino sin problemas de aburrimiento. Sólo tuvimos que hacer una parada, tanto a la ida como a la vuelta. Los niños se portaron bastante bien y no se nos quitaron las ganas de volver a viajar con ellos.

¿Vosotros, qué hacéis en los viajes largos con vuestros hijos?

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Viajar con niños

Viajar con niños: Los Arribes del Duero

Dicen que los mejores planes son los que se improvisan. Y eso es precisamente lo que nos pasó hace unos meses. Llevábamos tiempo diciendo de irnos el puente de diciembre a algún sitio, pero no terminábamos de decidirnos, que si al norte no porque puede llover, que tampoco queremos ir muy lejos, que si la playa no se disfruta igual,… total que lo fuimos dejando, dejando y al final decidimos que nos quedábamos en casa.

Hasta que el lunes de esa semana (el puente empezaba un miércoles), recibo un mensaje de Whatsapp de mi marido: «Estaba pensando que podíamos ir a los arribes del Duero» y la idea me encantó. Así que nos pusimos manos a la obra, sobre todo, con el tema del alojamiento, que al ser puente iba a ser complicado. Yo no conocía la zona, así que con una ventana abierta con Google Maps y en otra un buscador de alojamientos, fuimos afinando la búsqueda.

Con el alojamiento resuelto, teníamos que pensar en la logística. En el alojamiento nos ponían cuna para el pequeño, así que una cosa menos. Íbamos para un par de días, pero siendo casi invierno, tenía que pensar en la ropa de los niños. Os recuerdo este post sobre mis listas. 

Cogimos el alojamiento en Fermoselle (Zamora). Visto en el mapa, está en el centro del Parque Natural de los Arribes del Duero, a tan solo unos kilómetros de la frontera con Portugal, donde se juntan el Tormes y el Duero.

¿Cómo llegar a los Arribes?

Nosotros, que vamos desde el centro de la Península, fuimos hasta Salamanca, pasamos por Villarmayor, donde hay una doble opción: ir hasta Vitigudino y luego subir hasta Fermoselle o ir hacia Ledesma y desde ahí ir hacia Fermoselle, esta fue nuestra opción y la verdad creo que acertamos. La carretera pasa por la presa de Almendra, que impresiona, es la más alta de España y uno de los embalses más extensos, pero con la sequía que había entonces daba pena verlo.

¿Qué ver en los Arribes?

El viaje lo hicimos por la mañana, así que por la tarde aprovechamos para ver el pueblo, puesto que nuestro alojamiento estaba en Fermoselle: el castillo, el arco, sus calles estrechas, el centro de interpretación del Parque Natural, las bodegas,…

Nuestro alojamiento estaba justo en la plaza del pueblo y como fuimos en el puente de la Constitución ya lo estaban preparando para la Navidad, estaban montando un belén en los soportales y había un abeto en medio de la plaza, que hacía la funciones de rotonda.

Del castillo, no queda mucho. Se intuye el patio de armas y la torre del homenaje. Lo cuida un señor del pueblo que solo pide la voluntad por entrar a verlo. Lo mejor del castillo son las vistas, que para nosotros fueron una primera aproximación a los arribes del Duero. El castillo hace muchos años fue discoteca y también quedan restos de lo que fue.

Arribes del Duero
Vistas desde el castillo de Fermoselle

Subiendo desde la plaza hacia la iglesia de Santa Colomba, como curiosidad, hay un arco con corredor cubierto. Otro elemento típico del pueblo son sus calles estrechas y empinadas. De hecho, es considerado como uno de los pueblos más bonitos de Castilla y León.

Arribes del Duero

En Fermoselle, está el Centro de Interpretación del Parque de los Arribes del Duero. La visita dura en torno a una hora, aunque nosotros no lo hicimos, porque al ir con dos niños pequeños era más que probable que no aguantasen toda la visita. Además, hay que tener en cuenta que en diciembre los días son más cortos y queríamos aprovechar la luz del sol para visitar los alrededores del pueblo.

Rutas por Fermoselle

Otro atractivo del pueblo son las rutas senderistas de los alrededores. Nosotros, hasta donde pudimos fuimos en coche y el resto a pie. En concreto, nos centramos en dos rutas: la de las escaleras y la de las dos aguas.

La ruta de las escaleras es la más próxima al pueblo. Sale desde el mismo pueblo, en dirección a Portugal, y no es muy larga. La ruta de las dos aguas la hicimos en coche. Realmente es llegar hasta la frontera con Portugal, donde se juntan el río Tormes y el río Duero. El punto donde se cruza a Portugal es el propio embalse de Bemposta, en Portugal.

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Embalse de Bemposta (Portugal)

Aldeadávila

Al día siguiente, dudamos si ir hacia el norte, hacia Miranda do Douro o hacia el sur, hacia Aldeadávila, otro de los puntos neurálgicos de los Arribes del Duero. Al final, optamos ir hacia Aldeadávila, puesto que al final del día volveríamos a casa.

El gran atractivo de Aldeadávila es su presa, sin ninguna duda. Las vistas son impresionantes, el salto da vértigo, a un lado estás en España y la orilla de enfrente es Portugal. Es la obra de ingeniería hidroeléctrica más importante de España a nivel de potencia instalada y producción de electricidad. Como curiosidad, en este punto, la cobertura del móvil saltaba de una operadora española a otra portuguesa.

Salto de Aldeadávila

Para ver bien esta zona desde arriba, hay que ir hasta el Picón de Felipe o el mirador del cura. Cuenta la leyenda que Felipe estaba enamorado de una muchacha portuguesa, como el cañón que separa ambas orillas no le permitía ver a su amada, terminó suicidándose.

Para explorar la zona desde abajo, lo mejor es un crucerito por el río Duero. Desde Aldeadávila salen varios barquitos que hacen el recorrido desde el pueblo hasta el salto.

No puedo dejar de mencionar la gastronomía del lugar. Para mí, lo mejor fue el embutido, pero la verdad es que comimos muy bien en todos los sitios.

Ventajas de viajar en diciembre

Hay menos gente en todas partes, no tienes que esperar a que te den mesa en un restaurante, no das vueltas para poder encontrar sitio para dejar el coche, ni esperas a tener el mejor hueco en el mirador para conseguir la foto más espectacular.

A pesar de ser diciembre, nos hizo muy buen tiempo, ya lo veis en las fotos.

Desventajas de viajar en diciembre

Yo diría que, sobre todo, la falta de luz solar. A las 6 de la tarde es de noche y a ver qué haces con dos niños (de 1 y 3 años) hasta la hora de la cena. Otro «problemilla» fue que se usa mucho el coche y claro al ser diciembre, había que estarles poniendo y quitando el abrigo cada vez que subíamos y bajábamos del coche. Ellos y nosotros, claro.

Como fue una escapada breve, se nos quedaron muchas cosas en el tintero. Así tenemos excusa para volver.

¿Conocéis la zona de los Arribes del Duero?

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Viajar con niños

Viajar con niños: Aciertos y mejoras

Viajar con niños puede llegar a ser todo un desafío. Tal vez este post llegue un poco tarde este verano, puesto que ya muchos estaréis de vacaciones o ya habréis vuelto. Sin embargo, no quería hablar del tema sin haber vivido en primera persona nuestra experiencia de hacer un viaje largo en coche con los niños. En este post, cuento lo que yo hago y con qué cosas he acertado y cuáles tengo que mejorar para el futuro.

Antes de viajar

Yo soy muy de listas. Reconozco que soy muy organizada y me gusta tener las cosas bajo control. Así que antes de salir de viaje, me hago una lista (bueno, varias) de las cosas que voy a necesitar. Tengo una lista con la ropa de los niños, llena de «por si acasos» (por si hace frío/calor, por si se manchan, por si hay que ir más arreglados,…). La ropa que tengo que llevar la calculo en función de los días. Por ejemplo, si nos vamos 5 días, pues 5 camisetas y multiplico por 2 (10 camisetas, en total). Tengo una lista con juguetes y cachivaches variados para llevar en el viaje y que luego se puedan entretener. Otra lista con las cosas del baño (cremas, jabones, colonias,…) y otra con el botiquín.

También hago una lista de la compra con cosas que pueda necesitar: pañales, toallitas, potitos, yogures… sí, ya se que muchas de estas cosas las puedo comprar en mi destino. Pero puede ocurrir que cuando necesitas algo, la farmacia, el súper,… lo que sea está cerrado o está lejos o no tienes ni idea de dónde encontrarlo. Además, me da mucha rabia comprar por ejemplo un biberón cuando en casa tengo 3 o 4. Incluso, llego a hacer una lista con las cosas que tengo que coger en el último momento, esas cosillas, que con las prisas, se terminan olvidando.

También llamo al establecimiento hotelero donde nos vamos a alojar para saber si nos ponen cuna en la habitación o si la tenemos que llevar nosotros. Por ejemplo, en el último sitio en el que hemos estado nos dijeron que sí tenían cunas con un coste adicional de 8€/noche. Ellos mismos nos aconsejaron llevar nuestra propia cuna, si la teníamos.

También miro la predicción del tiempo, casi desde una semana antes. Tengo la costumbre de ver el tiempo por las noches para ver qué ropa me voy a poner al día siguiente para ir a trabajar, o si necesito paraguas. Así que cuando voy de viaje, con más motivo.

Por supuesto, me gusta informarme de lo que podemos ver, sobre todo, si es un destino nuevo, lo que podemos hacer con niños, excursiones cercanas, comidas típicas,…

Viajar con niños: aciertos y mejoras

Durante el viaje

Cuando se viaja con niños, en los viajes de más de dos horas, las paradas son más que una necesidad. Cuando se hace un viaje largo, hay que parar de vez en cuando para estirar las piernas, airearse e ir al baño.

En este último viaje, además, nosotros llevábamos el plus de la «operación pañal» de nuestro hijo mayor. No quería que se hiciese pis en su silla del coche (sin acceso a lavadora), porque hasta entonces no siempre lo pedía o se le escapaba un poquito. O que el niño lo pidiese y no tuviésemos donde parar inmediatamente, porque aún no tenía claro su capacidad de aguante.

Tras darle varias vueltas al asunto y considerar varias opciones, y aún a riesgo de poder suponer un retroceso en la «operación pañal», decidí ponerle un pañal para el viaje. Lo curioso es que el pañal llegó prácticamente seco a destino. Sólo tuvimos que hacer una parada de emergencia, las demás veces fue capaz de aguantar hasta la parada prevista.

Para el viaje, preparé una mochilita con sus juguetes favoritos y alguno con el que menos suelen jugar, por la novedad de jugar con algo diferente. Además, yo llevaba una mochila con agua y galletas, para momentos de emergencia. En la mochila también metí algo de ropa por si había algún «accidente».

Con el mayor, además, le íbamos entreteniendo con canciones o con lo que veíamos por la ventanilla (un autobús, vacas, molinos eólicos, un túnel,…), diciendo los colores de coches o contando lo que tardábamos en salir del túnel. Como habréis deducido no llevamos DVD portátil en el coche. No lo descarto para más adelante, pero de momento, nos va bien sin ello.

Una de las paradas que hicimos fue para comer con lo cual fue algo más larga. Al estar recién comidos, los niños se quedaron dormidos un par de horas, lo cual nos hizo el viaje más relajado para nosotros y más corto para ellos. La siesta del mayor fue otra de las razones por las que le puse pañal para el viaje. Es un gran dormilón, muy marmota y ya puede pasar la banda municipal por debajo de su ventana que no se entera, así que mucho menos pedir pis dormido.

Aciertos

Sin duda, para mí son todo un éxito mis listas. Consiguen que no se me olvide nada y tenga todo bajo control (más o menos), hago las maletas con más tranquilidad, porque sé que no me voy a dejar nada.

Otro acierto ha sido la mochila con las galletas. Este aspecto es mejorable, por ejemplo, además de galletas, podría llevar frutos secos o fruta pelada… cuando los niños sean un poco más mayores.

Mejoras

Un aspecto mejorable es tener en cuenta las circunstancias ambientales de donde vamos. Me explico. Nosotros vivimos en el centro de la Península, donde el clima tira a seco. Si vamos a zona de costa, el clima va a ser más húmedo, con lo cual la ropa (como las toallas de la playa o los bañadores) tardan más en secarse.

Tal vez debería haber llevado alguna camiseta más para los niños, puesto que siempre se manchan más veces de lo previsto y me tocó lavar un par de camisetas que, evidentemente, tardaron más en secarse. Aún estoy valorando lo de la plancha de viaje.

Otro tema que tenemos que valorar para la próxima es si queremos alojarnos en hotel o apartamento. Es cierto que al pedir una habitación triple, es más amplia y los 4 hemos estado bien. Pero creo que en un apartamento habríamos estado mejor. Por ejemplo, cuando acostábamos a los niños, no podíamos ver la tele ni mirar el móvil por si la luz o el ruido les despertaba. Un apartamento también haría más cómodo el tema de las comidas.

Este ha sido el primer viaje largo con los dos niños y ha salido muy bien. Se han portado bastante bien y han comido y dormido casi mejor que en casa.

Vosotros, ¿cómo os organizáis al viajar con niños? ¿Hay algo que consideréis fundamental?

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Viajar con niños

Nuestras vacaciones en Pontevedra

Estas han sido las primeras vacaciones del pequeño. Elegimos Galicia, Pontevedra en concreto, huyendo de los calores del centro de la Península. Este viaje ya lo teníamos previsto hacer en Semana Santa pero el pequeño se puso malo, le pusieron aerosoles como tratamiento y anulamos el viaje.

Así que cuando llegó el momento de elegir destino vacacional, lo tuvimos claro. Y ha sido todo un acierto. Reconozco que Galicia me daba un poco de respeto y no por el tiempo, que ya se sabe que por el norte necesitas llevar ropa de otra temporada, por si acaso. Me preocupaba más el trayecto en coche, pero la verdad, los dos peques hicieron buen viaje. Creo que al estar yo mentalizada de que era un viaje largo y que habría que hacer más paradas de lo habitual, también ayudó a hacer el viaje más llevadero.

Nuestro destino fue Poio, al otro lado de la ría de Pontevedra. Nos alojamos en la Hospedería Monasterio de Poio, un lugar muy tranquilo. No está céntrico ni a pie de playa, pero como sabíamos que íbamos a coger el coche para recorrer la zona no nos importaba.

Yo nunca había estado en esa zona de Galicia, así que me hacía ilusión poder visitarla por fin. Estuvimos una semana. Os cuento lo que hicimos. Al ir con niños, tienes que compaginar sus juegos con lo que tú quieres hacer, así que por las mañanas íbamos de playa y por las tardes paseábamos haciendo de turistas. Debo decir que hemos tenido bastante suerte con el tiempo, que nos ha permitido tanto jornadas de playa como paseos tranquilos sin tener que andar mirando al cielo, por si llovía. Además, las temperaturas eran muy agradables, que era lo que íbamos buscando.

Desde donde teníamos el alojamiento a cualquier punto todo me parecía que estaba cerca (Debe ser que estoy acostumbrada a las largas distancias de Madrid). Lo único que visitamos que estaba más lejos fue Santiago de Compostela, que tardamos como una hora por autovía.

Día 1

El primer día que amanecimos allí fuimos a la playa a Sanxenxo por la mañana. Estuvimos en la playa de Silgar. Es una playa urbana, con todos sus servicios, así que fenomenal para cuando el mayor tuviese una «urgencia». Cuando nosotros estuvimos, a finales de julio, la verdad es que no estaba para nada masificada. La playa es larga y permite pasear, así que mi marido se fue con el mayor a dar un paseo y buscar mejillones (aunque solo trajeron conchas).

Por la tarde, estuvimos paseando por Pontevedra. Nos acercamos a una oficina de turismo (Palacete de los Mendoza) para que nos diesen algunas indicaciones sobre lo que no nos teníamos que perder:

  • La Basílica de Santa María: También se la llama Santa María de los Pescadores, porque su construcción fue financiada por el gremio de pescadores. Su estilo es una mezcla del estilo gótico y renacentista. Tiene dos curiosidades: Una es que en la Santísima Trinidad, el Hijo está sentado a la izquierda del Padre. La otra es que en la puerta sur, hay una inscripción, que junto con otros argumentos, sostendría que Cristobal Colón nació en Pontevedra.
  • El Santuario de la Virgen de la Peregrina: es la patrona de Pontevedra y del Camino de Santiago portugués. Como característica principal, es que su planta tiene forma de vieira.
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Santuario de la Virgen de la Peregrina

  • La Iglesia de San Francisco: En una esquina de la plaza de la Herrería, está esta iglesia, que fue fundada por San Francisco de Asís a su paso por Pontevedra como peregrino a Santiago.
  • La Iglesia de San Bartolomé: Es una iglesia de estilo barroco jesuítico con influencias italianas.

Pontevedra tiene un montón de placitas con mucho encanto y llenas de vida. Ahora en verano, además ponen terrazas y la animación está asegurada. la de la Leña, la de la Verdura, la de la Herrería (que es la más céntrica y donde empezaban y terminaban nuestros paseos), la de las Cinco Calles (en una de sus esquinas, hay una placa que recuerda que allí vivió Valle Inclán) y la del Teucro (muy característica con sus soportales).

Pasear por Pontevedra es un imprescindible, además está casi todo peatonalizado o con acceso restringido a vehículos, así que íbamos muy tranquilos paseando con los niños. A Pontevedra fuimos varias tardes, así que descubrimos algún que otro parque que hizo las delicias del mayor.

Día 2

El segundo día estuvimos en Baiona. La mañana la echamos en la Playa América. Es semiurbana y tiene un punto salvaje, puesto que tiene dunas y la desembocadura de un pequeño río. Al mayor le encantó ver tan de cerca a las gaviotas y ver peces en el pequeño arroyuelo. Además, cuando estuvimos había un campeonato de volleyplaya, con lo cual teníamos musiquilla de fondo, muy animado. Para comer, nos acercamos a Baiona y comimos en un sitio sinigual, el Parador, que está en una antigua fortaleza y con unas vistas impresionantes. Comimos de lujo y con comensales muy especiales, las gaviotas se acercaban a menos de dos metros de nosotros a ver si pillaban algo que se nos pudiese caer de la mesa.

Vistas desde el Parador de Baiona

Por la tarde, tras regresar de Baiona, aprovechamos la invitación que nos dieron para visitar el Monasterio de Poio, Nos contaron que aunque no está en la ruta del Camino de Santiago, desde hace algunos años están recibiendo muchas visitas de peregrinos. Tiene unos jardines muy bonitos y muy cuidados y un espectacular hórreo de piedra de los más grandes de Galicia.

Día 3

El siguiente día fuimos hasta O Grove, la isla de La Toja y la playa de la Lanzada. Realmente, queríamos ir a la playa de la Lanzada, pero en algún momento nos pasamos el desvío (Cuando dimos la vuelta, vimos que no está anunciada la playa en sí, sino el aparcamiento), así que sin quererlo llegamos hasta la isla de La Toja, cruzando O Grove. Aquí la verdad yo me llevé un chasco. Me imaginaba la isla y el balneario, nada más. El balneario pensaba que era un bonito edificio de principios del siglo XX… en fin, todo muy bucólico. Nada más cruzar el puente que une la isla con O Grove nos encontramos un centro comercial, una feria, un trenecito turístico y miles de chalecitos adosados… Lo único que encontré que como yo imaginaba era la ermita de las conchas.

Parece ser, según he hablado con personas que conocían La Toja, el balneario que yo suponía está al final de una avenida que nosotros no llegamos a recorrer, pero me dieron la razón en que La Toja ya no es lo que fue. Así que deshicimos el camino y buscamos la playa. Puesto que la playa de la Lanzada está en un paraje natural, han dispuesto un aparcamiento que está muy bien organizado, para dejar los coches bien aparcaditos y un camino por el que pueden ir los peatones sin riesgo.

La playa de la Lanzada tiene fama de ser de las más frías de la costa, pero eso no impidió que mis chicos probaran el agua. El mayor, con la escusa de limpiar su cubo y sus palas, entraba y salía cada dos por tres y el pequeño no hacía más que dirigir sus pasos hacia el agua. El padre también se bañó, yo me limité a mojarme los pies.

Día 4

Al día siguiente, teníamos reserva en una de las navieras que iban de Vigo a las Islas Cíes. Lo de ir en barco tenía al mayor loco de contento y nos decía que éramos piratas. Ir a las Islas Cíes es un buen plan, tanto con niños como sin ellos. Cuando llegas a las islas, tienes la posibilidad de ir directamente a la playa o de hacer algún recorrido. Nosotros, que llegamos en el primer barco y para que no se nos hiciese muy larga la mañana, optamos por hacer un recorrido, el más corto, por dos motivos: el mayor se podía cansar y el pequeño iba en la silla (no, no se nos ocurrió llevar una mochila portabebés y no tenemos fular de porteo).

Ese día no habíamos desayunado en la hospedería, porque teníamos que ir hasta Vigo a coger el barco, que salía a las 9:30, nos habían dicho que teníamos que llegar como una media hora antes para validar los billetes (es recomendable llevar reserva, sobre todo, en verano). Tampoco teníamos muy claro desde dónde salían los barcos, había que aparcar,… en fin, que salimos bastante pronto y con tiempo más que suficiente. Menos mal, porque en el puerto de Vigo nos perdimos, tuvimos que deshacer una parte del camino (nuestro error fue meternos por un túnel) y teníamos que aparcar el coche.

No nos quedó otra que meterlo en el parking de un centro comercial que hay cerca de donde salen los barcos hacia las islas. Son «generosos» porque te dicen que la primera hora es gratis, pero como al final echas el día en la isla, son bastantes horas y te cobran el máximo por día, porque estuvimos más de ocho horas. Bien es cierto que por esa zona no hay otro sitio donde dejar el coche (tal vez los que seáis de la zona, conozcáis otros sitios más económicos), nosotros con ese parking «pagamos la turistada«.

Volviendo al desembarco en las Islas Cíes, como os decía no habíamos desayunado, así que tras un buen desayuno en el restaurante que hay junto al embarcadero pusimos rumbo al «Alto del Príncipe». Es una ruta de unos 3 km (ida y vuelta), con alguna subida bastante suave y aunque el camino está bastante baqueteado, para ir con silla de paseo algunos tramos se hicieron complicados. Pero el pequeño no se quejó nada, iba de lo más entretenido.

Si hubiésemos ido sin niños, habríamos hecho los demás recorridos. Pero con lo que hicimos nos recreamos de la naturaleza de la isla y además la subida nos recompensó al final con unas bonitas vistas.

Tras el recorrido, llegamos a la playa. El mayor se dedicó a su actividad favorita en la playa: construir castillos de arena con papá, mientras el pequeño les observaba y si podía se llevaba un puñado de arena a la boca. Ha catado todas las playas en las que estuvimos. Esta playa, que está justo al lado del embarcadero, es la playa de Rodas, famosa cuando en 2007 The Guardian la calificó como «la mejor playa del mudo», por el color turquesa del agua y blanco de la arena. Además, es una arena «cómoda» porque es algo más gruesa que la arena finita típica, con lo cual se suelta mucho mejor.

Comimos allí (A la hora de comer, entre la 1 y las 5 de la tarde, no hay barcos) y mientras comíamos empezó a llover, el famoso «orvallo» gallego, así que no pudimos hacer mucho más hasta que cogimos el barco de vuelta. De vuelta a Vigo, también llovió y el mal tiempo nos acompañó de vuelta al hotel. Tampoco nos importó mucho. Para ese día no teníamos más planes.

Durante el rato que estuvimos en la playa, vimos llegar grupos enormes de gente que desembarcaban, pero en ningún momento notamos la isla masificada. Cierto es que está regulado el acceso a la isla y limitado el número de personas, puesto que es un Parque Natural. (al año siguiente se ha limitado aún más la llegada de visitantes a las Islas Cíes)

Día 5

El último día hacía sol, y aunque el día anterior llovió, decidimos aprovechar e ir a la playa. No queríamos ir muy lejos así que preguntamos en la recepción del hotel. Nos dijeron que la más próxima era la de Combarro (un pueblecito muy cuco con un conjunto importante de hórreos), pero que ella nos recomendaba la playa de Areas, justo antes de llegar a Sanxenxo, porque es una playa muy recogidita y se controla muy bien a los niños. Y allí que nos fuimos. Los niños parecía que intuían que era el último día de playa porque la disfrutaron como ninguna otra.

Por la tarde, decidimos ir hasta Santiago de Compostela. El viaje desde Pontevedra, por la autovía, es una hora aproximadamente. Salimos pronto y nos quedamos a tomar algo allí para alargar un poco nuestro paseo. Aparcamos en un parking muy céntrico, a apenas unos metros de la Catedral. Hicimos lo típico, dar un paseo por el centro, entramos en la Catedral, pero había misa y apenas pudimos movernos. Una pena que la Puerta del Obradoiro esté en obras, tenemos la típica foto, pero con los andamios.

Como era finales de julio, coincidió que en Santiago aún estaban de fiestas y por una de las calles más céntricas pudimos ver una concentración de coches antiguos, con sus conductores vestidos de época y todo. El mayor se pensaba que podía subirse en todos, al final, se conformó con hacerse fotos delante de algunos.

También paseamos por el parque de la Alameda, donde estaba instalada la feria, con sus casetas y sus atracciones. El mayor se quedó embelesado con una atracción que tenía forma de gusano, pero que era un tren ¡con lo que le gusta a él los trenes!. Para nuestra sorpresa, en ningún momento nos pidió subir, se conformaba con mirar. También vio globos de Bob Esponja, pero tampoco nos pidió ninguno.

A la vuelta desde Santiago, nos llovió bastante, ya no era orvallo. Pero no nos importó, el tiempo nos respetó todas las vacaciones, no podemos pedir más que el último día nos llueva. Así nos daba menos pena volver a casa.

Sin duda, nos han quedado cosas sin ver en Pontevedra, así que seguro que en un futuro volveremos por tierras gallegas.

¿Conocéis Pontevedra?

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Viajar con niños

El botiquín de viaje de mis hijos

Cuando salimos de viaje, unos días antes empiezo a hacer listas para que no se me olvide nada. Listas de ropa, de accesorios (por ejemplo, coger un paraguas o el plástico de la sillita de los niños), de medicamentos, de comida,…

En fin, son tantas cosas las que hay que llevar cuando viajas con niños, que no quiero olvidar nada.

Ya sé que donde vamos (últimamente, no salimos de la España peninsular), encontraremos un súper o una farmacia abiertos, pero prefiero llevarlo (manías mías). Aunque no sería la primera vez que me tocase comprar un biberón habiendo metido en la bolsa todo lo demás, la leche de fórmula, los cereales, el limpiabiberones… o un potito, porque nos hemos retrasado más de lo previsto y no estaremos en casa para comer o merendar.

Pero, una de las listas más importantes es la de los medicamentos. Yo, para mí, más allá de un ibuprofeno o un paracetamol no llevo. Pero con los niños toda previsión es poca… El Dalsy y el apiretal están los primeros de la lista. La vitamina D del pequeño es lo siguiente y a partir de ahí empiezan los «por si acaso»: los aerosoles (para el pequeño, por si acaso, la tos), algo para el estreñimiento, el termómetro (porque salvo que estén ardiendo, yo no soy capaz de ver si tienen fiebre poniendo la mano), tiritas (aunque al mayor le duran un asalto), la barrita para los golpes (que es más placebo que otra cosa),…

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El botiquín de viaje de mis hijos: los imprescindibles

A veces, llevar el botiquín de viaje, aunque sea con poca cosa, me transmite seguridad y tranquilidad. Es como intentar evitar la Ley De Murphy, si lo llevo es que no lo voy a necesitar. Tampoco es que me cargue de cosas, lo mínimo imprescindible. Afortunadamente, nunca he necesitado hacer uso de lo que llevo en el botiquín, más allá de un poco de apiretal o de alguna tirita sanadora.

Y vosotros ¿qué metéis en el botiquín de viaje de vuestros hijos?

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Zaragoza
Viajar con niños

Viajar con niños: Escapada a Zaragoza

Hace unos meses, cuando el pequeño guerrero llevaba un par de meses en casa, decidimos que era el momento de hacer una pequeña escapada. Sabíamos que con el mayor no íbamos a tener problemas, pero el pequeño no sabíamos cómo llevaría lo de ir en coche varias horas, sacarle de sus rutinas, etc…

Vivimos en el centro de la Península, así que cogimos un mapa y vimos dónde podíamos ir que estuviese como mucho a unas 3 horas de viaje y los dos coincidimos en que Zaragoza era un buen destino y que hacía mucho que no pasábamos por allí. Así que hicimos reserva en un hotel céntrico y días después pusimos rumbo a la capital aragonesa.

Al ir con dos niños tampoco nos podíamos pasar el día turisteando y entrar en museos, pero sí que podíamos pasear, entretenernos en algún parque,… y, por supuesto, visitar el Pilar.

Por entonces, todavía le daba el pecho al pequeño y a mí no me gusta dar el pecho en público, y no es por recato (si te da corte, te echas un pañuelo por encima y listo) ni por lo que me puedan decir, es que yo estoy más cómoda (necesito un buen respaldo y tener el brazo bien apoyado, y esto en la calle no siempre lo encuentras), así que buscamos un hotel céntrico al que poder volver cuando hubiese que darle la toma al pequeño.

¿Qué ver en Zaragoza?

Uno de los planes que llevábamos en mente era visitar el Pilar y pasar a los niños por el manto de la Virgen. No se puede ir a Zaragoza y no pasar por el Pilar.Habíamos visto en Internet que había horarios para pasar a los niños, así que fue lo primero que hicimos. Debo decir que hay que ir con tiempo, se forma una cola bastante larga y son estrictos con el horario. Al mayor no le hizo mucha gracia, pero el pequeño ni se enteró.

Disfrutamos unos días de desconexión, de romper algunas rutinas con el mayor (en cuanto a horarios, sobre todo) y de comprobar que el pequeño es un bendito 😉 Así que ya estamos pensando en la próxima escapada ¿ideas? ¿sugerencias?

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